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1 de octubre de 2022

Una visión más allá del PIB: la Riqueza en Activos Naturales

 

Desde que algunos indicadores comenzaran a amenazar con dar jaque al PIB[1], lo cierto es que su hegemonía apenas se ha resentido en la práctica. Conforme pasan los años, son cada vez los nuevos indicadores económicos alternativos que salen a escena sin que, hasta ahora, hayan logrado demasiado éxito en el empeño de ofrecer una imagen más ajustada de las consecuencias de la actividad económica registrada en las cuentas nacionales.

Recientemente, con ocasión de la celebración del Día de la Tierra (22 de abril), el Presidente Biden firmó una orden ejecutiva para encargar a la Office of Science and Technology Policy el desarrollo de una guía para un mejor cómputo de la naturaleza y sus beneficios en la toma de decisiones del gobierno federal, de manera que lleve a las primeras cuentas de capital natural para Estados Unidos[2].

Tales cuentas del capital natural medirán el valor económico que los recursos naturales proveen a la sociedad, e ilustrarán cómo una economía robusta depende de un medioambiente natural bien conservado”[3].

Como recuerda The Economist, los esfuerzos en esta línea no son del todo nuevos, y algunos anteriores no lograron salir adelante. Ahora existe la esperanza de que prospere la iniciativa y que, una vez que se disponga del nuevo indicador, pueda arrojarse luz sobre las elecciones entre crecimiento y sostenibilidad, ayudando a que los políticos y los inversores se aparten de la adopción de decisiones perjudiciales[4]. ¿Llegaremos a poder contraponer pronto el PIB con el RAN?



[1] Vid. “Jaque al PIB”, La Opinión de Málaga, 7 de octubre de 2009.

[2] The White House, “Executive Order on Strengthening the Nation’s Forests, Communities, and Local Economies”, 22 de abril de 2022.

[3] The White House, “A New National Strategy to Reflect Natural Assets on America’s Balance Sheet”, 21 de junio de 2022.

[4] The Economist, “Looking beyond GDP”, 17 de septiembre de 2022.


9 de diciembre de 2021

Los verdaderos costes del gasto público: las precisiones de Boskin

 

A finales del pasado mes de septiembre, el presidente Joe Biden proclamó que su programa de infraestructuras cifrado en $5 billones tendría un coste nulo. Ha habido comentaristas que han respaldado esa desafiante afirmación, en realidad basada en el supuesto de que todo gasto que es financiado mediante una subida de impuestos tiene, de hecho, un coste neto nulo[1].

Otros, en cambio, no han sido tan complacientes. Así, por ejemplo, el economista Michael J. Boskin ha llegado a afirmar que “aunque todos los presidentes hacen declaraciones absurdas, ésta debe ser (sic) la declaración presidencial más analfabeta económicamente desde la demanda de Jimmy Carter de que la Reserva Federal estadounidense bajara los tipos de interés en medio de una inflación de dobles dígitos”[2].

A continuación, Boskin se dedica a dar algunas lecciones de Economía básica para rebatir “tres errores fundamentales en el argumento del ‘coste cero’ de Biden”:

1ª. La medida adecuada del coste no es el impacto en la posición fiscal federal; a este respecto recuerda que “la noción de que la riqueza de un país radica en el valor del Tesoro del soberano fue destruida por Adam Smith hace 245 años. Éste mostró que la riqueza proviene de la capacidad de un país para producir bienes y servicios que la gente necesita y desea. Para cualquier país, el coste del gasto público es el valor de las oportunidades perdidas por desplazar recursos desde el sector privado al gobierno”.

2ª. Los impuestos están lejos de ser algo sin coste, ya que también desvían recursos desde el sector privado e imponen así un coste de oportunidad. El coste es el valor del consumo y/o la inversión desplazados.

3ª. Los impuestos, además de sus costes administrativos y de cumplimiento, originan un perjuicio económico debido a que distorsionan los incentivos al trabajo, al ahorro o a la inversión.

Boskin concluye su análisis destacando que gastar $5 billones tendrá un coste para la economía de unos $6,5 billones, ya que el coste marginal de 1 dólar empleado por el gobierno federal se estima que se sitúa en torno a $1,30.



[1] Vid., por ejemplo, S. Benen, “Why Biden says his plan costs ‘nothing’ (and why he’s right)”, MSNBC, 27-9-2021.

[2] Vid. “The true costs of government spending”, Project Syndicate, 26-10-2021.


7 de abril de 2021

El paquete fiscal de Biden: ¿un experimento arriesgado?

No como pregunta, sino como afirmación. Así figura literalmente en el título de un reciente artículo de Martin Wolf: “Joe Biden’s $1.9tn package is a risky experiment” (Financial Times, 23 de febrero de 2021). Para quien haya seguido el hilo de la línea argumental desplegada durante años desde su apostolado económico con proyección mundial no es fácil asimilar esa declaración, ante un paquete de medidas presupuestarias que haría las delicias de los keynesianos más postulantes.

Es preciso leer detenidamente el artículo para ver si hay gato encerrado. Aquél empieza con una pregunta bastante lógica: “¿En qué medida un estímulo fiscal es demasiado?”.  No es fácil zanjarla de antemano, pero, en boca del editor económico jefe del influyente diario, resulta un tanto desconcertante la siguiente advertencia: “Pero una cosa está clara: el hecho de que se desplegara demasiado poco estímulo en 2009 no significa que uno mucho mayor sea correcto hoy. La política económica debe ser juzgada por su adecuación a las circunstancias actuales reconociendo al propio tiempo las incertidumbres y el equilibrio de riesgos”.

No obstante, en la página siguiente ya nos deja más tranquilos, al declarar que “No [tiene] ninguna objeción en principio a un gran gasto presupuestario”, y evocar sus conocidas posiciones de “antiausteridad”. Y no es que reniegue de sus convicciones doctrinales, sino que considera que debe tenerse en cuenta que una pandemia es diferente a una guerra o a una crisis financiera. No se destruye el capital físico y hay un ahorro acumulado por un gasto que no ha podido realizarse, lo que, en su opinión, debe condicionar el tipo de gastos a realizar. Se trata de argumentos compartidos por otros dos eminentes keynesianos y partidarios de la administración Biden, Larry Summers y Olivier Blanchard. El primero, difusor de la idea del “estancamiento secular”, ha llegado a advertir de las proporciones que puede alcanzar el déficit público en Estados Unidos.

Wolf, también un tanto sorprendentemente, alerta del posible repunte de la inflación: “Algunos analistas parecen ver un gran resurgimiento de la inflación como inconcebible, porque no ha ocurrido durante mucho tiempo. Éste es un mal argumento. Muchos pensaban en su día que una crisis financiera global era inconcebible porque no había sucedido ninguna durante mucho tiempo. En los años 60 muchos consideraban el incremento de la inflación de los 70 similarmente inconcebible”. En este contexto, plantea aplicar un paquete más reducido ahora y proponer un gran programa de inversión a medio plazo más adelante.

Quizás se hayan visto aplacados sus temores al comprobar el nuevo plan de infraestructuras en Estados Unidos, por un importe total de $2 billones, financiado con una subida del impuesto sobre sociedades[1].

En todo caso, para despejar cualquier duda, sostiene que el paquete de los $1,9 billones es un “experimento arriesgado”, pero que puede tener éxito, lo que sería de enorme importancia: “Demostrar que un gobierno activo puede proporcionar buenas cosas a la población es esencial para la salud de la democracia estadounidense. Rezo para que la apuesta de la administración Biden tenga éxito”. Sí, había gato encerrado.

 



[1] Vid. J. Politi, “Biden unveils $2tn infrastructure plan and big corporate tax rise”, Financial Times, 31 de marzo de 2021. 

10 de febrero de 2021

“MAGA” v “Buy American”: when small differences matter

 

El plan económico, o tal vez sea más apropiado hablar de anti-plan, desarrollado por el expresidente Donald Trump durante su mandato recibió desde un primer momento un aluvión de severas críticas. Algunas de las más contundentes se centraban en cuestionar el carácter proteccionista de una serie de medidas aplicadas, en abierta contraposición con los postulados de Adam Smith sobre las ventajas del libre comercio[1].

Pese a la evocación del conocido acrónimo en nuestro idioma, el programa “MAGA” (“Make America Great Again”) no ha arrojado los resultados ansiados por sus promotores ni, mucho menos, ha permitido obrar el “milagro promisorio” de enlazar un segundo mandato. Con todo, el conocido eslogan “America First” parece encontrar réplicas en diversas partes del planeta.

Y aún más llamativo puede resultar la puesta en marcha del programa “Buy American”, que, lejos de tener connotaciones trumpianas, las tiene del nuevo presidente, Joe Biden. Como señala Financial Times en un editorial reciente, se trata de aplicar medidas proteccionistas en relación con las compras del gobierno federal[2]. Basándose en las conclusiones del análisis económico y en los resultados de la evidencia empírica, el consejo editorial de dicho diario considera que la aplicación de impuestos sobre los consumidores, con fines proteccionistas, no es la mejor manera de favorecer los intereses de los trabajadores ordinarios.

Sin embargo, una de las más destacadas articulistas del mismo medio, Rana Foroohar, no sólo no critica el plan bideniano sino que lo defiende de manera rotunda: “Como presidente, Mr Trump habló un montón acerca de la clase trabajadora pero no tuvo ningún plan real para ayudar al trabajo. Mr Biden lo tiene”[3]. Como en muchos de los comentarios online al mencionado editorial, se sostiene que existen determinados fines superiores que justifican sacrificar algunos principios. En uno de tales comentarios se señala que el paradigma del libre comercio es simplemente una religión.

Aunque quizás habría que tener en cuenta que, en realidad, vivimos en una época dominada por religiones de diversa hechura y compostura, unas más explícitas que otras.



[1] Vid. “La guerra arancelaria de Donald Trump: la visión de M. Feldstein”, Blog Tiempo Vivo, 29-3-2018.

[2] Vid. “’Buy American’ plan will not help US workers”, Financial Times, 28-1-2021.

[3] Vid. “Joe Biden’s ‘Buy American’ isn’t bad, it’s necessary”, Financial Times, 31-1-2021.

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