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29 de enero de 2023

Eventos inciertos y fragilidad del futuro

 

Gracias al prodigioso telescopio espacial James Webb pueden vislumbrarse “acantilados cósmicos” situados a miles de años-luz de distancia, o percibirse los rastros del origen del Universo. Sin embargo, no disponemos de ningún instrumento que nos permita predecir con certeza lo que acontecerá en los próximos años en este minúsculo punto del cosmos que es el planeta Tierra. No se sabe cuándo, ni dónde -ni, quizás tampoco, por qué-, pero la humanidad, o una parte significativa de ella, volverá a verse afectada por eventos catastróficos, de distinto origen y naturaleza diversa.

Pese al acaecimiento de tales eventos, que la historia acumula en un funesto inventario, y de su alta severidad, la teoría económica adolece de una acusada carencia en cuanto a la formulación de unas pautas de actuación para abordarlos eficazmente. A ello se añade una patente falta de adecuación de los sectores público y privado para afrontarlos. Esta es, en esencia, la tesis que sostiene Vito Tanzi (exdirector del Departamento de Asuntos Fiscales del Fondo Monetario Internacional) en una obra que recoge sus reflexiones durante la fase de aislamiento impuesto por la pandemia de la Covid-19: “Fragile futures. The uncertain economics of disasters, pandemics, and climate change” (2022).

Por lo que se refiere al sector público, el nivel deseable de la tributación y el uso de los ingresos fiscales disponibles tienden a considerarse, tanto por los especialistas como por los gobiernos, como aquellos requeridos para tiempos normales, y no durante períodos de crisis. De ahí se deriva el problema de que el comportamiento esperado del sector público venga a ignorar la posibilidad de eventos futuros inciertos o inesperados con graves consecuencias y, por tanto, también las necesidades asociadas. La falta de preparación es extensiva al sector privado. En los países democráticos con economías de mercado, la forma en la que se espera que los gobiernos (ciclo electoral) y las empresas (competencia de mercado) operen no crea incentivos para adoptar, en tiempos normales, políticas que podrían hacer más fácil hacer frente a catástrofes cuando estas se producen.

Resulta así crucial efectuar una distinción entre eventos sujetos a un riesgo que puede ser determinado estadísticamente, y eventos inciertos, para los que no es posible la medición estadística de la probabilidad de ocurrencia. Puede haber una tendencia en los seres humanos, considerada rayana en la irracionalidad, que lleva a ignorar posibilidades de acontecimientos marcados por la incertidumbre, con un gran impacto social y económico, que podrían darse en el futuro.

La llegada de pandemias y el cambio climático ponen de manifiesto, según Tanzi, la existencia de un gran fallo institucional del mundo, a saber, la falta de un gobierno global, o de instituciones con ese alcance efectivas, para enfrentarse a “males” colectivos globales. Dados los muchos desastres y catástrofes que, a lo largo de los siglos, han acontecido en todos los países, con enormes consecuencias negativas, cabría haber esperado que la Economía hubiese dado cabida dentro de su campo a tales eventos, pero no ha sido el caso. Según la tesis expuesta, debería, pues, desarrollarse una “Economía de las catástrofes”.

Aunque no se requiere que las economías de mercado sean sustituidas por un esquema de planificación central, sí necesitan algunas correcciones para considerar los costes sociales. Los gobiernos que sean eficientes, mantengan en orden sus cuentas y su administración pública estarán en mejores condiciones para responder sin dilación a situaciones complicadas.

Si los eventos inciertos con impactos negativos tienen un alcance global o internacional, la coordinación necesaria puede tener que ser también global o internacional. Ante la inexistencia de un gobierno de esas características, determinadas instituciones internacionales -plantea Tanzi- podrían servir como alternativas. Ahora bien, no pueden obviarse los conflictos de objetivos que pueden surgir en cuanto a su legitimidad, diseño y funcionamiento.




1 de enero de 2023

Los futuros son frágiles, pero amanece de nuevo

 

Aprovechó Vito Tanzi el enclaustramiento impuesto por la pandemia del coronavirus para reflexionar sobre el futuro de la humanidad[1]. De su atinada reflexión surge un panorama inquietante, plagado de potenciales eventos terribles que pueden causar estragos de manera indiscriminada. Han ocurrido ya muchos a lo largo de la historia y llegarán muchos más.

La sociedad suele tratar de protegerse ante situaciones de riesgo, ante el posible acaecimiento de contingencias sujetas a una probabilidad que puede estimarse mediante técnicas estadísticas. Sin embargo, cuando se trata de un contexto de incertidumbre, en el que no es posible atribuir ninguna probabilidad, los gobiernos, las empresas y las familias se inhiben, bajan la guardia e ignoran lo que está por venir.

No se sabe qué, ni cuándo, ni cómo, pero llegará algún desastre, y luego otro. Vivimos, según esta tesis, en una ficción, pretendiendo obviar situaciones de dolor y sufrimiento. Tal vez sea un mecanismo de defensa, o, lisa y llanamente, una insensatez. Aunque no es fácil prepararse para lo desconocido, hay una clara inexistencia de pautas, tanto en el plano teórico como en el real de los gobiernos y las empresas.

La simple lectura de las catástrofes reseñadas por Tanzi produce escalofríos, hasta tal punto de que puede invitar a una posición de derrotismo anticipado. Pero su análisis es clarificador y oportuno, una invitación directa a la activación del arsenal teórico de la intervención del sector público en la economía, y a la adopción de estrategias por los agentes políticos y económicos con mayor capacidad de actuación.

Aparte de otros elementos más tangibles y mensurables, los eventos inciertos, como una suerte de plagas bíblicas, traerán penas en abundancia. Sin embargo, nada nos podrá privar ya de este nuevo amanecer con el que el año 2023 ha iniciado su andadura.



[1] V. Tanzi, “Fragile futures. The uncertain economics of disasters, pandemics, and climate change”, Cambridge University Press, 2022.


13 de agosto de 2021

El vuelo majestuoso e indómito de Richard Bird

Ayer tuve la oportunidad de mantener un encuentro con una de las grandes figuras de la docencia y la investigación en el ámbito de la Economía Pública en España, el profesor Victorio Valle. Entre otros aspectos, tuve el privilegio se ser partícipe del extenso repertorio de anécdotas y vivencias personales acumuladas a lo largo de su dilatada trayectoria en un elenco de puestos relevantes, en algunos de los cuales se concibieron programas económicos, financieros y fiscales de gran trascendencia en nuestra historia reciente. Los episodios son bastante abundantes, de manera particular, en relación con Enrique Fuentes Quintana, el maestro, de quien fue su principal colaborador durante años en diversos destinos. Un nuevo proyecto, orientado a plasmar por escrito la esencia de esos vestigios de la intrahistoria, está sobre la mesa. Espero poder emprenderlo, con la estrecha cooperación de Daniel Coronas.

En nuestra conversación evocamos, entre otros, a otro gran personaje académico, el profesor Emilio Albi, quien, desgraciadamente, nos dejó en el mes de marzo de 2020. Con él, junto a los profesores Victorio Valle, Jorge Martínez-Vázquez y Braulio Medel, compartí la pertenencia al comité organizador del simposio internacional sobre los sistemas fiscales celebrado en Málaga en septiembre del año 2009.

A dicho simposio asistió una de las máximas autoridades académicas de la Hacienda Pública contemporánea, el profesor Richard M. Bird, una de las mentes más brillantes, creativas y críticas de la profesión. Calificado con justicia como un “gigante de la teoría de la imposición”, este gran hacendista canadiense acumula un sinfín de aportaciones de primer orden, imprescindibles, en el campo de la Economía del Sector Público.

Hoy mismo he recibido un correo del FMI en el que se adjunta una reseña suya de una reciente obra sobre la historia de la imposición. No he podido evitar preguntarme qué sería de él. Tan sólo unos clics han bastado para toparme con la terrible noticia. El pasado 9 de junio, a la edad de 82 años, falleció, de repente, el ilustre economista. El sentimiento de tristeza y desánimo trata de encontrar el consuelo del enorme patrimonio que su fecunda vida científica ha dejado a la comunidad académica.

Al final de la primera jornada del simposio del año 2009 se acercó a mí para pedirme que le remitiera la presentación que había utilizado en mi intervención como comentarista de la ponencia de Vito Tanzi. Me dio la impresión de que, más que los datos que contenía, le habían llamado la atención algunos de los esquemas e imágenes utilizados. En un tono sarcástico, llegó a decirme que una de esas imágenes, que pensaba utilizar, sería de más interés que algunos de los sesudos análisis de los venideros cualificados ponentes y comentaristas.

En la parte final de mi exposición señalaba que “los sistemas impositivos tienen realmente la apariencia de icebergs, que se mueven lentamente en aguas cada vez más turbulentas, lastrados por verdaderas torres de Babel en sus partes no visibles”. En cambio, el pensamiento del profesor Bird nunca se vio lastrado por ningún tipo de atadura intelectual. Por décadas, su ingenio analítico seguirá dibujando un sendero en el firmamento hacendístico que brillará con luz propia.



6 de julio de 2020

Cortoplacismo, desastres inesperados y espacios fiscales: la visión de V. Tanzi

El análisis de la actuación del mercado y del sector público pocas veces converge en la identificación de fallos comunes a ambas formas de adopción de decisiones económicas. Vito Tanzi sí encuentra una zona de intersección entre las orientaciones de ambas esferas[1].

Por una parte, considera que la noción de mercados competitivos y flexibles lleva a una situación en la que se desatiende la acumulación de fondos para hacer frente a escenarios económicos adversos. En lugar de acumular ahorro, se acumulan deudas.

A su vez, la actuación del sector público se ve condicionada por el ciclo electoral, como se sostiene en el enfoque metodológico referido en el post de este blog de fecha 5-7-2020. Según Tanzi, “un gobierno que decidiera gastar suficiente dinero para cubrir potenciales necesidades futuras… correría el riesgo de perder las siguientes elecciones”. Asimismo sostiene que “el cortoplacismo es consistente con la visión de equilibrio de la eficiencia, una visión que enfatiza las necesidades inmediatas de las economías y de los ciudadanos, e ignora las necesidades de las generaciones futuras. Esta es la naturaleza esencial de una economía de mercado y de un gobierno democrático. La primera se preocupa por los costes a corto plazo y el segundo por los votos en las próximas elecciones”.

El exdirector del Departamento de Asuntos Fiscales del Fondo Monetario Internacional se muestra también crítico respecto de quienes simplemente recomiendan prescindir de la denominada “austeridad” y de quienes propugnan “una nueva, extraña teoría llamada la ‘Nueva Teoría Monetaria’”, que sostiene que cualquier gasto público puede atenderse con deuda o mediante la creación de dinero: “Naturalmente, la adhesión a estas recomendaciones ha hecho que sea aún más difícil para los países afrontar las futuras grandes e inesperadas necesidades de gasto, como las asociadas con desastres o pandemias”. Debería preverse, según él, la creación de algún “espacio fiscal” para hacerles frente.

P.S.: Sin haberlo planificado, creo que la anterior opinión de Tanzi, aunque escuetamente expresada, ofrece una respuesta directa a una consulta que me formularon, hace algunas semanas, acerca de las propuestas de algunos economistas situados en la órbita de la Teoría Monetaria Moderna, y que tenía pendiente de cumplimentar.


[1] V. Tanzi, “Perfect markets, perfect democracies and pandemics”, Iberoamerican Association of Local Finance (AIFIL), in tribute to Luiz Villela (fallecido como consecuencia de la Covid-19), 2020.

16 de agosto de 2019

La lotería del tiempo de los deportistas de élite

En algunas entradas de este blog nos hemos planteado diversos interrogantes acerca de la legitimidad de las retribuciones de los deportistas y otros profesionales de élite, y de la carga impositiva adecuada sobre las mismas. En su obra “Termites of the state. Why complexity leads to inequality” (Cambridge University Press, 2018), de la que próximamente aparecerá una reseña en la revista “e-pública, revista electrónica sobre la enseñanza de la economía pública”, Vito Tanzi ofrece una perspectiva llena de interés.

El prestigioso economista italiano lleva a cabo un análisis de los factores explicativos del éxito alcanzado por algunas empresas e individuos en la actualidad y, a raíz del mismo, de los elevados niveles de renta y de riqueza asociados. Uno de esos factores concierne a la disponibilidad de las tecnologías de la comunicación, que posibilitan la venta o la distribución de servicios a millones de personas alrededor del mundo. En su opinión, no todos los nuevos productos o servicios que se benefician de la protección ofrecida al capital intelectual tienen una base científica o intelectual. Tal es el caso, entre otros, de los deportistas de élite.

Para ilustrar su argumentación aborda la situación del tenista Novac Djokovic, de origen serbio, pero que opera a escala mundial. Tanzi señala que si Nole hubiese nacido un siglo antes (¡en 1887!, por lo que habría sido casi coetáneo de J. M. Keynes, nacido en 1883), y hubiese sido un jugador de tenis igualmente tan bueno, “su renta habría estado limitada por la renta media de su país y por el número de espectadores de pago que pudieran ser acomodados y estuviesen dispuestos a comprar una entrada para verlo jugar en las pistas de tenis de su país”. Ya sabemos las ventajas que conlleva la globalización desde el punto de vista de la difusión de los espectáculos deportivos, y los sustanciosos beneficios cosechados por los protagonistas más exitosos.

Tanzi argumenta que el incremento de la renta logrado por Djokovic no han requerido de un esfuerzo extra por su parte, por lo que sus ingresos revisten la característica de ser, en gran medida, una renta económica pura. En suma, arguye que la capacidad y el esfuerzo de los deportistas no ha tenido que cambiar apreciablemente para lograr unas rentas tan elevadas: “Las estrellas simplemente tuvieron la suerte de haber encontrado una política y un entorno tecnológico que les ha permitido multiplicar enormemente sus emolumentos. La lotería del nacimiento no ha hecho sino proveerlos de talento, pero la lotería del tiempo ha actuado muchísimo en su favor, al haberlos hecho nacer en un período en el que sus actuaciones podían atraer a muchos más espectadores y más valor, y cuando podían ser protegidos por los derechos de propiedad”.

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