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3 de agosto de 2023

La muerte del verano

 

Firmado por cualquier otro autor, un título como el de arriba podría atribuirse a algún comentarista con cierta tendencia a la exageración. Cuando comprobamos que quien lo suscribe es un historiador como Niall Ferguson, uno no puede sino acoger el artículo con una cierta inquietud, que se acrecienta a medida que se avanza en su lectura[1]. Las crecientes temperaturas globales amenazan con acabar con la versión del verano de sol y playa, es la tesis que sostiene: “Incluso quienes prefieren no pensar demasiado profundamente en el cambio climático perciben cuando sus vacaciones familiares de verano se transforman en un calvario equivalente a algo así como asarse lentamente”.

Continúa señalando que quienes disponen del stock de capital -hoteles, viviendas, embarcaciones- (también, habría que añadir, los bañistas no capitalistas y cualquier residente no veraniego) se aferran a la esperanza de que este verano sea una anomalía, y que el año próximo se retornará a una situación de normalidad. Sin embargo, mantienen la misma esperanza desde hace ya algunos años. Una terrible pregunta se suscita: “¿Qué ocurrirá si esta es la nueva normalidad?”.

Para calibrar mejor el panorama, el historiador británico se centra en el caso de España y, específicamente, en la Costa del Sol, donde tradicionalmente ha tenido mucha importancia el turismo británico: “Hasta ahora, ha habido tres olas de calor este verano, llevando la temperatura por encima de los 40 grados, y las vacaciones tradicionales en la Costa del Sol se han convertido en una abrumadora miseria”.

Ante un (¿imparable?) proceso de desertización de nuestro país, “si España fuera una compañía, los consultores dirían: ‘su modelo de negocio ya no funciona…”.

Si esto es así, ¿habría que seguir manteniendo una (¿vana?) esperanza, o ir preparándose ya para una reconversión en todos los órdenes?

Hace luego Ferguson algunas matizaciones, pero… (¿tbc?).



[1] Vid. N. Ferguson, “The death of summer”, bloomberg.com, 30-7-2023.

25 de julio de 2020

Haces luminosos de estrellas extinguidas

Es probable que la luz que veamos esta noche en el cielo proceda de alguna estrella que se extinguió hace años. También, en ocasiones, por la incomparable magia de la imprenta, encontramos pensamientos lumínicos emitidos por representantes de corrientes desaparecidas o de pensadores aislados hoy olvidados.

Según algunas versiones interpretativas del mundo que nos circunda, los miembros de la organización secreta de los Illuminati, que han ido custodiando saberes ocultos a través del tiempo, manejan muchos de los hilos que mueven nuestros destinos. Quien, imbuido de esa creencia, se adentre en las páginas de “La plaza y la torre”, de Niall Ferguson, es probable que quede bastante desconcertado y desilusionado con la esencia que sustentó el inestable edificio de su doctrina.

A la búsqueda de sus huellas, encontrarse con la selección de textos de uno de sus más significados personajes recientemente aparecida es capaz de sumirnos momentáneamente en un estado de confusión y, si se quiere, hasta de dar pábulo a alguna sospecha acerca de la existencia de núcleos silenciosos que perseveran en su callada misión. Más allá de tales especulaciones, nos encontramos con una más que interesante colección de consejos y máximas, con un auténtico “filón” [1].

Circunstancialmente, para añadir algo más de misterio, al ya más que considerable que se deriva del hecho de haber recibido la obra de un remitente desconocido, al examinarlo, el libro se abrió justamente por la página en la que se recoge la siguiente recomendación:

“No te atribuyas aquello que debes a los méritos de otros. Si recibes alguna cortesía o algún favor por tu conexión con una persona respetable, no te ufanes de ello, sino sé lo bastante modesto como para pensar que probablemente se te habría tratado de manera diferente si hubiera sido solo por ti. No obstante, intenta aspirar a que se te honre por ti mismo. Es preferible que seas la pequeña lámpara que ilumina un rincón oscuro con su propia luz que la gran luna de un sol ajeno, o el satélite de un planeta”.


[1] Adolph Knigge, “De cómo tratar con las personas”, traducción, introducción y selección de José Rafael Hernández Arias, Arpa, 2020.

18 de junio de 2020

La pandemia del coronavirus según Niall Ferguson: algunas ¿verdades? incómodas

Niall Ferguson es un destacado historiador, especializado en el campo de las finanzas, que utiliza las enseñanzas históricas para analizar los problemas actuales, sin rehuir el debate sobre los temas económicos más controvertidos. Sus obras se caracterizan por incluir perspectivas novedosas y aflorar aspectos soslayados en los estudios convencionales. Reúne, además, la condición de ser un gran comunicador, lo que le lleva a lanzar mensajes con un gran poder de persuasión, aunque a veces podamos mantener algún escepticismo respecto a algunas de sus manifestaciones.

Eso es lo que me ocurrió cuando, en el año 2008, leí unas declaraciones suyas en la revista The Economist según las cuales él, que había impartido clases en las mejoras escuelas de negocio del mundo, consideraba que muchos de los estudiantes no sabían diferenciar entre el tipo de interés nominal y el tipo de interés real. Como he expresado en otros lugares, cuesta asimilar semejante constatación, pero dicho testimonio, aunque pudiera ser un tanto hiperbólico, me fue de utilidad como indicio para justificar la necesidad de actuar con vistas a la promoción de la cultura financiera de ciudadanos que no han tenido la oportunidad de pisar esos centros de élite.

No recuerdo haber leído ningún texto de Niall Ferguson sin haber encontrado algún aliciente. Por eso, cuando casualmente me topé con el anuncio de una entrevista suya acerca de la crisis de la Covid-19 no dudé en localizarla. Después de leerla, sólo lamento una cosa, que sea de tan corta extensión. Breve, sí, pero sumamente jugosa. Y, aunque se pueda estar más o menos de acuerdo con cada una de sus afiladas respuestas, no se puede permanecer indiferente ante ellas. Sus argumentos, lanzados desde una libertad de pensamiento incontestable, son una invitación a la reflexión y al debate. No sé realmente si son o no verdades irrefutables, pero sí sospecho que puedan ser dardos incómodos, especialmente para quienes tienen todas las respuestas y disfrutan del privilegio de estar imbuidos de la razón.

Recomendaría, pues, una lectura sosegada de la referida entrevista (Actualidad Económica, 14 de junio de 2020). Aquí me limitaré a entresacar algunas frases significativas, sin añadir comentario alguno:

i.         “El principal riesgo es que hemos creado una disrupción económica superior a lo que seguramente era necesaria y cuyas consecuencias son potencialmente más dañinas que la propia pandemia”.

 ii.         “El gran error fue retrasar la adopción de medidas una vez que se cobró conciencia de la gravedad de la enfermedad”.

iii.         “Muchos Gobiernos minimizaron los riesgos en enero y febrero, para luego, en un giro pendular, dejarse dominar por el pánico en marzo y cerrarlo todo”.

iv.         “La mayor responsabilidad corresponde claramente al Partido Comunista Chino, que fue primero incapaz de contener el brote, lo ocultó luego y no facilitó finalmente información a la comunidad internacional sobre el alcance del mal”.

v.         “El problema no ha sido la globalización, sino la falta de preparación de los Gobiernos y, desde luego, la incapacidad y la mala gestión una vez se planteó el problema”.

vi.         “La cuestión relevante es por qué no lo hemos hecho mejor”.

vii.      “Más que a un cisne negro, el covid se asemeja a… un ‘rinoceronte gris’… es decir, un evento que todo el mundo ve venir y del que es posible escudarse, pero que se prefiere ignorar”.

viii.         “… Es deshonesto pretextar que era imposible habilitar planes de contingencia mejores”.

ix.       “El covid allana el terreno para iniciativas como la renta básica universal y legitima los déficits de tamaño planetario. También ha elevado a la categoría de dogma de fe la idea de que un sistema de salud universal solo puede ser público”.

x.         “Ciberia [“Cíber” + “Siberia”] es hoy más relevante que nunca, porque, primero… las grandes tecnológicas también son más poderosas que nunca y, segundo, porque la capacidad disruptora de las redes en una sociedad abierta son mayores”.


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