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17 de julio de 2024

Acerca del “single tax” y la resiliencia financiera

 

Si alguien lee el título “How the ‘single tax’ can break financial resilience” (Claer Barrett, Financial Times, 13-7-2024), es bastante probable que se sienta intrigado acerca del efecto que el “impuesto único” pueda causar sobre la “resiliencia financiera”, aunque no se sepa muy bien de quién.

La intriga, sin embargo, desaparece pronto, para dar paso a la decepción, cuando se comprueba que, realmente, el “single tax” no es el “single tax” de George, es decir, el impuesto único sobre la tierra, sino un impuesto espurio, el denominado, impropia e indebidamente, “impuesto a la soltería”.

El término “impuesto” se utiliza en la práctica con demasiada laxitud. Por “single tax” entiende la autora del citado artículo los mayores costes económicos individuales en los que incurre una persona que vive sola, en comparación con los correspondientes a una pareja. Podríamos considerar que se trata de “deseconomías de escala”, que derivan de la imposibilidad de compartir, y, por tanto, de reducir en términos per cápita, el coste de algunos gastos domésticos fijos.

Al margen de este aspecto, hay otra serie de supuestos en los que las parejas en encuentran en mejor posición financiera que las personas solitarias, que padecen una discriminación en tarifas de servicios o en normas fiscales. Según diversos informes, en Reino Unido una elevada proporción de las personas que viven solas tienen niveles muy bajos de resiliencia financiera.



18 de abril de 2024

¿Incentivos económicos para hacer frente a la crisis demográfica?

 

Desde hace años, en algunos países se viene hablando de cómo se va cebando la “bomba demográfica”, que está dando lugar a una inversión de la típica pirámide poblacional. Son varias las tendencias que inciden en ese proceso, pero, sin duda alguna, el declive de las tasas de natalidad es uno de los más determinantes. La cifra de 2,1 hijos en promedio por mujer -considerada necesaria para mantener una población estable- hoy se antoja utópica en numerosos países. De manera destacada en Corea del Sur, que, con una tasa de 0,72, se coloca en las últimas posiciones dentro del panorama mundial.

Los factores que explican la existencia de unas bajas tasas de natalidad son diversos, y engloban aspectos económicos, sociológicos, culturales, y psicológicos, entre otros. Articular un plan de actuación para estimular la natalidad se ha convertido en una prioridad en determinadas jurisdicciones. Al tratarse de un problema complejo, no resulta fácil plantear, ni, aun menos, aplicar medidas efectivas. La toma de conciencia de la situación está llevando a que los intentos de solución provengan también, en parte, de entidades privadas. Ha tenido una amplia difusión la noticia de que Booyoung, un grupo de construcción coreano, ofrece a los integrantes de su plantilla un bono de $75.000 por cada hijo que tengan. Según el presidente de la compañía, “Si la tasa de natalidad se mantiene baja, el país afrontará su extinción”[1].

Si se tiene en cuenta que las medidas públicas aplicadas en dicho país durante 17 años, con un considerable coste presupuestario ($270.000 millones), han dado escasos resultados, no parece que las expectativas sean demasiado prometedoras. Pero lo que sí es innegable es que, en caso de que haya alguna solución factible, se requeriría de una colaboración público-privada. Ahora bien, si la opinión, de una joven de 41 años, que se recoge en el artículo citado es representativa, no se vislumbra que las recetas planteadas puedan ser muy exitosas: “Mi madre quiere que tenga un hijo, por lo que jocosamente le dije que, si me daba $200.000 dólares, entonces tendré uno”.

¿Puede ponerse precio a la maternidad? Si no dinerario, en esta vida toda decisión personal conlleva algún coste económico que puede ser no desdeñable. En este caso, la misma persona, profesora de escuela, decía: “Tenía que elegir entre mi carrera y tener un hijo”. Es ésta una disyuntiva real, pero hay también otras que quizás no se perciben adecuadamente: entre una vida cómoda y tranquila, y la sonrisa de un niño. ¿Quién sería capaz de ponerle precio?



[1] C. Davies, S. Jung, y K. Buseong, “$75,000 for a baby? South Korean business float incentives as demographic crisis looms”, Financial Times, 28-3-2024.


11 de septiembre de 2022

La situación financiera de las familias españolas

 

Recientemente, el Banco de España ha publicado los resultados de la Encuesta Financiera de las Familias correspondientes a la séptima edición, basada en las entrevistas realizadas a una amplia muestra de hogares, entre noviembre de 2020 y junio de 2021. La Encuesta permite poner de manifiesto un conjunto de aspectos relevantes para el conocimiento de la situación financiera de las familias. Entre otros, pueden destacarse los siguientes:

1.      La renta mediana como indicador más representativo que la renta media: La renta media de las familias asciende a 38.900 euros, pero, ante una distribución bastante desigual de los ingresos, la mediana (29.400 euros) es un indicador más representativo del nivel de renta (la mitad de los hogares queda por debajo y la otra mitad por encima de dicho valor).

2.      Unos ingresos (antes de impuestos) desigualmente distribuidos: Existe un considerable grado de concentración de la renta, ya que el 10% de las familias mejor situadas recibe casi un tercio de la renta bruta total. No obstante, al incluirse los impuestos directos y las cotizaciones sociales, no se aprecia el efecto corrector por la vía fiscal.

3.      La educación como factor explicativo de las diferencias de renta: El nivel educativo se evidencia como un determinante fundamental de la renta. La renta mediana de los hogares cuyo cabeza de familia tiene estudios universitarios (46.700 euros) más que duplica la de aquellos en los que el referido nivel de estudios es inferior al del bachillerato (21.900 euros).

4.      Una riqueza más concentrada que la renta: La riqueza neta (activos reales más activos financieros menos deudas) mediana de las familias se sitúa en 122.000 euros. La concentración de la riqueza es superior a la de la renta. A pesar de que un 10% de las familias concentra un 54% del total, el grado de desigualdad es muy inferior al existente en otros países europeos.

5.      La importancia de la vivienda principal dentro de la riqueza familiar: La vivienda principal es el activo más importante de las familias, ya que representa el 53% del valor de los activos reales para el conjunto de hogares, y un 42% del valor de los activos totales. Aproximadamente, tres de cada cuatro hogares son propietarios de su vivienda principal. No obstante, se aprecia una caída en la tasa de propiedad de los hogares, que era del 83% en 2011. La caída es especialmente significativa entre los hogares más jóvenes (menores de 35 años), desde el 69% en 2011 al 36% en 2020.

6.      La disponibilidad de otras viviendas: Adicionalmente, el 33% de las familias poseía, a finales de 2020, una vivienda distinta de la principal.

7.      La tenencia de activos financieros: Casi la mitad de las familias (45%) tiene algún activo financiero distinto a una cuenta bancaria. El grado de diversificación de la cartera de activos varía claramente con el nivel de riqueza. Para la mayoría de las familias, en los últimos años se observa una disminución de las posiciones en fondos de inversión y un aumento de los saldos en cuentas bancarias.

8.      Una deuda muy ligada a la compra de la vivienda principal: A finales de 2020 un 57% de los hogares tenía algún tipo de deuda, la proporción más alta desde 2002 (43%). Entre los hogares endeudados, el importe mediano pendiente era de 33.300 euros. Para este conjunto de hogares, la carga de la deuda (pagos por amortización e intereses) representaba un 16% de la renta del hogar, pero superaba el 27% en las familias con menor nivel de renta. Para el total de las familias, un 67% de la deuda pendiente corresponde a la compra de la vivienda principal.

9.      Vulnerabilidad financiera ante la subida de los tipos de interés: Ante una subida de los tipos de interés, el grado vulnerabilidad financiera de las familias era, según el Banco de España, menor que el existente en 2008 o 2011.

10.   Exclusión financiera asociada a la digitalización: Si bien, desde 2002, se ha producido un aumento notable en el uso de la banca online por parte de los hogares, dicho uso permanece en niveles muy reducidos para determinados colectivos, como los hogares de mayor edad y de menor renta, lo que refleja un problema de exclusión financiera.

(Artículo publicado en el diario “Sur”)




17 de enero de 2022

¿Tiene futuro la familia como organización social?: El vaticinio de Engels

 

La mayoría de los miembros de mi generación, que llegamos al mundo en una época ya muy antigua, en las postrimerías de los años cincuenta, la organización social, según nos inculcaban en la escuela y observábamos a nuestro alrededor, descansaba en un elemento nuclear, la familia. Además, dentro de los estándares al uso, había escaso margen. El modelo tradicional de familia respondía a unos cánones bastante estrictos. Años después, influyentes movimientos sociales vinieron a cuestionar rabiosamente los viejos esquemas, tenidos por arcaicos y subyugadores. Poderosas corrientes doctrinales defensoras de la libertad sexual y de la supresión de los yugos matrimoniales amenazaban los cimientos de las estructuras vigentes, aunque su incidencia en algunas cohortes tuviera en gran medida un carácter coyuntural o transitorio.

Al propio tiempo, los discursos marxistas, que ejercían una gran influencia en círculos intelectuales, ponían el foco en la familia como una de las instituciones causantes de la explotación capitalista. Escrita por Friedrich Engels en la primavera del año 1884, “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” era uno de los bastiones para la extensión de la ideología comunista. Su influencia ha sido enorme, a pesar de haber sido escrita en tan sólo dos meses.

Tuve conocimiento directo de dicha obra a través de un intelectual comunista que impartía seminarios centrados en ella, ayudado por sus amplios conocimientos de Antropología y Filosofía. Para quienes, hacía pocos años, habíamos estudiado el papel del terceto “familia-municipio-sindicato” como pilar de la organización del Estado franquista, aquellas doctas disertaciones parecían las de un apóstol que transmitía la verdad revelada. Era sorprendente la capacidad del enfoque marxista para dar una explicación convincente de todo. Recuerdo que otro dirigente de la misma organización proclamaba que, mediante su aplicación, era fácil encontrar una respuesta a la existencia o no de vida fuera del planeta Tierra. Lamentablemente, no asistí a ningún seminario sobre tan interesante materia.

El texto de Engels contiene una feroz crítica de la denominada sociedad heteropatriarcal: “La familia moderna se funda en la esclavitud doméstica franca más o menos disimulada de la mujer, y la sociedad moderna es una masa cuyas moléculas son las familias individuales… El hombre es en la familia el burgués; la mujer representa en ella al proletariado”. He aquí un ejemplo de cómo puede aplicarse la poderosa herramienta analítica marxiana, reivindicada como un eficaz instrumento para estudiar los problemas y retos de una sociedad tan compleja como la actual. Incluso quienes se separan de la ideología comunista, y hasta llegan a admitir que su aplicación práctica no ha sido tan exitosa como cabría imaginar, apelan a su potente (y flexible) armazón teórico.

Engels vaticinaba que “Entonces [cuando la mujer tenga, según la ley, derechos absolutamente iguales que el hombre] se verá que la manumisión de la mujer exige, como condición primera, la reincorporación de todo el sexo femenino a la industria social, lo que a su vez requiere que se suprima la familia individual como unidad económica de la sociedad”[1].

Hoy día, al menos en los países democráticos, se ha avanzado enormemente en la equiparación entre los derechos de las personas, y no existe ningún modelo de organización personal al que haya que ajustarse, ni por ley ni por imperativo social. Aun así, los vínculos familiares o de afectividad siguen ejerciendo una enorme influencia tanto en las formas de convivencia como en el plano económico. Salvo algunos casos, no ha habido un retorno a formas organizativas primigenias, como las descritas por Lewis H. Morgan en el estudio en el que se centra la célebre obra de Engels. En dicho estudio (sin entrar a considerar cómo cabría calificar hoy ese tipo de correspondencias sólo inter- y no también intra-grupales) se concluye que “existió un estado primitivo en el cual imperaba en el seno de la tribu el comercio sexual promiscuo, de modo que cada mujer pertenecía igualmente a todos los hombres y cada hombre a todas las mujeres” [2].

Actualmente nos encontramos en una fase de intensos cambios económicos, tecnológicos, demográficos, sociológicos, y políticos que, de una u otra manera, afectarán a las formas de organización económica y social.

¿Qué tendencias prevalecerán? ¿Se acercarán a la visión engelsiana, que pronosticaba que, cuando apareciesen las generaciones postcapitalistas, “[las mujeres] enviarán al cuerno todo lo que nosotros pensamos que deberían hacer. Se dictarán a sí mismas su propia conducta, y, en consonancia, crearán una opinión pública para juzgar la conducta de cada uno. ¡Y todo estará hecho!”[3].

¿Se rebatirá la tesis de Fukuyama? Según éste, la sociabilidad humana natural se erige sobre dos fenómenos: la selección de la piel (nepotismo) y el altruismo recíproco. Los seres humanos son animales sociales por naturaleza, pero su sociabilidad natural toma la forma de altruismo hacia los familiares y allegados[4].

Si, acaso, cabe evocar de nuevo a Morgan, quien decía que “Si en un porvenir lejano, la familia monogámica no llegase a satisfacer las exigencias de la sociedad, es imposible predecir de qué naturaleza sería la que le sucediese”[5].



[1] F. Engels, “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, Alianza editorial, 2013, págs. 144-145.

[2] Vid. Engels, op. cit., pág. 83.

[3] Vid. Engels, op. cit., pág. 158.

[4] Vid. J. M. Domínguez Martínez, “La decadencia del orden político según Fukuyama", eXtoikos, nº 18, 2016, pág. 51.

[5] Vid. Engels, op cit., pág. 159.


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