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21 de agosto de 2022

Un “mensaje brutal” sobre la política presupuestaria

¿Qué cabría entender por un “mensaje brutal” acerca de las orientaciones que debería seguir la política presupuestaria?

La orientación y la magnitud del saldo presupuestario del sector público, foco de discusión tradicional, viene siendo objeto, a lo largo de los últimos años, de profundas controversias. La polarización se ha adueñado también de este territorio, en el que, sin ignorar la influencia de las posiciones ideológicas, fuertemente arraigadas, cabría esperar la presencia de un mínimo componente técnico.

A este respecto, ¿cómo cabría calificar la siguiente prescripción: “los franceses deberían trabajar más y el gobierno, gastar menos”?

Se trata de un mensaje lanzado en su día por Valérie Pécresse, candidata a las elecciones presidenciales francesas de 2022, que incluso se consideró que podía desafiar a E. Macron[1]. En su programa incluía, asimismo, la intención de retrasar la edad de jubilación desde los 62 a los 65 años, y de reducir el número de funcionarios de un sector público que calificaba como “burocrático y tentacular”.

Sin embargo, ese “brutal mensaje” en la esfera presupuestaria no encontró demasiado apoyo entre los votantes, que incluso buscaban una extensión adicional de la influencia del aparato estatal.

Curiosamente, el comentarista que califica el anterior mensaje presupuestario en tales términos, en el mismo artículo, recoge que, realmente, quien lo proponía llevaba razón. Hasta tal punto es así -señala- que Bruno Le Maire, ministro francés de finanzas, considerado el arquitecto del programa de asistencia ante la crisis pandémica “al coste que haga falta”, y crítico con las reglas fiscales de la Unión Europea, había llegado a reconocer que las finanzas públicas francesas habían entrado en una zona de peligro[2].

De hecho, en el informe de julio de 2022 de la Cámara de Cuentas francesa se recoge lo siguiente[3]: “Le rapprochement progressif de la situation des finances publiques de la France de celle de ses partenaires européens devrait constituer un objectif majeur. Il implique, comme l’a indiqué la Commission européenne, que les pays ayant les situations les plus dégradées, comme la France, fassent des efforts plus importants de consolidation”.

Al parecer, Le Maire está ahora comprometido con las supuestas virtudes -para otros, pecados no veniales- de la “castidad y del autocontrol” (presupuestarios), pero, como San Agustín, pide que no se les apliquen todavía[4].

 


[1] Vid.: V. Mallet, “Valérie Pécresse, the woman who could beat Macron”, Financial Times, 10-12-2021, y V. Mallet y S. White, “Valérie Pécresse promises return to fiscal discipline in bid for French presidency”, Financial Times, 13-2-2022.

[2] Vid. V. Mallet, “France an the St Augustine approach to public finances”, Financial Times, 18-8-2022.

[3] Vid. “La situation et les perspectives des finances publiques” - juillet 2022 Cour des comptes - www.ccomptes.fr - @Courdescomptes, pág. 16.

[4] Vid. V. Mallet, “France an the St Augustine approach to public finances”, Financial Times, 18-8-2022.

 

27 de marzo de 2022

El déficit público estructural en España

 

Puede que muchos ciudadanos no tengan conciencia, pero el concepto de déficit público estructural dio un salto cualitativo muy importante en el año 2011, a raíz de la reforma exprés de la Constitución española llevada a cabo en dicho año. Desde entonces, viene protagonizando la “regla de oro” de las finanzas públicas en el ámbito de la Unión Monetaria Europea.

Aunque sujeta a dificultades y controversias de orden metodológico, se trata de una herramienta conceptual de gran utilidad para examinar la situación y la sostenibilidad de las finanzas públicas. Una forma sencilla de aproximarnos a dicha noción (genéricamente, a la de saldo presupuestario estructural) puede ser a través de la pregunta planteada en el gráfico adjunto. Ante tres situaciones hipotéticas en distintos momentos, ¿dónde cabe entender que es más preocupante un déficit público equivalente, por ejemplo, a un 5% del PIB: en A, B o C?

Las tres situaciones difieren en cuanto a la fase del ciclo económico a la que corresponde cada una: en A, se da una coyuntura económica negativa, la producción está por debajo de la producción potencial del país (output gap negativo); en B ocurre todo lo contrario, e incluso la economía crece por encima de su potencial (output gap positivo); en C puede decirse que el impacto de la coyuntura económica es nulo, toda vez que la producción efectiva se corresponde con la potencial (output gap nulo).

Evidentemente, el signo de la coyuntura económica influye claramente en la situación de las finanzas públicas: en situaciones como la A, habrá un impacto adverso, ya que se dispararán los programas de gasto de carácter prestacional y caerá la recaudación impositiva como consecuencia de la menor actividad; situaciones como B serían las más favorables para las cuentas públicas, debido a que las prestaciones públicas por desempleo y otras estarán en mínimos, y la recaudación impositiva será muy elevada; por último, en situaciones como la C, las cuentas públicas no se verían afectadas, ni positiva ni negativamente, por la coyuntura. De este modo, el saldo presupuestario del sector público nos estaría mostrando su verdadera cara, sin la influencia de efectos coyunturales. Debido a esto, el concepto de saldo presupuestario estructural consiste en el saldo que se daría en una situación como la C, con un output gap nulo.

De las tres situaciones consideradas, un déficit de la misma cuantía sería más preocupante en un caso como el B: ante el mejor panorama posible para las finanzas públicas, se generaría un déficit. En una situación como la A, el mismo déficit sería menos preocupante, puesto que, sin necesidad de adoptar ninguna medida, de manera automática, cuando mejore la coyuntura económica lo harán también las finanzas públicas.

La cuantía del déficit presupuestario estructural nos indica que ese importe no se va a reducir de manera automática. Para corregirlo será necesario adoptar medidas para disminuir los gastos y/o aumentar los ingresos públicos.

En su último informe sobre la economía española, el Fondo Monetario Internacional estima un déficit público estructural del orden del 4% del PIB. Esa cifra nos coloca ante el espejo, que nos devuelve un mensaje no del todo halagüeño: el agujero estructural de las cuentas pública roza los 50.000 millones de euro anuales en el marco de los programas de gastos e ingresos públicos vigentes.






28 de noviembre de 2019

La hora de la política fiscal: los cuadrantes de la sostenibilidad presupuestaria

Ha llegado la hora de la política fiscal. Es una frase de moda, repetida como una consigna por analistas, políticos y economistas. Va asociada a otra idea extendida, la de que la política monetaria, más que agotado, ha exprimido todo su arsenal, hasta adentrarse en la más insospechada heterodoxia, y que ya no da más de sí. Si los conductos monetarios están exhaustos, es el momento de desplegar una batería de medidas presupuestarias, preferentemente por la vía del gasto público. Salir del agujero negro monetario no será tarea fácil.

Desde luego que podrían hacerse algunas matizaciones. La primera, que la política fiscal realmente no ha estado tan ausente como se proclama, sino que ha estado camuflada en la política monetaria. La otra, que, como ya han aseverado las autoridades monerarias europeas, llegado el caso, el Banco Central Europeo no escatimaría ningún esfuerzo, sin descartar ningún tipo de actuación… La verdad es que aterra pensar en esa coyuntura. Tal vez la imagen de un agujero negro monetario, asociada a la de un pozo -se supone que con algún fondo- , se deformaría en la de un agujero negro estelar.

Lejos, de momento, de ese escenario apocalíptico, la nueva ortodoxia pasa por auxiliar a la política monetaria heterodoxa, transgresora y balsámica, con el recurso a los instrumentos presupuestarios, después de una época dominada por la denostada austeridad.

No todos los países, sin embargo, están en la mismas condiciones ni disponen de los mismos márgenes de actuación. La ubicación de los distintos países en el espacio delimitado por dos indicadores “maastrichtianos” (no en sentido geológico) cruciales, como son el del saldo presupuestario público y el de la ratio de deuda pública, ambos respecto al PIB, nos ofrece algunas pistas significativas.

Así, en el gráfico adjunto se recoge la posición absoluta y relativa de los países de la Unión Europea. Al representar las líneas correspondientes a un déficit del 3% y a un saldo de deuda del 60%, respecto al PIB, quedan delimitados cuatro cuadrantes.

No sé si a Nono Valdivieso le habrán quedado ganas de seguir haciendo incursiones en el mundo de los gráficos, pero espero que, en el supuesto de que llegue a ver este, convenga conmigo en que algunas representaciones son bastante autoexplicativas. Esta es, en mi opinión, una de ellas. Si no mil, la imagen ahorra un buen lote de palabras.



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