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10 de diciembre de 2023

El nivel de cultura financiera en España

 

En caso de que este artículo tuviera algún hipotético lector (o lectora), le solicitaría que dedicara unos minutos a contestar las tres siguientes preguntas:

Q1. Imagine que Vd. va a recibir una suma de 1.000 euros dentro de un año y, a lo largo de ese año, la inflación fuese del 1%. Al cabo del año, con esos 1.000 euros, Vd. podrá comprar: a) Más de lo que podría comprar hoy; b) La misma cantidad; c) Menos de lo que podría comprar hoy.

 Q2. Imagine que alguien deposita 100 euros en una cuenta de ahorros con un tipo de interés garantizado del 2% por año. Esa persona no efectúa más ingresos en esa cuenta y no retira ningún dinero. En dicha cuenta no hay comisiones ni impuestos. ¿Cuánto habría en la cuenta al cabo de cinco años, una vez que se haya efectuado el abono de los intereses?: a) Más de 110 euros; b) Exactamente 110 euros; c) Menos de 110 euros.

Q3. Por lo general, es posible reducir el riesgo de invertir en Bolsa mediante la compra de una amplia variedad de acciones: ¿Verdadero o falso?

 Las anteriores son las preguntas utilizadas para medir el nivel de la cultura financiera de la población española. Son preguntas habituales en diversos estudios internacionales y que permiten comparaciones homogéneas entre países. La apreciación del grado de cultura financiera es primordial para el diseño y la implementación de los programas de educación financiera. Desde hace algunos años, se ha desplegado un amplio conjunto de iniciativas en todo el mundo, bajo el impulso de organismos e instituciones internacionales como la OCDE, el Banco Mundial, el G20, o la Comisión Europea.

Según los resultados de la última Encuesta de Competencias Financieras del Banco de España, realizada en el año 2021, el 65% de las personas adultas (de 18 a 79 años) responden correctamente la primera (efecto de la inflación sobre el poder adquisitivo), el 41% la segunda (noción del interés compuesto), y el 52% la tercera (consecuencia esperable de la diversificación del riesgo). En promedio, la población española presenta un índice de respuestas correctas del 53%.

Este porcentaje no es uniforme, sino que se aprecian notables diferencias entre los diferentes colectivos: i) las mujeres tienen un porcentaje de acierto (48%) inferior al de los hombres (58%); ii) el mayor conocimiento se da en la franja de edad de 45 a 64 años, y el menor en la de más de 65 años; iii) el porcentaje promedio de respuestas correctas aumenta con el nivel educativo (43% en las personas con nivel inferior al bachillerato, 55% en las personas con bachillerato; y 64% en las personas con educación universitaria); iv) el índice de respuestas correctas también aumenta con el nivel de renta familiar; v) Aragón, Madrid y Rioja son las regiones que obtienen un mayor índice, en contraposición con Andalucía, Baleares, Castilla-La Mancha, y Extremadura.

A tenor de los resultados obtenidos, no puede decirse que el panorama sea demasiado alentador, ni que se perciban cambios notorios en los últimos años respecto al nivel de conocimientos financieros. Tampoco es muy tranquilizador saber que las preguntas utilizadas, aunque significativas e ilustrativas, son bastante simples cuando se comparan con los extensos contenidos recogidos en los marcos de competencias financieras establecidos por la OCDE y por la Unión Europea.

En todo caso, el diagnóstico que se desprende de la Encuesta no viene sino a reafirmar la necesidad de potenciar los programas de educación financiera con el objetivo de que cualquier persona pueda tener unos conocimientos básicos para afrontar, de manera responsable y consciente, las múltiples decisiones financieras que tiene que tomar a lo largo de la vida. Disponer o no de esa capacidad puede tener una gran incidencia en el bienestar económico personal y también en la sociedad en su conjunto.

Sólo un 19% de las personas encuestadas respondieron correctamente las tres preguntas. Si Vd., en caso de haberlas cumplimentado, ha señalado, respectivamente, las opciones c, a y verdadero, se encuentra dentro de ese selecto grupo. No obstante, para ser considerado como persona con alto nivel de conocimientos financieros por la Unión Europea, sería preciso, además, responder bien (a y b) al menos una de las dos siguientes preguntas:

Q4. Una inversión con una elevada rentabilidad es probable que, respecto a otra inversión con una baja rentabilidad, sea: a) Más arriesgada; b) Menos arriesgada; c) Igual de arriesgada.

Q5. Si suben los tipos de interés, ¿qué les ocurrirá típicamente a los precios de los bonos?: a) Subirán; b) Disminuirán; c) Permanecerán igual.

(Artículo publicado en el diario “Sur”)



6 de diciembre de 2018

Diversificación de activos y competencias financieras: el desafío keynesiano

La diversificación de riesgos forma parte de los conceptos clave seleccionados en los cuestionarios internacionales para la evaluación del nivel de competencias financieras de la población. De hecho, la relativa a dicha diversificación es una de las “tres grandes” preguntas incluidas en los estudios de mayor alcance, a partir del planteamiento metodológico de Lusardi y Mitchell: “¿Considera que la siguiente frase es verdadera o falsa?: ‘Comprar una acción de una compañía concreta ofrece usualmente un rendimiento más seguro que un fondo de inversión’”.

Como hemos apuntado en otro lugar (revista “e-publica”, nº 20, 2017), el desconocimiento de las características de un fondo de inversión puede condicionar la respuesta a una pregunta así formulada. No obstante, con una redacción más adecuada [“Suponga que Vd. tiene algún dinero. ¿Qué es más seguro: colocar ese dinero en una empresa o una inversión, o colocarlo en múltiples empresas o inversiones?”], el estudio realizado por la agencia Standard and Poor’s con la colaboración del Banco Mundial (Klapper, Lusardi y Oudheusden, 2015) pone de relieve que, en el mundo, dos de cada tres personas desconocen el fundamento de la diversificación del riesgo. En las principales economías avanzadas, ese desconocimiento afecta a un 40% de la población.

Una pregunta similar [“Por lo general, es posible reducir el riesgo de invertir en Bolsa mediante la compra de una amplia variedad de acciones. ¿Verdadero o falso?”] se recoge en la Encuesta de Competencias Financieras 2016 del Banco de España y la CNMV, como se señala en una entrada de este blog de fecha 27 de mayo de 2018. En ella se incide en que, pese a contemplarse solo dos respuestas, el porcentaje de aciertos no llega a la mitad (49%) y en el elevado porcentaje de personas que no responden (27%). También se hace una reflexión acerca de las garantías del conocimento de la acción como instrumento financiero por parte de los encuestados.

Para cualquier persona con unos mínimos conocimientos económico-financieros, o que aplique el sentido común, las preguntas anteriores pueden parecer una trivialidad. ¿Qué podría pensarse, pues, de alguien que afirmara que “Es un error pensar que podemos limitar nuestro riesgo mediante una diversificación acentuada entre empresas que conocemos poco y sin que tengamos ninguna razón para una confianza especial”?

¿Qué habría ocurrido si, a pesar de los matices apuntados, esa persona hubiese decidido, en lugar de declinar la respuesta, contestar como “falsa” la pregunta relativa a la diversificación de las inversiones. ¿Cabría suponer que se trataría de una persona con escasas competencias financieras?

¿Cuál sería nuestra reacción -siguiendo con la elucubración- si nos dijeran que esa “incompetente persona” firma con las iniciales “JMK”? ¿Una mera coincidencia, un seudónimo, tan al uso actualmente, basado en el nombre de un gran economista?

No es así; la frase reseñada fue pronunciada por el mismísimo John Maynard Keynes, quien, además de sus grandes contribuciones a la teoría y a la política económicas, fue un activo gestor de carteras, a quien se le encomendó la inversión de los fondos del King´s College de la Universidad de Cambridge. En el período 1921-1946, su cartera logró batir en una media de 8 puntos porcentuales anuales el índice de la bolsa británica.

Ahora el aserto del gran economista británico antes transcrito iba precedido de la siguiente directriz: “el método correcto para invertir es colocar sumas bastante grandes en empresas que uno piensa conoce algo y en cuya gestión cree completamente”.

En cualquier caso, aunque sólo sea como un mero entretenimiento especulativo, cabría plantearse cómo habría contestado JMK a la pregunta comentada en un cuestionario cerrado. En fin, nos encontramos ante uno de los bien conocidos problemas de los test carentes de la posibilidad de explicaciones o consideraciones adicionales.

Como recuerda su biógrafo más afamado, Robert Skidelsky, “A lo largo de su vida, Keynes fue un inversor con un éxito espectacular, a pesar de que sufrió tres grandes reveses… La deprimida situación del capitalismo de la década de 1930 no impidió que Keynes llegara a ser ‘horriblemente próspero’”.

Para quienes no nos hemos dedicado a las inversiones financieras, y sí a las educativas como agentes implicados en su provisión, quizás la principal enseñanza a extraer es la conveniencia de diversificar los métodos de evaluación.

6 de octubre de 2018

El conocimiento de los productos financieros: la paradoja de la cuenta de ahorro

La Encuesta de Competencias Financieras (ECF) promovida por el Banco de España y la CNMV ofrece información de gran relevancia acerca de los conocimientos y hábitos financieros de la población española. Sus principales resultados fueron objeto de comentario en una entrada de este blog de fecha 27 de mayo de 2018.

En una jornada reciente organizada por el proyecto de educación financiera Edufinet (5 de octubre de 2018), en la exposición de las principales conclusiones de la Encuesta, Gloria Caballero, Subdirectora de Educación Financiera de la CNMV, ponía de relieve un resultado un tanto sorprendente: el producto financiero menos conocido (dentro de los incluidos en el estudio) por los ciudadanos españoles es la cuenta de ahorro o imposición a plazo (capítulo 3 de la ECF 2016). De hecho, un 27% de los encuestados no había oído hablar del mismo, mientras que los porcentajes de desconocimiento son inferiores o muy inferiores respecto a otros productos (acciones, 10%; planes de pensiones, 11%; seguro de vida, 3%; hipoteca, 2%; renta fija, 22%; fondos de inversión, 16%).

Ciertamente, de manera especial para aquellos que hemos vivido de cerca el desarrollo del sistema bancario a lo largo de las últimas décadas, dicho resultado es llamativo, aunque en parte puede obedecer a las transformaciones registradas en la estructura de los instrumentos financieros utilizados por las familias al hilo de la modernización del sistema y de la propia economía española. Ver en esa posición al que otrora era un producto estrella no deja de ser una invitación para tomar conciencia de los cambios vividos y hacer balance de las hojas del calendario que se han ido acumulando.

En otros tiempos, la tangibilidad de la libreta era un atributo muy demandado como respaldo de la materialidad de los ahorros. Sin embargo, las dudas no se disipan, sino que se acrecientan, cuando comprobamos cómo el grado de desconocimiento del producto no sólo no disminuye sino que se acentúa con la edad (ECF 2016, cuadro 4, página 28). En cualquier caso, la distinción entre la cuenta de ahorro a la vista y la imposición a plazo fijo llevaba en la práctica a la oferta de dos productos diferenciados.

Pero mayor es la sorpresa cuando, a pesar de lo señalado, comprobamos que la cuenta de ahorro es el vehículo de ahorro más frecuente entre los individuos, que, en un 26%, lo tienen como activo. La tasa de éxito es, pues, notoria, de un 35% (si calculamos el porcentaje de tenencia respecto al de conocimiento declarado del producto, bajo la hipótesis de que todo el mundo “ha oído hablar” de todos los activos que posee). Dicha tasa es mucho más baja en otros instrumentos, como los fondos de inversión (10%). 

Al margen de lo expuesto, la cuestión más importante es si es pertinente establecer una equiparación entre el “conocimiento” de un producto y “haber oído hablar” del mismo. A simple vista, parece evidente que los porcentajes de dicho conocimiento (que van del 73% -depósitos- al 98% -hipotecas-) son bastante superiores a los del grado de conocimiento efectivo de las características concretas de los instrumentos. En este sentido, podría ser interesante, en futuros estudios, complementar las preguntas relativas a la familiarización con los distintos productos con otras encaminadas a contrastar el conocimiento de los rasgos esenciales de cada uno y la capacidad de diferenciar adecuadamente entre ellos.

27 de mayo de 2018

Las competencias financieras de la población española

En el mes de octubre del año 2015, con motivo de la instauración del Día de la Educación Financiera en nuestro país, el Banco de España anunció la realización de una macroencuesta sobre las competencias financieras de la población española. El pasado 25 de mayo, dicha institución, conjuntamente con la CNMV, hizo público el informe (“Encuesta de Competencias Financieras 2016”), elaborado por Olympia Bover, Laura Hospido y Ernesto Villanueva, autores de rigurosos estudios sobre los programas de educación financiera.

El documento, de 63 páginas, constituye la referencia más completa y actualizada acerca de los conocimientos y competencias en el ámbito de la cultura financiera en España, además de ofrecer una valiosa información respecto a los hábitos financieros y otros aspectos de interés de la población adulta española (personas de edad entre 18 y 79 años).

El estudio se enmarca dentro de un proyecto internacional auspiciado por la OCDE, por lo que, con vistas a la medición del nivel de los conocimientos financieros se adoptan tres preguntas básicas ya tradicionales en los estudios internacionales. A su consideración, en una valoración inicial, van dedicadas estas líneas.

Lo primero que habría que señalar, después de ponderar la relevancia y la utilidad del informe, y de constatar el alcance de los cuestionarios internacionales, es que nos quedamos, en cierta manera, con la miel en los labios. Limitar a tres preguntas el círculo de los conocimientos financieros a contrastar, a pesar de ser la tendencia imperante, se nos puede antojar un producto muy dosificado a tenor del despliegue de una encuesta semejante. Sobre todo después de haber vislumbrado otros cuestionarios, utilizados en otros contextos, con mayores dotaciones de preguntas (“Educación financiera y planificación fiscal: un enfoque metodológico introductorio”, WP-02/18, Instituto de Análisis Económico y Social, Universidad de Alcalá). No obstante, esa cicatería derivada de la adecuación a los estándares internacionales se ve paliada con la inclusión de otras tres preguntas sobre conocimientos económicos, a las que también nos referiremos luego.

Las tres preguntas “estrella” sobre conocimientos financieros son las siguientes (págs. 11-12 del Informe):

Inflación
Imagine que cinco hermanos reciben un regalo 1.000 €. Si comparten el dinero a partes iguales, ¿cuánto obtendrá cada uno?
Imagine ahora que los cinco hermanos tuvieran que esperar un año para obtener su parte de los 1.000 €, y que la inflación de ese año fuese del 1%. En el plazo de un año serán capaces de comprar: ¿más de lo que podrían comprar hoy con su parte del dinero, la misma cantidad, o menos de lo que podrían comprar hoy?

Tipo de interés compuesto
Supongamos que ingresa 100 euros en una cuenta de ahorro con un interés fijo del 2% anual. En esta cuenta no hay comisiones ni impuestos. Si no hace ningún otro ingreso a esta cuenta ni retira ningún dinero, ¿cuánto dinero habrá en la cuenta al final del primer año, una vez que le paguen los intereses?
De nuevo, si no hace ningún ingreso ni retira ningún dinero, una vez abonado el pago de intereses, ¿cuánto dinero habrá en la cuenta después de cinco años: más de 110 euros, exactamente 110 euros, menos de 110 euros, o es imposible decirlo con la información dada?

Diversificación del riesgo
Por lo general, es posible reducir el riesgo de invertir en Bolsa mediante la compra de una amplia variedad de acciones. ¿Verdadero o falso?

La primera pregunta sobre conocimientos financieros se refiere a la inflación y, en puridad, cabría etiquetarla más bien como propia de los conocimientos económicos generales. Como ya hemos apuntado en otro lugar, resulta ciertamente difícil delimitar inequívocamente los dominios estrictos de la educación financiera y, en particular, respecto a los conceptos económicos. Está precedida de una pregunta de cálculo elemental, cuyo carácter selectivo o no para pasar a la cuestión temática no se indica. Un 58% de los encuestados responde correctamente que la inflación resta poder adquisitivo al dinero, pero no dejan de ser llamativos los porcentajes de quienes contestan de forma incorrecta (33%) o no contestan (9%). No cabe suponer que entre quienes optan por una respuesta incorrecta se encuentren personas que quisieran discriminar entre cestas de consumo específicas en función de sus diferentes índices de precios particularizados. Sí resulta curioso que el grupo que tiene un menor porcentaje de respuestas correctas sea el de los individuos menores de 35 años, que no han conocido procesos de inflación significativa. En cualquier caso, una tasa de inflación del 1% anual no tiene el mismo significado en todos los países, por lo que esta pregunta está adaptada al entorno económico de cada país. Los finlandeses y los estonios, con un 83% de acierto, obtienen la máxima nota entre los países europeos.

La pregunta relativa al interés compuesto está precedida de otra centrada en el cálculo del interés simple. Algo menos de la mitad de encuestados (46%) contesta correctamente que el saldo final superaría los 110 euros (se supone que al encuestado le queda claro que el cálculo se refiere a un período de 5 años desde el inicio, y no a partir del primer año antes referido). Como en otros casos encontrados en cuestionarios sobre educación financiera, en realidad esta segunda pregunta puede responderse sin conocer la noción de interés compuesto. La respuesta puede obtenerse con la aplicación de la aritmética elemental. En Europa, son los noruegos quienes, con un 65%, alcanzan un mayor porcentaje de aciertos en esta pregunta.

La última pregunta sobre conocimientos financieros concierne a la noción de diversificación del riesgo. Pese a contemplarse solo dos respuestas, verdadero o falso, llama la atención que el porcentaje de aciertos no llegue a la mitad (49%) y, especialmente, el elevado porcentaje de personas que no responden (27%). En este tipo de preguntas, que buscan contrastar el grado de conocimientos o competencias, puede surgir el problema de que las respuestas se vean condicionadas por una falta de conocimiento o de comprensión de los conceptos subyacentes. En este caso, la naturaleza de la acciones como instrumento financiero. Podría ocurrir que personas que responden erróneamente o no responden en relación con la diversificación de riesgos (ventajas de no concentrar las inversiones en un solo valor) cambiaran su respuesta si conocieran adecuadamente las características de las acciones. Una pregunta previa tendría quizás aquí una clara justificación. Esto afecta a un problema metodológico relevante en el diseño de preguntas tipo test. Tiene sentido emplear ese enfoque en la evaluación de una disciplina académica (para contestar una pregunta se considera que se deben conocer previamente otros conceptos), pero hay que adoptar cautelas en otros supuestos. En Europa, los franceses y los lituanos (con un 75%) parecen los más avezados en la diversificación de riesgos.

Las preguntas sobre conocimientos económicos generales son (págs. 23-24 del Informe):

Dinero en metálico
¿Qué afirmación acerca del dinero considera correcta?: a) El dinero en metálico mantiene su valor cuando la inflación es elevada; b) El dinero en metálico hace más fácil comprar y vender bienes; c) El dinero en metálico hace que sea más difícil ahorrar; d) No sabe/no contesta.

Efectos de la inflación
¿Qué grupo se podría beneficiar más de un aumento inesperado de la inflación?: a) Un hogar que tiene una hipoteca a tipo de interés fijo; b) Un banco que ha concedido una hipoteca a tipo de interés fijo; c) Un hogar que vive de los rendimientos de activos de renta fija; d) No sabe/no contesta.

Producción de bienes y servicios
¿Quién determina qué bienes y servicios se producen en España?: a) Las empresas y los Gobiernos; b) Los consumidores y los Gobiernos; c) Las empresas, los consumidores y los Gobiernos; d) No sabe/no contesta.

También las preguntas sobre conocimientos económicos, aunque interesantes, nos parecen un tanto exiguas, de nuevo en el contexto de un estudio de una envergadura como el realizado. Sin que en modo alguno pueda entenderse como una crítica, la selección de este trío de preguntas y su formulación concreta podría ser objeto de algunas consideraciones.

Así, en el enunciado de la respuesta correcta a la primera pregunta (la opción b) no se menciona el término de comparación, como tampoco en la última opción; en realidad, tampoco respecto a la primera. Para un conocedor de estos conceptos lo anterior puede carecer de relevancia práctica, pero tal vez su omisión podría inducir algunas dudas en otras personas.

En la segunda pregunta se plantea qué grupo podría ser el mayor beneficiado ante un aumento inesperado de la inflación (opción a), cuando luego se especifican agentes individuales representativos. Por otro lado, la utilización implícita del “ceteris paribus” podría originar cierta confusión en algunos encuestados (¿qué se supone que ocurre en otros apartados que no se mencionan?). Asimismo, más que de beneficio podría ser más oportuno hablar de no perjuicio.

La última de las preguntas se centra en los agentes determinantes de los bienes y servicios producidos (opción c). Aunque solo sea por no dejar de hacer algún comentario, totalmente inocuo, cabría señalar que la denominación de “Administraciones Públicas”, en lugar de “Gobiernos”, podría ser más apropiada en el caso de España. Y, personalmente, quizás habría buscado otra forma de redactar la pregunta, que, en algún modo, evoca un cierto enfoque “orgánico” o “dirigista” en la adopción de las decisiones económicas.

En definitiva, bienvenida sea la “Encuesta de Competencias Financieras”, que está llamada a convertirse en una referencia imprescindible y de gran valor para el seguimiento del nivel de cultura financiera y de las pautas de comportamiento financiero de la población española. La consideración de la amplia batería estadística incorporada permite extraer importantes conclusiones sobre los comportamientos financieros de las personas adultas, desde diferentes perspectivas, e identificar aspectos clave para el diseño de acciones formativas en el campo de la educación financiera.

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