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3 de abril de 2024

Reencuentro económico con Dickens

De manera insospechada, alguien me hace llegar el documento completo utilizado como base de una ponencia impartida en un curso de verano en Ronda… allá por el año 2007… Casi olvidada desde entonces, causa un poco de vértigo transitar por los abundantes recovecos en los que se desgajaba el desarrollo de un título como el de “la financiación de los clubes de baloncesto”.

Rememorar documentos propios alejados en el tiempo genera una mezcla de sentimientos y sensaciones, especialmente cuando han sido meras apariciones efímeras sin dejar ningún rastro material. Simplemente, el esfuerzo tuvo un comienzo y un final, circunscrito a una exposición única e irrepetible, carente de toda continuidad o aprovechamiento colateral. Cuando, por circunstancias azarosas, se recuperan las huellas perdidas, la desorientación se adueña momentáneamente de nosotros. Pero, a veces, aparecen destellos de lucidez ajena que sirven como bálsamos reparadores.

Así se percibe este instructivo pensamiento de Charles Dickens: “Es una gran verdad, sí, señor. En un chelín hay un millón, como en un grano de trigo hay toda una cosecha para llenar un granero; el secreto consiste en colocar bien el chelín y en sembrar el grano de trigo en buena tierra. La inteligencia y el ahorro dan a los ceros valor poniéndolos a continuación de las cifras; la locura y la prodigalidad ponen la cifra a continuación de los ceros”. 



20 de julio de 2023

Preceptos económicos bíblicos

Los textos bíblicos están salpicados de referencias, muchas de ellas bastante crípticas, al ámbito de la tributación. Algunas de ellas han sido comentadas aquí. Al no haber podido abordar un proyecto de análisis sistemático, uno ha de contentarse con efectuar incursiones esporádicas a la búsqueda de mensajes más o menos explícitos.

En su predicación en el desierto, Juan imparte directrices de distinta naturaleza, algunas de las cuales -quizás un tanto camufladamente- tienen connotaciones económicas (Lucas, 3, 10-14).

Una de ellas tiene evidentes implicaciones redistributivas: “El que tenga dos túnicas, que le dé una al que no tiene ninguna, y el que tenga comida que haga lo mismo”. El Bautista se decanta abiertamente por la igualdad de resultados, en lugar de por la igualdad de oportunidades.

En otra transmite a los soldados algunas pautas muy claras: “No uséis la violencia, no hagáis extorsión a nadie, y contentaos con vuestra paga”. Mucha es la carga de profundidad que se percibe en cada una de las tres vertientes enunciadas.

Finalmente, en otra instrucción, dirigida a unos publicanos (subalternos judíos encargados por Roma de la recaudación de impuestos), dicta lo siguiente: “No exijáis nada fuera de lo fijado”. El cumplimiento de este precepto, con el respaldo del principio de legalidad, estaría vinculado al principio impositivo de transparencia o de certeza de las obligaciones tributarias. 

15 de agosto de 2020

Algunos principios económicos del Eclesiastés

El Eclesiastés figura catalogado como uno de los “libros sapienciales” de la Biblia. El texto hace pleno honor a esa calificación, pues las reflexiones de Qohélet son un compendio de sabiduría del que pueden extraerse valiosas lecciones, como ésta: “la sabiduría es más provechosa que la necedad, como la luz aprovecha más que las tinieblas”.

Además de ingeniosas “reglas de vida”, sus escuetos párrafos contienen también algunos principios y razonamientos con conexiones económicas. He aquí algunos de ellos:

i.  El “efecto antilegado”: la reticencia a que los sucesores dinásticos del autor de las reflexiones, sin esfuerzo ni mérito algunos, llegaran a disfrutar de los frutos de sus actuaciones actúa como un desincentivo a la realización de proyectos que beneficiarían no sólo a los monarcas sino también al conjunto de la población.

ii. La exaltación del bienestar personal: nos encontramos también con la máxima de que “… el único bien del hombre es disfrutar y pasarlo bien en la vida”, lo que, en el marco de una filosofía hedonista, nos situaría en el camino de los indicadores basados en la felicidad más que en la producción nacional.

 iii. El componente anímico de las retribuciones: “el único bien del hombre es disfrutar con lo que hace: esta es su paga”.

iv. El principio de insaciabilidad, especialmente aplicable cuando se trata de dinero: “quien ama el dinero nunca se sacia”.

v.  El principio de la diversificación del patrimonio: hoy la diversificación de activos es un auténtico lugar común, aunque sea una pregunta fija en los cuestionarios sobre cultura financiera; no obstante, como se ponía de relieve en una entrada de este blog de fecha 6 de diciembre de 2018, nos podemos encontrar con algunas curiosas sorpresas cuando repasamos su consideración desde una perspectiva histórica. El principio aparece recogido claramente en el libro sagrado, si bien impregnado de algunas connotaciones un tanto crípticas: “Envía tu grano por el mar y después de cierto tiempo podrás recuperarlo. Divide lo que tienes en siete u ocho partes, pues no sabes la desgracia que puede sobrevenir en la tierra…[1]”.



[1] En la versión inglesa, la idea de invertir en proyectos diferentes aparece expresada de forma más nítida: “Invest in seven ventures, yes in eight; you do not know what disaster may come upon land”.

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