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6 de septiembre de 2022

La economía de los libros de texto no impedirá la catástrofe energética de este invierno

 

Es lo que considera Torsten Bell, director ejecutivo de la Resolution Foundation[1]. A partir de los extraordinarios incrementos del coste de la energía para las familias británicas, haciendo un paralelismo con la gran crisis financiera internacional de hace unos años, considera que se ha alcanzado ya un “momento Northern Rock” y que se vislumbra otro “momento Lehman Brothers”. En este contexto, recuerda que “eventos singulares a menudo cristalizan un cambio, forzando a los políticos a tomar conciencia del hecho de que son requeridos a actuar de formas que parecían inimaginables solo unas semanas antes”.

Hasta ahora, según él, la respuesta del gobierno de su país ha sido insistir en que los consumidores afronten el verdadero coste de la energía a fin de establecer fuertes incentivos para reducir el consumo. Al mismo tiempo, proporcionaba descuentos y pagos genéricos, particularmente para los perceptores de prestaciones sociales, con objeto de cubrir parte de tales costes. Es esta una respuesta típica de manual, que estima apropiada cuando las facturas de la energía llegan a las 2.000 libras, pero que deja de ser viable cuando tales costes más que duplican esa cifra.

Entiende, por tanto, que “la escala de la crisis reclama un enfoque radical. Tendremos que topar los costes de la energía por debajo de los niveles del mercado, por lo que es el momento de centrarse en las difíciles cuestiones relacionadas… Una tarifa social radical sería el mejor enfoque selectivo para aquellas personas con menores niveles de ingresos, que son quienes ven crecer más sus facturas, pero es más difícil de implementar que una reducción de precios generalizada”, y se declara partidario de recurrir al endeudamiento, y de aplicar impuestos sobre beneficios extraordinarios y otros de solidaridad. Se trata de una posición que gana adeptos, como es el caso de Martin Wolf, quien justifica tales medidas por estar en una fase equiparable a un período de guerra[2].

Sin paños calientes, la Resolution Foundation advierte de que “se aproxima una catástrofe. Un gran incremento en las facturas de la energía en el invierno era siempre algo difícil de afrontar, pero la explosión de lo que ahora está en curso será totalmente inmanejable para millones de hogares. El aumento en la escala del problema requerirá una respuesta de política económica diferente, no simplemente más amplia”[3].





[1] “Textbook economics will not avert this winter’s energy catastrophe”, Financial Times, 27-8-2022.

[2] “The UK energy crisis is a burden of war”, Financial Times, 4-9-2022.

[3]  Vid. Resolution Foundation, “A chilling crisis. Policy options to deal with soaring energy prices”, agosto 2022.

4 de junio de 2022

La política económica ante la crisis energética

 

Desde hace algún tiempo, en algunos países, como Reino Unido, se viene hablando de la “crisis del coste de la vida”. En otros no se utiliza ninguna etiqueta, pero la situación vivida es similar. Con o sin ella, es normal que los gobiernos hayan barajado y, en muchos casos, aplicado, distintas medidas para paliar el fuerte impacto derivado de la escalada de los precios de la energía en los presupuestos familiares. El problema es tan acuciante como difícil es encontrar una solución óptima dentro del arsenal de medidas de política económica.

Tomando como referencia una actuación anunciada por el gobierno británico, Martin Sandbu lleva a cabo un sucinto análisis económico de cuatro opciones para tratar de mitigar los elevados costes de la energía[1]: i) limitar directamente los precios máximos; ii) reducir o eliminar los impuestos sobre las compras de energía; iii) no tocar los precios, pero compensar directamente a grupos de personas por los altos costes; y iv) dejar inalterados los precios, pero cambiar las estructuras de mercado a través de las que aquellos se fijan, en particular de manera que los consumidores puedan beneficiarse de un bajo coste marginal de generación de la electricidad renovable.

Señala Sandbu que lo que más diferencia estos enfoques es si actúan contra o a favor del mercado y, como consecuencia, si promueven o frustran los intereses a largo plazo de los gobiernos que los adoptan.

Los dos primeros mencionados, al tratar de colocar los precios por debajo de sus verdaderos costes marginales, estimulan a los consumidores a usar más fuentes de energía cuya escasez relativa es responsable de la escalada de los precios: gas para calefacción y electricidad, y combustible para el transporte no electrificado.

Tratar de limar señales de precios relativos fundamentales con vistas a reducir la inflación media está abocado a generar problemas para el futuro, señala Sandbu: aumenta la demanda de energía fósil y se reduce el incentivo a invertir en renovables. Por ello se decanta por los enfoques tercero y cuarto: “permitiendo que los precios marginales de la fuente de energía suban cuanto sea necesario se protege el incentivo para economizar o desplazarse a los sustitutivos. Un apoyo financiero directo es fácil de diseñar y puede ser centrado en aquellas personas más necesitadas… Pero lo más importante es que las medidas compensatorias deben estar ajustadas con planes para cambiar cómo generamos y consumimos energía”.

Así pues, el mercado, el denostado mercado, es alabado en su papel asignativo. Y, desde luego, no es objetable separar las facetas de la asignación y la distribución. Es preferible utilizar instrumentos especializados en lugar de pretender alcanzar todos los objetivos con un solo instrumento.





[1] “The good, the bad and the ugly of government energy policies”, Financial Times, 29 de mayo de 2022.

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