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23 de diciembre de 2023

“Archipiélago Gulag”: 1973-2023

 

Se han cumplido 50 años desde que viera la luz “Archipiélago Gulag”, obra escrita por Alexandr Solzhenitsyn, cuya “fuerza documental y moral [según Mario Vargas Llosa] no tiene paralelo en la historia moderna”.

Durante bastante tiempo, entre fervientes creyentes del credo comunista, en cuyos esquemas mentales no entraba que en el paraíso comunista pudiera haber campos de concentración, se consideraba que no eran más que patrañas inventadas por la omnipresente agencia central de inteligencia, que se encargaba también de grabar imágenes ficticias o manipuladas con meros fines de desacreditación. El autor de la referida obra llegó a ser objeto de ácidas críticas durante su visita a Málaga. Quedó delatado cuando quedó constatada su inclinación por las gambas. Caso cerrado.

“El universo tiene tantos centros como seres vivos hay en él. Cada uno de nosotros es un centro del universo. Y el cosmos se desmorona cuando le dicen a uno entre dientes: ‘¡Queda usted detenido!’”.

Así lo afirma Solzhenitsyn en el arranque de su desgarradora crónica, que, cincuenta años después, es tenida por algunos como una simple muestra del género de ficción. Y, además, si acaso no lo fuera, aquellos experimentos colectivos pudieron estar pensados para generar beneficios a largo plazo... [Tiempo Vivo : El Gulag: ¿efectos económicos positivos a largo plazo? (neotiempovivo.blogspot.com)]



12 de febrero de 2022

El Gulag: ¿efectos económicos positivos a largo plazo?

 

Los partidarios de la técnica del análisis coste-beneficio para la evaluación de proyectos públicos insisten en que deben computarse todo tipo de costes y beneficios, dinerarios y no dinerarios, tangibles e intangibles, directos e inducidos, inmediatos y diferidos, únicos y recurrentes, previstos y no previstos… Esto último es especialmente predicable de los análisis ex post, pero, cuando es posible, también hay que tener en cuenta, en los análisis ex ante, las consecuencias no deseadas, atribuyéndoles alguna probabilidad.

A estas alturas de la historia, más de cien años después del triunfo de la revolución rusa, casi todo el mundo es consciente de los logros de un régimen que llegó a convertirse en un imperio enorme. A pesar de que dejó de existir con arreglo a sus esquemas de socialismo real, su influencia, especialmente en el plano ideológico, sigue viva, cuando no pujante, en todo el mundo. Tales contribuciones son reconocidas, así como las de sus principales artífices a la teoría de la democracia y, de manera particular, a su puesta en práctica. Fueron paladines de la justicia y la libertad, que llevaron, libres de interpretaciones y desviaciones impías, a millones y millones de personas.

Según acreditan los testimonios de múltiples fuentes dignas de toda solvencia, hubo algunos colectivos que fueron beneficiarios muy directos de determinados programas de actuación intensiva, conocidos con el enigmático nombre de “Gulag”. Algunos de los afortunados partícipes de esos programas de adiestramiento, en el momento, no supieron ver todos los beneficios, individuales y sociales, a corto y a largo plazo, que generaban. Pese a ello, hubo una notable perseverancia gubernamental, y se llegaron a desarrollar 474 iniciativas locales entre los años 1929 y 1952. Nada menos que 11,3 millones de individuos tuvieron el privilegio de ser reclutados para tan significada misión. Algunos no supieron ver que se les elegía por su elevado nivel cultural e intelectual, como artistas, ingenieros, gestores o profesores. Casi un tercio de los becados pertenecían a algunos de esos gremios.

En la segunda mitad de los años cincuenta se puso término al experimento, y los participantes (supervivientes) optaron, en gran medida, por permanecer en localidades cercanas a la ubicación de sus centros de adiestramiento. Investigadores actuales, que han rastreado los datos económicos en un largo periodo, han encontrado sólida evidencia en el sentido de que las áreas limítrofes a dichos centros registraron efectos persistentes, posiblemente vía transmisión intergeneracional de capital humano. Las empresas situadas en su radio de influencia muestran salarios y beneficios más altos por empleado. Los investigadores concluyen que su estudio pone de relieve el papel de la educación en el proceso de desarrollo y su distribución territorial[1].

En el mapa adjunto se refleja la ubicación de los campos de trabajo forzado del sistema del Gulag soviético. Los círculos son proporcionales a la población de prisioneros de los campos. Es sobrecogedor simplemente pensar en el inmenso sufrimiento de los 11,3 millones de convictos que padecieron la desgracia de ser declarados “enemigos del pueblo”. Ese sufrimiento no puede llegar a representarse fielmente por ningún círculo, por muy grande que sea.



[1] Vid. G. Toews y P.-L. Vézina, “Enemies of the people”, VOX, CEPR Policy Portal, 23-9-2021.


9 de enero de 2022

“La casa eterna”: el relato del legado de la revolución rusa

Cuesta imaginar cómo, hacia finales de los años veinte del siglo pasado, pudo levantarse semejante coloso. La época era difícil y las condiciones socioeconómicas, aún más, pero el esfuerzo mereció la pena para los artífices del gran imperio que comenzaba a gestarse en la antigua Rusia. Ubicado en la orilla del río Moscova, delante del Kremlin, se alza imponente la gigantesca mole. La Casa del Gobierno era el mayor edificio de viviendas de Europa, con 505 apartamentos familiares, combinados con espacios públicos y una amplia gama de equipamientos. En 1935, el edificio tenía registrados 2.655 inquilinos. Su pertenencia a la élite comunista no impidió que, en las décadas de 1930 y 1940, se desalojara “de sus apartamentos a unos ochocientos inquilinos de la casa y a un número desconocido de empleados… A todos los encontraron culpables de un modo u otro”. Así lo recoge Yuri Slezkine en el prefacio de la obra “La casa eterna. Saga de la Revolución rusa”. La Casa del Gobierno estaba, según se indica, en una zona baja llamada “la ciénaga”.

Así arranca un libro de más de 1.500 páginas que el autor divide en tres ramas: la primera, consistente en una saga familiar de numerosos residentes en la mencionada Casa; la segunda, analítica, centrada en los bolcheviques; la tercera, literaria, dada la relevancia otorgada a la lectura, especialmente en la etapa inicial del régimen.

El título original de la publicación, aparecida en 2017, es “The House of Government”. Sin embargo, la edición española lleva como título “La casa eterna”. Pese a ello, el autor afirma, en la página 1.403, que “La era soviética no duró más de lo que dura una vida humana”. A la vista de los acontecimientos en el mundo, quizás no queda del todo claro cuál de las dos percepciones es la correcta.

Decía Manuel Vázquez Montalbán algo así como que le hubiese gustado ser el Papa y también el secretario general del PCUS. Lo primero, para saber si existía Dios; lo segundo, para saber si verdaderamente era factible el comunismo. Respecto a esta última duda, aunque existen otros partidos hermanos que siguen afianzados en el poder y pueden aportar su docto testimonio, la lectura de la magna obra de Slezkine puede resultar también bastante ilustrativa. 




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