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26 de agosto de 2023

Lo que está mal en el mundo

 

Era Chesterton un pensador profundo e ingenioso, pero no menos enrevesado. Raro es encontrar una frase suya, en muchos de sus ensayos, que no tenga más de una intención. Premeditadamente, confunde al lector y le hace caer en trampas interpretativas, cuando no lo deja sumido en la incertidumbre. “Lo que está mal en el mundo”, título de una colección de ensayos -enmendado, curiosamente, porque el originario, “Lo que está mal”, había dado lugar a muchos malentendidos-, nos deja, de entrada, con alguna que otra duda respecto a su verdadero alcance: “He llamado a este libro Lo que está mal en el mundo y el resultado del título puede [según él] entenderse fácil y claramente. Lo que está mal es que no nos preguntamos qué está bien”. Parafraseando al escritor británico, ¿qué nos deberíamos plantearnos en el plano individual: lo que está mal o lo que está bien?

Ya en el primer capítulo arremete contra ciertas pautas metodológicas seguidas en el campo de la sociología: ¿debe declararse la enfermedad antes de encontrar la cura, o primero encontrar la cura y luego declarar la enfermedad? E incide en la idea de que “la gran dificultad en nuestros problemas públicos es que algunos hombres [y algunas mujeres] pretenden imponer remedios que otros hombres [y otras mujeres] contemplarían como la peor de las enfermedades; ofrecen como estados de salud unas condiciones definitivas que otros [y otras] llamarían de buena gana estados de enfermedad”.

Sin embargo, a veces, alguien puede llegar a catalogar como situación de bienestar personal el padecimiento de una enfermedad en estado latente o incluso perceptible. “La cura del bienestar” muestra un repertorio de ejemplos escalofriantes.



13 de enero de 2022

La utilidad de la literatura, según Chesterton

En un ensayo “Sobre la lectura”[1], Chesterton nos dice, sin ningún tipo de ambages, cuál es la utilidad de la literatura, o, más exactamente, la de los grandes maestros de la literatura. Sin perjuicio de que alguien pueda cuestionar una aproximación de corte utilitarista a este campo artístico, no encontramos en su aserto atributos intrínsecos sino, más bien, una suerte de funcionalidad. “La utilidad más elevada de los grandes maestros de la literatura no es de orden literario… El primer uso de la buena literatura es evitar que el hombre se limite a ser moderno”, asevera el escritor británico. Para él, “la literatura, la clásica y perdurable literatura, realiza su mejor cometido cuando nos fuerza a perpetuidad a contrastar otras ideas más antiguas con aquellas que hasta ahora podemos sentir la tentación de abrazar”.

Y no duda en lanzar todo un órdago intelectual: “Todas las nuevas ideas se encuentran en los viejos libros: sólo allí las hallará uno equilibradas, ubicadas en el lugar adecuado, y en ocasiones también refutadas y superadas por otras ideas mejores”. Pero dónde estará el bibliotecario que nos pueda ir proporcionando los textos necesarios, en el orden oportuno…

“El Príncipe de las paradojas” también nos dice que “Sin duda, un libro es un objeto sagrado. En un libro, las mayores joyas quedan de verdad encerradas en el menor ataúd. Pero eso no altera el hecho de que la superstición comienza cuando el ataúd se valora más que las mismas joyas. Éste es el gran pecado de la idolatría, contra la cual la religión nos viene advirtiendo desde siempre”[2]. Inquietante y ocurrente advertencia, sea lo que sea lo que quisiera decir con este alegato.



[1] Gilbert K. Chesterton, “La utilidad de leer. Ensayos escogidos”, Trama Editorial, 2021.

[2] G. K. Chesterton, “La locura y los libros”, Ibíd.



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