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1 de noviembre de 2022

Bastiat y los servicios públicos

 

En la obra “Armonías económicas” de Frédéric Bastiat[1] se incluye un capítulo dedicado a los servicios privados y los servicios públicos. En él trata Bastiat de refutar una creencia que, en buena medida, ha llegado a nuestros días: “La palabra gratuito, aplicada a los servicios públicos, encierra el más grosero y el más pueril de los sofismas. Me admira que el público se deje engañar por esa palabra; porque nada hay que lo sea en el sentido absoluto. Los servicios públicos cuestan a todo el mundo, y porque todo el mundo paga por anticipado es por lo que no cuestan nada cuando se reciben. El que ya pagó su parte en la cotización general no acudirá a la industria privada a que le presta el servicio pagándolo”.

Mientras que la distinción entre el coste de producción de un servicio y la forma de puesta a disposición de la sociedad queda patente, no necesariamente ocurre lo mismo con las otras aseveraciones del pensador francés. La aplicación estricta del principio impositivo de la capacidad económica, que rompe cualquier vínculo entre la vertiente contributiva y la recepción efectiva de servicios públicos por los contribuyentes, asi como las posibles restricciones de acceso, de facto o de iure, a personas concretas no vienen sino a matizar algunas de las consideraciones expuestas en la referida obra[2].

Como no podía ser de otra manera a tenor de su posicionamiento filosófico, Bastiat se declara partidario de la aplicación de impuestos equivalentes a los servicios recibidos por los contribuyentes.


29 de diciembre de 2021

Economistas buenos vs economistas malos: la regla de Bastiat

Hace más de 170 años, Frédéric Bastiat dictó una regla para distinguir entre un mal y un buen economista. Aunque poco recordada hoy día, merece la pena reflexionar sobre ella. Recogida en un folleto publicado en 1850[1], venía a decir lo siguiente: “La diferencia entre un mal economista y uno bueno se reduce a que, mientras el primero se fija en el efecto visible, el segundo tiene en cuenta el efecto que se ve, pero también aquellos que es preciso prever”.

Establecía esa diferenciación después de aseverar que “En el ámbito económico, un acto, un hábito, una institución, una ley, no producen sólo un efecto, sino una serie de efectos. De éstos, únicamente el primero es inmediato, y dado que se manifiesta a la vez que su causa, lo vemos. Los demás, como se desencadenan sucesivamente, no los vemos; bastante habrá con preverlos”.

¿Quién dijo que era fácil el oficio de economista? ¿Qué proporción, de los muchos que se aseveran ejercer esa profesión, cumple el requisito establecido por Bastiat? ¿Y cuál la de aquellas personas que, sin pertenecer al gremio, adoptan decisiones económicas con relevancia social?



 



[1] “Lo que se ve y lo que no se ve”, en F. Bastiat, “Obras escogidas. Edición y Estudio preliminar de Francisco Cabrillo", Unión Editorial, 2020, pág. 47.


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