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18 de abril de 2021

Ramón Tamames y la economía española: 45 años después

 

Ramón Tamames fue durante años una figura emblemática de la Universidad española y luego, para sorpresa de muchos, se convirtió en una referencia icónica de la izquierda, nada menos que miembro del Comité Central del Partido Comunista de España (PCE). Para quienes llegamos a la Facultad de Económicas de Málaga a mediados de los años 70, era un motivo de frustración no haber podido tener la oportunidad de tenerlo como docente. Según la idea extendida, entonces, durante el período que estuvo adscrito al centro de El Ejido, venía expresamente a Málaga a impartir sus lecciones magistrales, con una capacidad de atracción de estudiantes que desbordaba la capacidad de las aulas.

Habilidoso como quien más, o suficientemente sagaz para sacar provecho de las lagunas formativas de los censores, sus textos académicos, publicados en una etapa, aunque tardía, aún bajo el régimen franquista, contenían una encendida defensa de la visión marxista del análisis económico. Así lo hace en su manual de “Fundamentos de estructura económica” (Alianza Editorial, 1975). Sus textos sobre la estructura económica de España y la estructura económica internacional fueron, durante muchos años, auténticos hitos bibliográficos en todas las Facultades de Económicas españolas.

Más adelante, tuve informaciones de primera mano de economistas que habían trabajado con él en el gabinete de estudios económicos que él dirigía, Iberplan. También se empezaban a oír apreciaciones críticas acerca del enfoque del profesor Tamames por parte de los integrantes de las nuevas corrientes de Estructura Económica que venían a propugnar un mayor uso de la Teoría Económica y de la Econometría, menospreciando, sin tapujos, lo que entendían como esquemas pretéritos y errados. Su reinado académico comenzó a declinar, como también su protagonismo en la vida política, después de que su partido político no hubiese alcanzado las cotas electorales que se habían pronosticado a tenor de su posición hegemónica de oposición del franquismo.

“¿Adónde vas, España? (Quo vadis, Hispania)” (editorial Planeta), se preguntaba Ramón Tamames en el año 1976. Cierro los ojos, y me veo transportado a aquel año, en el que todavía se levantaba el primigenio edificio de la Facultad, y me reencuentro  con un joven que, como tantos otros, anhelaba el cambio. Ávido de conocer las claves del futuro que estaba por llegar, acudía impaciente a devorar las páginas escritas por el gran economista, a iluminarse en las fuentes de su saber enciclopédico. Siento ahora vértigo cuando recupero por un instante aquellas páginas olvidadas. ¿Adónde ibas España? ¿Adónde has llegado?...

El libro contenía un análisis de los problemas de España de entonces, así como una configuración de su futuro. Tamames destacaba como error político “el mismo error en el que históricamente incurrieron los déspotas ilustrados del siglo XVIII, los ‘revolucionarios desde arriba’ de principios de nuestro siglo, o los tecnócratas de los años 60. Ahora les toca el turno a los ‘ingenieros sociales’”, entendiendo por “ingeniería social” “el arte de transformar el entorno social con la más absoluta ‘neutralidad política’”. Como en todo escrito que se retome con tanto desfase temporal, su lectura se ve casi indefectiblemente afectada por el “sesgo retrospectivo”. Aun así, hay detalles que no dejan de ser llamativos, como la referencia al “espectacular aumento del paro”, después de que la tasa de paro llegara al “5,1% de la población activa”. Releer esta pequeña obra de Tamames es un ejercicio sumamente ilustrativo para recordar y contextualizar las cuestiones políticas, económicas y sociales que se suscitaban en una España de horizontes inciertos.

Después de años de relativa discreción en el plano de la comunicación económica, aderezados por una patente inclinación a la impartición de conferencias sobre temas diversos, la figura de Ramón Tamames, nacido en el año 1933, ha retomado un brío insólito. Dando muestras de unas dotes intelectuales y de una capacidad de trabajo inusitadas, lo mismo nos encontramos nuevas publicaciones suyas sobre la historia de España que con ensayos sobre el presente económico.

La reciente publicación de “Más allá de la maldita pandemia. El informe Tamames para la recuperación de España” (Erasmus Ediciones, 2021) es una buena prueba de ello. El autor se inclina por la necesidad de “plantearnos una Nueva Transición…, pero a mayor nivel tecnológico y social”, y propone “un Equipo de Trabajo de alcance nacional que dé un repaso a las grandes cuestiones de la trama socioeconómica del país”, que acota en algo más de una quincena de áreas temáticas. En la parte final, nos recuerda el auge de ciertos planteamientos políticos, y nos insta a que no nos dejemos engañar: “dentro de la estructura de poder, hay piezas que difícilmente pueden perpetuarse en una España democrática, como ya empieza a observarse desde la propia Unión Europea”.

Ojeo el libro de Tamames y, por un instante, me veo sumido en la confusión, sin saber en qué época me encuentro, y con la duda de si todo lo que he creído vivir a lo largo de estos años no ha sido más que un sueño. Por un momento, lleno de aturdimiento, he creído recuperar la juventud hace tanto tiempo perdida, si es que alguna vez existió de verdad.

Como Ave fénix, el economista Ramón Tamames emerge en un paisaje desolado, en el que su mera presencia es un símbolo de la esperanza de recuperar la senda del análisis, del estudio y de la discusión con serenidad, rigurosidad y, sobre todo, con libertad de pensamiento y de expresión. Sin pretender evaluar sus métodos, su estilo y su contenido, la recuperación de la figura que marcó una época es una gran noticia y una inyección de moral.




16 de octubre de 2017

Lecciones de los Pactos de la Moncloa, 40 años después

En junio de este año se ha conmemorado el 40º aniversario de la celebración de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura franquista. El reconocimiento de la importancia de dicho evento no debe, sin embargo, eclipsar otro hito acaecido pocos meses después que aportó el soporte económico y social imprescindible para que la transición política pudiese coronarse con éxito, la firma de los Pactos de la Moncloa.

En el año 1977, España llegaba a un momento culminante en el proceso de reforma política sumida en una crisis económica que fue calificada como grave por su duración temporal, profunda por su huella en las principales variables, mundial por su dimensión y extensión, y, lo que era más preocupante, capaz de abortar la democratización en ciernes. La economía nacional presentaba un cuadro de indicadores ciertamente preocupante: la inflación se había disparado con crecimientos de precios superiores al 20% anual, mientras el paro iniciaba una senda ascendente, el déficit exterior llegaba a niveles preocupantes y, con una presión fiscal que no superaba el 20% del PIB, las finanzas públicas estaban sumamente limitadas para proveer los servicios y las prestaciones sociales que definen el perfil de un Estado moderno. Además, la economía española arrastraba una serie de características estructurales que la hacían muy vulnerable a una crisis con un alto componente de oferta, como fue la de los años setenta.

Qué duda cabe de que la designación del profesor Enrique Fuentes Quintana como Vicepresidente Económico del primer Gobierno de la democracia fue clave tanto para el enfoque como para el diseño del programa de política económica contenido en los Pactos de la Moncloa, respaldados, en el mes de octubre de 1977, por el conjunto de las fuerzas políticas con representación parlamentaria.

No hay recetas económicas que puedan aplicarse mecánicamente en cualquier situación. No hay ningún programa de política económica que pueda diseñarse en el vacío, sin atender a las circunstancias y condicionantes de cada momento y lugar, sin considerar las restricciones y los márgenes de actuación existentes. Sí hay, por el contrario, algunos principios básicos que, por su naturaleza y alcance, trascienden de situaciones concretas. Algunos de ellos fueron expuestos por Fuentes Quintana en el discurso que dirigió al país en una memorable intervención televisiva del día 8 de julio de 1977: “Los problemas económicos de un país sólo pueden superarse mediante el esfuerzo y la colaboración de todos... La situación de la economía española no autoriza a nadie a proponer y a prometer soluciones fáciles. Quien lo haga no construye la democracia, practica la demagogia...”.

Los Pactos de la Moncloa constituyen un valiosísimo legado por un doble motivo: primero, y fundamental, por representar un hito en la calidad institucional y de gobernanza, que aportó la imprescindible estabilidad política y social en una fase decisiva para la construcción del régimen democrático; segundo, por la metodología y el enfoque adoptados para la elaboración del programa de política económica necesario para abordar una crisis económica de connotaciones singulares e irrepetibles.

La política económica de los Pactos de la Moncloa se articulaba en dos componentes que respondían a dos estrategias primordiales: i) una política de ajuste global, encaminada a lograr el saneamiento macroeconómico; ii) una política de ajustes positivos, que, con una orientación microeconómica, pretendía, mediante reformas estructurales, que los mercados, tanto de factores como de bienes y servicios, funcionasen de manera eficiente y competitiva.

En definitiva, quienes estaban al frente de los destinos económicos del país eran conscientes de que el éxito en la superación de la crisis y, con ello, la consecución de la meta de la consolidación de la democracia, radicaban en la necesidad de acometer acciones urgentes simultánea y paralelamente en dos planos: por un lado, el de la estabilidad macroeconómica, tratando de cortar la peligrosa espiral inflacionista, asociada a unos tipos de interés hoy inconcebibles, y de frenar la sangría del déficit exterior, como tareas prioritarias; por otro, emprender la reforma de los mercados y de los sectores a fin de propiciar una estructura económica moderna con opciones de ser competitiva y de integrarse en el espacio económico europeo.

Algunos de los criterios previos recogidos en el documento aprobado son bien expresivos de la toma de conciencia de la situación, de la altura de miras y del ejercicio de la responsabilidad política: “Todos los partidos políticos presentes en la reunión coinciden con el Gobierno en la necesidad de adoptar una serie de medidas monetarias, financieras y de empleo… que permitirían restablecer en un período de dos años los equilibrios fundamentales de la economía española”.

Aun reconociendo la relevancia de la recuperación de los equilibrios macroeconómicos básicos, el documento contenía asimismo una amplia batería de acciones específicas para una serie de áreas con gran relevancia económica y social. Una simple enumeración de las mismas puede servir como recordatorio de la conveniencia de que el marco de actuación básico de las “cuestiones de Estado” cuente con un refrendo político lo más amplio posible: reforma fiscal, control del gasto público, política educativa, política de urbanismo, suelo y vivienda, reforma de la Seguridad Social...

“Juzgar positivo y esperanzador para la superación de la crisis y la consolidación de la democracia el acuerdo referido, cuyo contenido estima necesario y adecuado... Llamar a las fuerzas sociales a prestar su apoyo solidario para la superación de la crisis económica que atraviesa nuestro país”.

Quizás alguien esté inclinado a pensar que las anteriores declaraciones pudiesen ser fruto de alguna fabulación narrativa, pero realmente corresponden a la resolución del Congreso de los Diputados de fecha 27 de octubre de 1977 en relación con los Pactos de la Moncloa. Cuarenta años después, dicho acuerdo, plasmado en un librito que entonces podíamos adquirir a un precio de 50 pesetas y que hoy podemos descargar inmediatamente y de forma gratuita de Internet, sigue siendo una fuente de inspiración de un valor inestimable para la actuación en las esferas política y económica.

(Publicado en el diario “Sur”, el día 16 de octubre de 2017)

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