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11 de agosto de 2024

Normas crediticias de obligado cumplimiento: los preceptos deuteronómicos

 

Contiene el Deuteronomio una serie de mandatos y decretos que Moisés se encarga de transmitir a los integrantes del “pueblo de la alianza”. Los preceptos afectan a ámbitos diversos, entre los que se encuentra el de los préstamos personales. Se trata de pautas claras y determinantes que, de aplicarse en la actualidad, tendrían sin duda importantes consecuencias en los lados de la oferta y de la demanda crediticias.

La remisión ocupa un lugar central en ese marco de obligación mosaica. Con una periodicidad fija de siete años, dicha norma establecía la siguiente obligación: “todo acreedor perdonará la deuda del préstamo hecho a su prójimo”, si bien con una acusada asimetría entre los préstamos a nacionales y a no nacionales. Respecto a los primeros, la pauta condonante era imperativa, mientras que se permitía “apremiar al extranjero”.

Además, a tenor del mandato de excluir los pobres entre los autóctonos, el dictado era “abrir la mano y prestar a la medida de su necesidad”, ya que se reconoce que “nunca dejará de haber pobres en la tierra”. Y se advertía en el sentido de que la proximidad del año de la remisión no debía ser un freno para la apertura y la concesión de las líneas crediticias.

Puede que la aplicación de tales prácticas crediticias implicasen una merma de la riqueza de los prestamistas, pero estos tenían garantizada una sustancial compensación: “… por esa acción bendecirá el Señor, tu Dios, todas tus empresas y todas tus tareas”.



7 de agosto de 2024

Las bases bíblicas de la misión de Europa

 

Europa se encuentra en una encrucijada. Casi podría decirse que se encuentra atrapada en una encrucijada permanente. ¿A qué aspira Europa? ¿A qué debe aspirar? ¿Qué es realmente Europa, en su acepción restringida de Unión Europea? ¿Tiene una misión definida? ¿Sobre qué fuerzas históricas se ha conformado? …

Mucho se ha escrito y se escribe acerca de todo esto. Los estudios y los informes se acumulan. Un colega, con quien debatía hace poco estas cuestiones, me envía un librito en el que se recopilan diversas contribuciones de Joseph Ratzinger, quien ejercería su pontificado como Benedicto XVI: “La nueva Europa: identidad y misión”. En la primera de ellas, de 1979, se sostiene que “En los Hechos de los Apóstoles (16,6-10) se nos narra una historia sorprendente que hace reconocible para nosotros, más que ningún otro evento, los fundamentos de Europa, su cimiento y su misión… En él, el Espíritu llama al mundo griego hacia Jesús. En su más alta pureza, el espíritu griego era un anhelo de Él, un anhelo del Evangelio…”.

A partir de ese preámbulo, el entonces cardenal Ratzinger proclamaba que “Europa descansa sobre la unión del espíritu griego y la fe cristiana, sobre una razón que se convierte en anhelo, que echa de menos lo que le falta”. Más adelante afirma que “el Evangelio ha asumido el espíritu griego, ha asimilado en sí la razón del mundo griego[1]. No ha eliminado la razón, sino que la ha reconducido a sí misma. La fe hace posible que el hombre sea racional… La fe no absorbe a la razón, sino que la hace libre”.

Asimismo, aboga por que el Estado y la Iglesia permanezcan en su propio orden, “al igual que la razón y la fe no se deben confundir una con otra”. “Europa está en una crisis de su historia y de su espíritu”, terminaba diciendo en su homilía de 12 de mayo de 1979. Puede pensarse que era profético, o tal vez que se trata de una frase que tiene garantía de acierto en una Europa resquebrajada y desorientada.





[1] B. Shapiro comparte esa tesis en su defensa del sistema político concebido para Estados Unidos por los Padres Fundadores. Vid.: Tiempo Vivo : Ilustración con cánones religiosos: filosofía, religión y política en Ben Shapiro (neotiempovivo.blogspot.com)

21 de abril de 2024

La Economía de las Parábolas

 

La profesión de la fe cristiana es motivo evidente para aproximarse a los textos bíblicos, pero hay otras razones no desdeñables. La destreza narrativa, la fuerza arrebatadora de las historias descritas, el halo misterioso que las envuelve, la profusión de reglas morales que contienen, las enseñanzas que pueden extraerse, o la introspección psicológica a la que invitan son, entre otros, atractivos que superan los límites de las afinidades religiosas. Es la Biblia también una fuente inspiradora para el estudio de cuestiones económicas.

Particular interés doctrinal tienen las parábolas, recurso literario empleado por Jesucristo “para anunciar a todos el mensaje del reino de Dios”. El Papa Benedicto XVI sentenció que “las parábolas son indudablemente el corazón de la predicación de Jesús”. Si bien, a tenor de esta exégesis, no son de extrañar las dudas interpretativas que puedan surgir: “A vosotros se os ha dado el misterio de Dios; en cambio a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que ‘por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan’” (Marcos, 4-11).

Consciente de que muchas de sus enseñanzas resultan contraintuitivas y difíciles de entender, Robert Sirico (“La economía de las parábolas, Deusto, 2024) trata de rasgar el velo que protege las palabras de Jesús en formato parabólico para desentrañar el significado económico y las pautas éticas que se pueden proyectar en la sociedad actual. Según este sacerdote católico estadounidense, las parábolas “son tan contemporáneas como cualquier moderno manual de ética empresarial”. Consciente de que la gestión de la economía es inseparable de la política, aspira a “corregir la politización de las Escrituras que [se ha] encontrado a lo largo de estos años”.

En su libro, efectúa un análisis de una docena de parábolas con un perceptible contenido económico. En la del tesoro escondido, incide en la licitud de los intercambios comerciales, y subraya que la obligación primordial de conocer el valor de una propiedad recae en su dueño. Queda en el aire la duda de si, en su caso, el comprador de un terreno tiene la obligación o no de revelar a su propietario que hay un tesoro escondido en él.

En la de la perla, reivindica la figura del mercader, como empresario, persona que descubre algo de gran valor y está dispuesta a correr riesgos para obtenerlo. Como en otros pasajes, muestra su respaldo a la propiedad privada, toda vez que “el acuerdo permite que lo que se posee de forma privada tenga un precio y se venda en el mercado a otros propietarios potenciales”. La misma idea se repite en la parábola del sembrador, donde sostiene que “la falta de propiedad suele desembocar en el caos”, y destaca que la moderna concepción de la “tragedia de los comunes” fue, de hecho, fundamentada por Santo Tomás de Aquino. Asimismo, citando a San Juan Pablo II, entiende que el beneficio es una indicación de que un negocio funciona bien.

La de los trabajadores de la viña sirve para argumentar, en contraposición con los postulados marxistas, que las recompensas en una economía de mercado dependen del valor subjetivo atribuido a los productos finales. En la del rico insensato recuerda que la redistribución de la riqueza requiere que previamente ésta se haya creado. La defensa de las prácticas de prestar y tomar prestado se desprende de la parábola de los dos deudores, mientras que en la de los talentos se defiende el ejercicio de la creatividad frente a la pasividad en la administración de los recursos.

La necesidad de realizar una evaluación antes de emprender un proyecto, la concepción de una economía moderna como un proceso de construcción o edificación, las exigencias permanentes para los empresarios en una economía competitiva, y la obligación de rendir cuentas surgen en relación con otras parábolas. En la del buen samaritano, reflexiona en torno a cómo el Estado moderno ha ido suplantando cada vez más esa figura. En fin, la equidad, como elemento esencial para mantener ordenadas las relaciones sociales, es abordada en conexión con la parábola del hijo pródigo.

Según Robert Sirico, “los principios morales establecidos en las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles forman el sistema de valores a partir del cual los creyentes toman decisiones económicas, pero esto no debe confundirse con ninguna noción de ‘economía bíblica’ per se”, lo que no impide reconocer que aquellos han influido en la Economía. Frente a otras interpretaciones de la Biblia, Sirico lleva a cabo una apasionada defensa de la libertad y de la economía de mercado, que considera compatibles con los mensajes bíblicos. Asevera que el cristianismo nunca ha enseñado que la riqueza como tal sea mala, sino que ha advertido contra vicios como la avaricia y la codicia: “El antídoto cristiano contra los vicios mencionados no se encuentra en un Estado grande y redistribuidor… sino en el difícil cultivo de una vida interior de virtudes”.

(Artículo publicado en el diario “Sur”)



18 de febrero de 2024

La economía de las parábolas

 

Cuando me enteré, gracias a la información que me suministró un reputado economista, que, en su día, recibió unas sólida formación en un entorno seminarista en tierras castellanas, de la inminente publicación de la obra “La economía de las palabras”, de Robert Sirico, no pude evitar verme ante sentimientos encontrados. Por un lado, el derivado de la satisfacción de constatar la edición un texto orientado a extraer, de manera integral y sistemática, enseñanzas económicas de significados pasaje bíblicos: “Sabiduría económica atemporal inspirada en las parábolas del Nuevo Testamento”. Pese a este gran aliciente, no podía, sin embargo, dejar de experimentar una cierta sensación de desaliento, toda vez que la publicación de ese estudio venía a desbaratar el proyecto personal de llevar a cabo una aplicación del análisis económico a los textos bíblicos. Proyecto que, hasta ahora, se había traducido en una serie de reflexiones ocasionales y aisladas, recogidas en este espacio llamado blog.


Claro está que cabría la posibilidad de ignorar el libro del padre Sirico y afanarse en el intento, pero, siendo realista, sería difícil resistir la tentación y no llegar siquiera a hojear el libro, por lo demás, de escuetas proporciones. Máxime teniendo en cuenta que, como señala el autor en la introducción, “Uno puede escuchar las parábolas como un creyente que cree que Jesús es el hijo de Dios. O como una persona que considera al maestro como una gran figura moral. Puede incluso escuchar las parábolas teniendo simplemente en cuenta su fuerza literaria o retórica. Todavía más, puede atender al relato en su sentido más sencillo y mundano, e incluso en este caso se obtiene aprendizaje”.


Dejando al margen el componente trascendental, algo personal e intransferible, adentrarse en los textos bíblicos permite compaginar una serie de valiosos aspectos: disfrutar de una prosa subyugante, poner a prueba el ingenio para tratar de hallar las intrincadas claves de los mensajes divinos, extraer enseñanzas sobre las conductas económicas, disfrutar de la recreación de episodios de lógica desafiante, e impulsar la reflexión individual. Adicionalmente, no habría que olvidar que no sólo hay economía en el Nuevo Testamento, y tampoco sólo en las parábolas.




5 de octubre de 2023

La conversión de Saulo en el ámbito fiscal

 

“Saulo, respirando todavía amenazas de muerte contra los discípulos del Señor… Mientras caminaba, cuando ya estaba cerca de Damasco, de repente una luz celestial lo envolvió con su resplandor…”. La eficacia narrativa de los textos bíblicos llega a una de sus cotas más altas en el relato de la conversión de Saulo, inmortalizada en los Hechos de los Apóstoles. Contiene una lección útil. La aparente inmutabilidad de creencias y sentimientos personales puede verse alterada de manera súbita ante una luz temporalmente cegadora que, sin embargo, ayuda a redescubrir el mundo. Seguramente hay experiencias, propias y ajenas, que pueden esgrimirse frente a los escépticos.

Y no es descartable que una semejable haya acontecido en Portugal, país que cuenta con significados antecedentes de prodigiosas luces reveladoras. Difícilmente podría explicarse de otra manera que, de forma tan inesperada, se haya recuperado en la esfera gubernamental de ese país el sentido de la justicia fiscal. El anuncio, efectuado, además, fuera de los círculos parlamentarios, apunta a la supresión de un régimen fiscal que se ha demostrado bastante efectivo para atraer a grandes acaudalados de otros países. Mediante apreciables ventajas tributarias se trataba de inducirlos a fijar allí su residencia fiscal.

El principio impositivo de igualdad es un pilar esencial de la justicia fiscal que plantea un doble requerimiento, el de la equidad horizontal y el de la equidad vertical. La primera exige que dos personas, en igualdad de condiciones, reciban el mismo tratamiento tributario. Por definición, si en un país se aprueba una norma que otorga un trato fiscal ventajoso a personas que, cumpliendo ciertos requisitos, pasen a fijar su residencia en su territorio, se vulnera ineludiblemente la equidad horizontal: un residente anterior y otro nuevo que tengan la misma renta pagarían distintas cantidades de impuesto.

El análisis puede ser algo diferente desde la perspectiva de la recaudación. Antes de la medida de incentivación, la Hacienda del país sólo podía contar con los recursos provenientes de los residentes “fijos”; con la medida saldrá ganando, si logra atraer a nuevos residentes, aunque aporten cuotas tributarias bonificadas.

¿Por qué, históricamente, países con una larga tradición igualitaria impulsaron un impuesto dual sobre la renta, que establece una discriminación entre las rentas del trabajo, que son gravadas con una tarifa progresiva con tipos de gravamen elevados, y las rentas del capital, gravadas con un tipo fijo comparativamente mucho más bajo? Es una pregunta típica a los alumnos cuando se explica ese modelo impositivo, que, adaptada, puede aplicarse en el contexto antes descrito.

Pueden influir diversos factores, pero hay uno potencialmente relevante, la distinta elasticidad de la “oferta de los contribuyentes” respecto a su tratamiento fiscal, es decir, cuál es la capacidad de los perceptores de renta para desplazarse de un sitio a otro en función de la carga tributaria. Dos personas con una renta, por ejemplo, de 300.000 euros anuales no están, estrictamente, en las mismas condiciones, “no son iguales”, si una está asentada en un país, sin posibilidad de deslocalización, y otra dispone de facilidades para establecerse en cualquier país.

Ante este tipo de situaciones, en relación con los programas de atracción de “impatriados”, cabe plantearse algunos interrogantes: ¿qué prefieren los responsables de la recaudación tributaria?, ¿qué prefiere un contribuyente nacional estable: i) que no se establezcan tales programas, que no se instale en el país ningún extranjero (no residente), y, por tanto, que no se obtenga recaudación alguna por esta vía, o ii) que sí se pongan en marcha, surtan efecto, y que haya personas que aporten al erario, aunque menos que un contribuyente nacional con la misma renta?

Es oportuno realizar una comparación de los distintos regímenes tributarios, pero, antes de eso, es preciso despejar dudas fundamentales en el plano filosófico.

15 de agosto de 2023

Lecciones del fraude fiscal en tiempos bíblicos

 

No puede decirse que el fraude fiscal sea un fenómeno novedoso, ni siquiera que surgiera con la formación de los modernos Estados fiscales. En los textos bíblicos encontramos indicios que así lo avalan. De forma bastante ilustrativa, en el Libro de Malaquías encontramos el relato de cómo el Señor recrimina al pueblo elegido que lo estuviera defraudando en los diezmos y en los tributos. Quien actúa como sujeto activo especialmente cualificado conmina a los sujetos pasivos a poner fin a sus censurables prácticas.

Al igual que algunos de los planes antifraude puestos en marcha en diversos países recurren -sin renunciar, por supuesto, a las pertinentes sanciones- al gancho de los estímulos, el plan divino ofrecía una gama de irresistibles parabienes: “Traed todos los diezmos al templo… y veréis cómo abro las compuertas del cielo y derramo bendición sin medida. Ahuyentaré de vosotros el insecto devorador y no se os echarán a perder los frutos de la tierra, ni se estropeará la viña”.

Los sujetos activos terrenales no cuentan, sin embargo, con semejante munición para tratar de frenar el fraude fiscal en sus diversas manifestaciones. A la vista de la persistencia de éstas, se antoja bastante difícil su erradicación sin la posibilidad de disponer de artillería de corte celestial, o, en su defecto, el acaecimiento de algún milagro transformador.

8 de agosto de 2023

Preceptos económicos mosaicos

 

Contiene el Levítico un extenso mosaico de disposiciones y preceptos, de la más diversa estirpe, transmitidos por el Señor por conducto de Moisés. Algunos son realmente impactantes, cuando no sobrecogedores. La ley del talión aparece expresada de la forma más explícita, como también lo son los castigos por la comisión de faltas de las más diversas facturas. La riqueza descriptiva es extraordinaria, como también la claridad meridiana en la evocación de situaciones embarazosas.

La prohibición del interés, en forma dineraria o en especie, se muestra como una barrera inexpugnable. También la exclusión de la venta de tierras a perpetuidad, sobre la base de una argumentación (“porque la tierra es mía y vosotros sois emigrantes y criados en mi propiedad”) que bien podría esgrimirse para afianzar la doctrina del impuesto único sobre la tierra.

Los deberes religiosos y sociales instan a huir del maximalismo en la recolección de los frutos de la naturaleza: “No harás el rebusco de tu viña ni recogerás los frutos caídos en tu huerto, sino que lo dejarás para el pobre y el emigrante”.

Implican también un rechazo al cortoplacismo en las inversiones: “Cuando hayáis entrado en la tierra y hayáis plantado árboles frutales, consideraréis sus frutos como impuros durante tres años y no los comeréis. El cuarto año todos sus frutos serán consagrados al Señor en ofrenda festiva. A partir del quinto año podréis comer los frutos y así aumentarán vuestras cosechas”.

Y, entre otros mandamientos, no falta uno de marcado corte social: “No oprimas ni explotes a tu prójimo; no retengas el sueldo del jornalero hasta la mañana siguiente”. La ecuanimidad es objeto de una referencia expresa: “No procederás injustamente en los juicios… juzgarás con justicia a tu prójimo”.

No son, pues, pocos los rastros de los criterios ASG que pueden encontrarse en los mandamientos dictados en el monte Sinaí. Y, como cierre, el papel de los diezmos, que, ya “sean de los productos de la tierra o de los frutos de los árboles, pertenecen al Señor y son sagrados”.

6 de agosto de 2023

La baremación justa de una tarea

El libro sapiencial se interpone en mi camino. A sus páginas me conduce de nuevo, inexplicablemente, otro ejemplar de las Sagradas Escrituras abierto al azar. “Ser uno mismo sin pretensiones”, es el título que encabeza una colección de máximas. Sirve la primera como valioso contrapunto de posibles vanas pretensiones y elucubraciones caprichosas aunque pasajeras: “No presumas de listo al hacer tu tarea, ni te jactes cuando estés en aprietos”.

Sin embargo, inmediatamente después de poner las cosas en su sitio aparece otra que invita a no caer en el derrotismo absoluto: “Hijo, valórate en tu justo valor. ¿Quién defenderá a quien se daña a sí mismo?”. Pero, ¿cómo podemos estar seguros de alcanzar la justicia en la valoración de una obra, ya sea propia o ajena?

Tal vez no del todo ajustados a esta duda, otros pensamientos pueden resultar sumamente instructivos en la faceta evaluadora: “No censures antes de informarte, reflexiona primero y juzga después. No respondas antes de escuchar, ni interrumpas el discurso de otro”.

  

4 de agosto de 2023

El buen consejero

 

Es la Biblia una fuente inagotable de sabiduría, aprendizaje y entretenimiento, entre otros aspectos, no todos del mismo tenor. Desde una mirada personal retrospectiva, más o menos lejana en su alcance temporal, es de lamentar no haber seguido a pies juntillas algunas de las pautas contenidas en ciertos textos especialmente caracterizados por el primero de los atributos señalados.

El Eclesiástico sobresale en ese apartado: “Principio de toda obra es el pensamiento, y antes de toda accion está la reflexión”. Es una pena no haberse ajustado a ese sabio principio, aunque, en nuestro descargo, tal vez podría argüirse que muchas de las acciones irreflexivas han emanado de la fuerza muchas veces incontrolable del corazón, que, según el mismo texto, es “raíz de toda decisión”.

Las probabilidades de verse atrapado en el lamento son mayores, y más dolorosas, cuando, en lugar de haber seguido los dictados de esa raíz, nos hemos atenido a recomendaciones ajenas provenientes de consejeros no idóneos. El Eclesiástico contiene un tesoro como guía para la conducta, aprovechable por los jóvenes: “Todo consejero da consejos, pero hay quien aconseja en su interés. Ten cuidado con el consejero, entérate primero de qué necesita, porque en su propio provecho te aconsejará”.

Antes de atribuir a alguien el rango de consejero personal sería, pues, altamente recomendable someterlo a un proceso de fit and proper: “No te aconsejes con quien te mira de reojo, y esconde tus proyectos a los que te envidian. No te aconsejes… con un cobarde sobre la guerra, con un negociante sobre el comercio, con un comprador sobre la venta, con un envidioso sobre la gratitud, con un tacaño sobre la generosidad, con un perezoso sobre trabajo alguno, con un empleado eventual sobre el fin de una obra, con un siervo holgazán sobre una gran tarea…”.

Surge, no obstante, el problema de que una evaluación en condiciones podría requerir bastante tiempo, ya que no ha de basarse en meras declaraciones de intenciones, pues hay avezados expertos en la impostura.

El dictado es sumamente valioso, pero, a menudo, por distintas razones, no practicable. Aun así, es bueno tener presente la principal directriz: “Recurre siempre a un hombre piadoso, de quien sabes seguro que guarda los mandamientos, que comparte tus anhelos y que, si caes, sufrirá contigo”. Tal vez como prueba de la dificultad es la remisión subsidiaria que se hace: “Atiende al consejo de tu corazón, porque nadie te será más fiel”.

Aunque no resulten siempre de aplicación, es seguro que los dictados eclesiásticos servirán para un análisis ex post más fundamentado y, muy probablemente, para dotar de mayor base a un lamento por lo que será ya algo irremediable.

2 de agosto de 2023

El dinero no lo compra todo

 

“… Al ver Simón que por la imposición de manos de los apóstoles se confería el Espíritu, les ofreció dinero… Pero Pedro le dijo: ‘¡Vaya tu dinero contigo a la perdición, pues has pensado que el don de Dios se compra con dinero!”.

La fuerza del dinero ha penetrado en todos los intersticios de la sociedad. Tanto que cada vez es más difícil encontrar algún hueco que no esté dominado por un interés crematístico. Y, cuando este está ausente en su manifestación material y tangible, aparecen otros sucedáneos, a veces no menos poderosos.

Los aspectos no pecuniarios pueden ser importantes sustitutos o complementos del dinero. Como se señalaba aquí recientemente, todo depende del marco de preferencias individuales y de dónde se ubique cada persona en el espacio delimitado por las variables “interés personal-interés social” y “gratuidad-retribución”.

El libro “Hechos de los Apóstoles” nos insinúa otro espacio, delimitado a partir de otros criterios: “tangibilidad-intangibilidad de los bienes” y “accesibilidad-no accesibilidad mediante precios objetivos”. Pedro deja bien claro que, respecto a ciertos dones supremos, el espacio efectivo de referencia queda restringido a un solo punto, tal como el D. Este punto representa una situación con un mercado inexistente, en la que el demandante queda completamente a merced de una voluntad superior… “¡Qué insondable sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!”.



29 de julio de 2023

Sobre la retribución justa de obras personales

 

¿Cuál es la retribución justa por la realización de una tarea? No es en absoluto nada fácil proporcionar una respuesta genérica. A pesar de estar tan denostado, si existiera un mercado perfectamente competitivo, basado en la transparencia y la objetividad plenas, y sin connotaciones adicionales, no tendríamos ninguna duda al respecto. Fuera de esa situación, intervienen muchos factores que impiden alcanzar una solución perfecta. La cosa se complica cuando se conjugan efectos colaterales, aspectos intangibles o emocionales, o bien se trata de tareas asumidas voluntariamente por alguien. ¿Tiene derecho a reclamar una retribucion justa quien está dispuesto, bien por iniciativa propia o a propuesta ajena, a desempeñar una tarea con repercusiones sociales? ¿Debería bastar, en tales casos, con la propia retribución emocional de esa persona y/o el posible reconocimiento colectivo?

Nos adentramos así en un terreno de arenas movedizas, por lo que resulta aconsejable resolver los interrogantes planteados antes de aventurarse a entrar en él.

Como en otros casos, encontramos en los textos bíblicos fuentes, si no de dictamen inapelable, sí de inspiración y reflexión. La lectura de la Primera Carta de Pablo a los Corintios es aleccionadora en dicho sentido.

… “¿Quién hace el servicio militar a sus propias expensas? ¿Quién planta una viña y no come su fruto? ¿O quién apacienta un rebaño y no se alimenta de la leche del rebaño?... En la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla”.

Ciertamente interesantes son estas reflexiones de Pablo, quien continúa diciendo que “el que ara debe arar con esperanza y el que trilla con la esperanza de tener parte en la cosecha. Si nosotros hemos sembrado entre vosotros lo espiritual, ¿será extraño que cosechemos lo material?”.

Interesantes, y también decepcionantes para los verdaderos altruistas, quienes se involucran en proyectos de alcance colectivo sin pensar en la cosecha propia, ni presente ni futura. Ahora bien, aunque Pablo justifica ese afán remuneratorio, declara que, a pesar de su derecho, no ha hecho uso de él. Él mismo enaltece su actitud, toda vez que “el hecho de predicar no es para [él] un motivo de orgullo. No [tiene] más remedio y, ¡ay de [él] si no anunci[a] el Evangelio!”.

Y es aquí donde justamente introduce un factor diferencial: “Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio… Y todo lo hago por causa del Evangelio, para participar yo también de sus bienes”.

En fin, las disquisiciones paulinas no vienen sino a reafirmarnos en la consideración de los siguientes criterios sobre cuestiones retributivas: a) motivación de la participación en un proyecto: interés colectivo o interés personal; b) carácter de la participación: espontánea o inducida; voluntaria o coactiva; c) naturaleza de la retribución: intangible o material.

Realmente, si tomamos los dos criterios básicos (interés y retribución), nos encontramos con un espacio bidimensional donde se ubican las distintas opciones.

Lo importante es, en suma, que todas las partes tengan claras las reglas de juego antes de dar inicio a cualquier compromiso. ¿Tiene derecho a reclamar, ex post, algún tipo de prebenda quien asume libremente unas tareas con una declarada orientación social? Hay, desde luego, situaciones en las que una persona se ve abocada, de manera casi ineludible, a determinadas actuaciones, pero en una sociedad libre prevalece siempre la posibilidad de elegir. Es clave saber, antes de empezar la partida, en qué punto del espacio representado en el gráfico nos situamos. No es lo mismo moverse a lo largo del eje superior que a lo largo del eje inferior, o en el interior del espacio. ¿Dónde deberíamos ubicar a Pablo?



20 de julio de 2023

Preceptos económicos bíblicos

Los textos bíblicos están salpicados de referencias, muchas de ellas bastante crípticas, al ámbito de la tributación. Algunas de ellas han sido comentadas aquí. Al no haber podido abordar un proyecto de análisis sistemático, uno ha de contentarse con efectuar incursiones esporádicas a la búsqueda de mensajes más o menos explícitos.

En su predicación en el desierto, Juan imparte directrices de distinta naturaleza, algunas de las cuales -quizás un tanto camufladamente- tienen connotaciones económicas (Lucas, 3, 10-14).

Una de ellas tiene evidentes implicaciones redistributivas: “El que tenga dos túnicas, que le dé una al que no tiene ninguna, y el que tenga comida que haga lo mismo”. El Bautista se decanta abiertamente por la igualdad de resultados, en lugar de por la igualdad de oportunidades.

En otra transmite a los soldados algunas pautas muy claras: “No uséis la violencia, no hagáis extorsión a nadie, y contentaos con vuestra paga”. Mucha es la carga de profundidad que se percibe en cada una de las tres vertientes enunciadas.

Finalmente, en otra instrucción, dirigida a unos publicanos (subalternos judíos encargados por Roma de la recaudación de impuestos), dicta lo siguiente: “No exijáis nada fuera de lo fijado”. El cumplimiento de este precepto, con el respaldo del principio de legalidad, estaría vinculado al principio impositivo de transparencia o de certeza de las obligaciones tributarias. 

15 de julio de 2023

La paz, fruto de la justicia

 

Junto al ejemplar de “Megamenazas”, encontré, esta mañana, el texto de la Biblia de manejo ordinario abierto por el Libro de Isaías. Es terrorífica la descripción de cuanto acontece a Edón, pueblo condenado al exterminio, pero más bien pienso que quien lo haya dejado encima del escritorio pretendía que viera una de las narraciones precedentes, la que lleva como encabezado el título indicado, “La paz, fruto de la justicia”. En ella se expresa que “La obra de la justicia será la paz, su fruto, reposo y confianza para siempre. Mi pueblo habitará en moradas apacibles, en tiendas seguras, en tranquilos lugares de reposo…”.

Es lo que ahora se ansía aún más que antes, después de haber percibido directamente testimonios especialmente expresivos de algunos de los máximos responsables de la defensa nacional y de documentados conocedores de la historia de los conflictos bélicos.

El breve párrafo relativo a la paz da paso a una clamorosa “Oración”: “¡Ay de ti, destructor que aún no has sido destruido, traidor no traicionado! Cuando hayas terminado de destruir serás destruido, cuando hayas completado tu traición, te traicionarán”.

26 de junio de 2023

Principios bíblicos de conducta financiera: la recuperación de los préstamos

 

La Biblia está plagada de prescripciones, en bastantes casos con marcadas connotaciones económicas o financieras. No faltan ocasiones en las que, en función del pasaje de referencia, advirtamos algún tipo de contradicción o confrontación entre diferentes mensajes, como tampoco otras en las que nos vemos sumidos en el desconcierto ante la dificultad de interpretar el sentido último de la admonición.

No ocurre esto en relación con las pautas que se dedican a los préstamos en el Eclesiástico: “Presta a tu prójimo cuando pase necesidad, y por tu parte restituye lo prestado a su debido tiempo”. Además, se advierte de conductas poco éticas que pueden aflorar en el mercado crediticio: “Muchos pretenden adueñarse de lo prestado y ponen en dificultad a quienes los ayudaron”. No se refiere, desde luego, al caso de las dificultades sobrevenidas: “Antes de recibir el préstamo, besan las manos del prójimo y humillan la voz para conseguir su dinero; pero, a la hora de restituir, dan largas, responden con evasivas y echan la culpa a las circunstancias”.

Un problema, en el fondo de información asimétrica y, en su base, de ética personal. Las entidades de crédito disponen de mecanismos para tratar de contrarrestarlo: evaluación previa del riesgo, conocimiento del “track record” de los prestatarios, constitución de garantías, e instrumentos legales de recobro. Casi nada de eso existe, en el ámbito de las relaciones personales, especialmente cuando los “préstamos” son de naturaleza no dineraria. La vida no suele permitir recurrir a la moviola.

2 de mayo de 2023

Dictados bíblicos sobre el trabajo

 

El Eclesiástico, uno de los libros sapienciales, está lleno de consejos y recomendaciones que hacen honor a ese calificativo. Detenerse por un instante en alguna de sus composiciones es una fuente de reflexión e inspiración, una buena oportunidad para hacer un receso físico y mental.

En una de ellas encontramos un esbozo de lo que pudiera ser una especie de llamamiento a combatir el principio de insaciabilidad que impera en los modelos económicos neoclásicos: “Hijo, no multipliques tus ocupaciones, porque si mucho abarcas, no quedarás impune; y por más que corras, no alcanzarás, y por más que quieras, no podrás huir, no escaparás. Hay quien trabaja, se fatiga y apresura, y a pesar de esto está más necesitado”. Ahora bien, el mencionado principio se ciñe a la vertiente estricta del consumo, mientras que la admonición anterior incorpora la del esfuerzo personal.

El autor de ese libro sagrado, aun cuando rechaza el trabajo desmedido, insta al cumplimiento del deber y a la dedicación casi vitalicia a la tarea asignada: “Sé fiel en tu deber y dedícate a él, y envejece en tu tarea”.

“El trabajo y las riquezas” nos coloca ante el espejo, y, antes de mirarnos en él, no sabemos con qué imagen nos vamos a encontrar.

5 de febrero de 2023

Policrisis vs multiplagas

 

Se afirma solemnemente desde Davos que es necesario incluir en los diccionarios una nueva palabra, “policrisis”, como expresión identificadora de situaciones, como la actual, en la que diversas perturbaciones negativas se retroalimentan y refuerzan entre sí para generar un daño conjunto superior a la suma de los que cada una, aisladamente, es capaz de producir.

Unos meses antes de la cumbre en la localidad suiza, el historiador Adam Tooze desbrozaba el concepto, anteriormente utilizado por Jean-Claude Juncker, en su etapa como presidente de la Comisión Europea, y, mucho antes, por Edgar Morin.

Con el respaldo del Foro Económico Mundial, la noción de policrisis adquiere carta de naturaleza, y sirve para alertar a la sociedad de que, a partir de ahora, tiene que estar preparada para pasar a una actitud de “poli-resiliencia”.

No es preciso devanarse los sesos para identificar un extenso repertorio de circunstancias adversas, que amplifican su potencia destructiva en un marco de globalización. Es cierto, pero, si miramos hacia atrás, a pesar del argumento de Tooze de que, en los años setenta del pasado siglo, los grandes problemas eran monofocales, es difícil no encontrar una considerable gama de acontecimientos adversos que incidían de forma simultánea. Por ejemplo, ¿fue la “crisis del petróleo” de hace cincuenta años realmente una crisis monolítica y excluyente?

Dicho lo anterior, en el hipotético caso de que pudiera elegirse, ¿qué sería preferible, vivir una situación de policrisis, o afrontar una sucesión de crisis dominantes? Las policrisis son muy difíciles de sobrellevar, pero también puede serlo afrontar un repertorio de eventos lacerantes concatenados a lo largo del tiempo. El recuerdo de la decena de terribles plagas sufridas por los egipcios (como consecuencia de la tozudez faraónica) es bastante aleccionador.

Ciertamente, ese tipo de elecciones no deja de ser una mera ficción. En la práctica, a lo largo de las últimas décadas, o quizás siempre, el mundo ha estado inmerso en una cadena de policrisis sin solución de continuidad.

8 de octubre de 2022

La terrible confesión de los vencidos

 

A tenor de los acontecimientos que surgen sin tregua desde todos los puntos cardinales, la tendencia a visitar las páginas de las Sagradas Escrituras, rememorando las efectuadas en la lejana época de la infancia, ahora a la búsqueda de un breve lapso de sosiego, se ve reforzada con el paso de los días. Curiosamente, algún lector (tal vez el único) anónimo de este blog me ha hecho llegar un ejemplar de una estupenda, cuidada e ilustrativa edición (“traducción totalmente revisada con amplias notas e introducciones”) del imbatible best seller (La Casa de la Biblia, PPC, 2011).

Lamento no poder expresarle personalmente mi agradecimiento, aunque espero que pueda llegarle a través de este recóndito rincón. De haber podido contactar con él, habría aprovechado para preguntarle por qué estaba señalada la primera página del libro de los Jueces. En ella se describe cómo Judá derrota a los cananeos y a los pereceos, tras una batalla: “Adonibézec huyó, pero ellos los persiguieron, lo prendieron y le cortaron los pulgares de manos y pies. Adonibécez comentó: Setenta reyes, con los pulgares de pies y manos cortados, recogían las migajas bajo mi mesa. Dios me paga con la misma moneda”.

No acaban ahí las sorpresas. Encontramos una cuando vemos el lugar de impresión del libro. Al hacerlo comprobamos cómo los intereses económicos son capaces de trasvasar -bidireccionalmente- las posiciones religiosas e ideológicas: “Impreso en China/Printed in China”.

18 de septiembre de 2022

El enigma de los viñadores homicidas

 

Suelen las Sagradas Escrituras ser un refugio donde encontrar asilo temporal ante las inclemencias que se suceden en el largo y duro caminar. Adentrarse en sus páginas es como si se abriera la puerta de un pasadizo que nos lleva a lugares ignotos donde todo es posible. A todo caminante se le ofrece la oportunidad de solazar su espíritu y reparar las heridas. Sin embargo, el viajero debe estar advertido de que también allí le aguardan sorprendentes episodios marcados por una violencia extrema, así como pruebas y enigmas que desafían el entendimiento y la razón del común de los mortales.

Pese a la concisión del relato recogido -con ligeras variantes- en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, la parábola de los viñadores homicidas sobresale en ambas facetas. En la historia se describe el violento carácter de los arrendatarios de una viña, plantada en su día por su propietario y entregada en arrendamiento. Aquellos no dudan en matar, o maltratar y rechazar, a los sucesivos emisarios del propietario para recabar los frutos pactados en el acuerdo de cesión. Después de que el propio hijo corra la misma suerte, plantea Jesús qué debe hacer el dueño de la viña con los labradores, cuando acude él mismo a tratar de solucionar la situación.

La opción de castigar a los malvados y entregar la viña a otros labradores respetuosos y cumplidores es cuestionada por Jesús, quien recuerda estas sagradas palabras: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”, advirtiendo de que “Todo el que caiga sobre la piedra se destrozará, y a aquel sobre quien ella caiga, lo aplastará”.

Da la impresión de que es preferible asumir la gestión directa de los activos propios, procurando obtener los mayores frutos. No hay que perder de vista que hay un vigía supremo del bienestar colectivo que no dudará en ejercer sus facultades expropiatorias ante el más mínimo incumplimiento. El arrendamiento de activos “core” no goza de gran predicamento, por lo que parece aconsejable que el capitalista se disponga a ejercer también de productor directo.

Existen, sin duda, interpretaciones autorizadas sobre el sentido de esta impactante parábola que aclaran el significado de la viña, el pueblo de Israel, y el de la piedra rechazada, Jesús. Así es, pero, para profanos en la materia, la búsqueda de la lógica económica se topa con un enigma complicado de resolver.





14 de enero de 2022

El ejemplo de la conquista de Hispania como acicate para las alianzas con Roma

 

El dominio ejercido por Roma sobre la península hispánica, entre un dilatado repertorio de contundentes conquistas bélicas, sirvió, en tiempos bíblicos, como un convincente argumento para disuadir a algunos pueblos de plantar cara a las poderosas fuerzas imperiales. La vía de las alianzas, sustentadas en pactos de no agresión y de asistencia mutua en caso de conflicto, podía resultar más pragmática.

Así se recoge en el Primer Libro de los Macabeos: “La fama de los romanos llegó a oídos de Judas: que eran poderosos, que se mostraban benévolos con todos sus aliados, que establecían amistad con cuantos acudían a ellos. Le contaron sus guerras y las proezas que habían realizado entre los galos… todo cuanto habían hecho en la región de España para apoderarse de sus minas de plata y oro, cómo se habían hecho dueños de todo el país gracias a su astucia y perseverancia, a pesar de ser un país lejano. Habían derrotado a los reyes que los habían atacado desde los confines de la tierra, aplastándolos definitivamente; los demás les pagaban tributo cada año”.

En el texto, además de ponderar el eficaz ejercicio del poder, se valora favorablemente la creación de la institución senatorial, “donde cada día trescientos veinte consejeros deliberan constantemente en favor del pueblo para mantenerlo en buen orden”.

La lectura de la Biblia invita a abrir, entre otras muchas, distintas perspectivas de análisis sobre la teoría de juegos y sobre las finanzas de los imperios. También aviva recuerdos e induce algunas reflexiones de corte sociológico y psicológico. ¿Por qué, entre los niños de mi generación, estaba tan prestigiada la figura del centurión romano, y por qué tantos querían emularlo, al menos en apariencia y atuendo?

Movido por un impulso, voy a la búsqueda de un viejo ejemplar de la Enciclopedia Álvarez. Por fin, encuentro, sumida en una lamentable situación de deterioro, la de “Segundo Grado”. “Intuitiva, sintética, práctica”, se autocalifica esta edición del año 1965. En una de las páginas supervivientes puede aún leerse que “Con la dominación romana, España pasó a ser una más entre las provincias sometidas a su imperio, y ello tuvo para nuestra Patria las siguientes consecuencias: 1ª.-Unidad de mando… 2ª.-Unidade lengua… 3ª.-Unidad de leyes… 4ª.-Progreso material en todos los órdenes…”.

Una “enseñanza moral” sirve de colofón a esa síntesis: “Los españoles sufrieron mucho durante la dominación romana, pero también aprendieron mucho. Acostumbrémonos a recibir con gusto los sufrimientos y penalidades de la vida, si ello ha de redundar en nuestra perfección”.



25 de diciembre de 2021

La rentabilidad de las cuentas paulinas: cuando los intereses no son materiales

 

La motivación de la rentabilidad no se limita a los tenedores de activos financieros. Aun como metáforas y con trascendencia en ocasiones sólo en el plano espiritual, encontramos en la Biblia algunas alusiones a ese concepto tan determinante de muchas conductas económicas y no económicas.

Hacia el final de la Carta a los Filipenses, Pablo recurre a esa noción en un contexto en el que incluso podríamos vislumbrar tenuemente el perfil de una figura de agente financiero. Destaca el Apóstol que, desde que empezó su misión, “ninguna iglesia, aparte de vosotros, me abrió una cuenta de haber y debe”. Al hilo de esta constatación reconoce que había sido receptor de un subsidio para cubrir sus necesidades vitales, pero declara convincentemente que “no es que yo busque regalos, busco que los intereses se acumulen en vuestra cuenta”. Asegura luego que, en compensación, por los donativos, “[su] Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús”.

Salvando las distancias metafóricas, no podemos dejar de intuir un cierto esquema quid pro quo en las decisiones evocadas y, también en alguna medida, la imagen del ciclo de vida de un producto financiero. Es evidente que cualquier producto sustentado en poderes divinos y amparado en sus confortables garantías sería absolutamente imbatible. Pese a ello, sería interesante preguntarle al intermediario bancario o al agente financiero oferentes cómo podría gestionarse en un entorno con tipos de interés negativos.



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