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1 de abril de 2024

Los antecedentes de la Economía del comportamiento

 

Hace tan sólo unos días, ha fallecido Daniel Kahneman, psicólogo a quien se concedió en 2002 el Premio Nobel de Economía por una serie de contribuciones que cuestionaban supuestos habituales sobre el comportamiento racional de los individuos en la toma de decisiones económicas. Parte de dichos trabajos fueron realizados en colaboración con Amos Tversky, que, debido a su fallecimiento en 1996, no tuvo la oportunidad de ser considerado para ese prestigioso galardón. Años mas tarde, la Economía del comportamiento recibiría el respaldo definitivo con el otorgamiento de dicho Premio a Richard Thaler, por sus trabajos sobre los sesgos conductuales y el enfoque de los “empujoncitos” (nudges) como forma de estimular determinados comportamientos.

En línea con concepciones prevalecientes dentro del campo de las ciencias sociales, y como ha recordado Martin Sandbu[1], tradicionalmente la Economía se ha considerado como una “disciplina imperialista”, más propensa a colonizar otras disciplinas que a recibir influencias de éstas. La figura de Kahneman representa la mayor excepción individual a esa tendencia.

Dejando al margen alguna controversia reciente acerca de la fundamentación de ciertos trabajos sobre Economía conductual[2], circunstancialmente, en estas mismas fechas, se ha difundido un libro en el que se recogen algunas interesantes referencias que permitan contextualizar mejor las aportaciones con origen en el campo de la Psicología, hoy día incorporadas en la corriente principal de la Economía. Así, Erik W. Matson, en la obra “New paternalism meets older wisdom. Looking to Smith and Hume on rationality, welfare and Behavioural Economics” (Institute of Economic Affairs, 2024) señala lo siguiente: “Tales perspectivas no son nuevas -muchas de ellas pueden verse como una recuperación de diversas explicaciones de la acción humana que se remontan a la antigüedad clásica, evidenciadas por las enseñanzas de Aristóteles… Surgieron también… en gran medida de los escritos de la Ilustración Escocesa. Pero están siendo ahora cada vez más integradas en los enfoques dominantes en las ciencias sociales contemporáneas, incluyendo la Economía”.



[1] “Daniel Kahneman, Prize winning psychologist, 1934-2024”, Financial Times, 29-3-2024.

[2] Vid. A. Jack y A. Hill, “Harvard fraud claims fuel doubts over science of behaviour”, Financial Times, 30-6-2023.


20 de febrero de 2022

La consagración de los “empujoncitos”

 

Una de las aportaciones más destacadas de Richard Thaler (Premio Nobel de Economía 2017) es el análisis del papel de los denominados “empujoncitos” o “acicates” (“nudges”) en la promoción de determinados comportamientos individuales. Thaler puso de manifiesto la importancia del contexto de la toma de decisiones y cómo la incorporación de estímulos o elementos de referencia puede tener una gran influencia en las elecciones adoptadas.

A veces se trata de algo tan simple como asegurar que la información básica está disponible de manera clara y efectiva. En el caso de los productos financieros, es de utilidad que exista una categorización por niveles de riesgo y que se conozcan indicadores clave, bien calculados, sobre la rentabilidad o el coste efectivos. En otras ocasiones, las elecciones se ven “facilitadas” mediante un procedimiento “ventajista” consistente en plantear “opciones por defecto”, en el sentido de que si, pasado un plazo, el individuo no manifiesta otra cosa, asume la opción presentada. Es una de las fórmulas utilizadas para fomentar las aportaciones a los planes de pensiones de empleo.

También en el campo de la seguridad vial la utilización de “nudges” puede tener relevancia. Así, ante el riesgo, para la integridad de los peatones, de las maniobras de cambios de dirección por los conductores de automóviles, la realización de pequeñas modificaciones en la trayectoria, mediante elementos físicos, puede tener un impacto notable. Mientras que las pautas derivadas del conocimiento pueden ser obviadas en momentos de estrés, los condicionantes de origen físico dan a los conductores una retroalimentación sensorial inmediata.

En algunos países, las intervenciones basadas en “acicates” se han expandido rápidamente desde la esfera de los estudios académicos a aplicaciones a gran escala por parte de unidades gubernamentales especializadas. Los estudios disponibles apuntan que el impacto medio de los “acicates” es bastante grande. Se constata un efecto de más un 30% de incremento respecto al comportamiento de los grupos de control, a los que no se aplican los estímulos.

La pandemia del coronavirus, además de todo el padecimiento causado, ha significado un enorme experimento natural en numerosos apartados concernientes a los ámbitos gubernamental, empresarial, social, familiar e individual. Durante el prolongado período de incidencia de la enfermedad, sucesivamente ampliado, mediante un procedimiento de prueba y error, se han llevado a la práctica diversas estrategias basadas en “acicates”. La experiencia es muy variada según geografías, pero, como señala Ravi Gurumurthy, primer ejecutivo de Nesta, agencia de innovación del Reino Unido, que ha absorbido la denominada “The Nudge Unit”, “a escala mundial, la experiencia de afrontar la Covid ha demostrado que, cuando se aplican adecuadamente, los conocimientos conductuales pueden funcionar… Cuando la ciencia del comportamiento fue incorporada como parte de la respuesta a la pandemia, los resultados fueron positivos”.

La creación del modelo mental acerca de la transmisión del virus ha jugado un papel importante, así como la valoración de la tolerancia de los ciudadanos al mantenimiento de restricciones. La aplicación del principio de hacer que sea más fácil seguir las pautas más adecuadas desde un punto de vista sanitario, rediseñando el entorno físico, ha tenido efectos positivos en países como Corea del Sur. Por otro lado, se ha puesto de relieve el poder de las normas sociales. Algunas pautas se extienden o se mantienen por el deseo de adaptarnos a lo que otras personas perciben como algo típico o deseable.

Con carácter general, el diseño de los servicios y el uso del análisis de datos para perfilar medidas de estímulo eficaces pueden ser de gran utilidad con vistas al logro de objetivos de interés social, tales como la protección del medioambiente, el cuidado de la salud o la previsión de riesgos. Las políticas de “acicates”, adecuadamente diseñadas, pueden ser alternativas más simples, eficaces y baratas que otras basadas en intervenciones públicas convencionales articuladas en programas de gastos e impuestos. No obstante, conviene establecer una clara diferenciación entre los conocimientos del comportamiento y los “acicates”. No hay garantía de que los primeros lleven necesariamente, en la práctica, a unos buenos mecanismos inductores. En España, ha habido alguna controversia respecto a la traducción de “nudge”, pero nuestro idioma diferencia entre empujocinto, empujón y empujonazo.

(Artículo publicado en el diario “Sur”)



27 de septiembre de 2019

Preferencias salariales: posición absoluta vs relativa

Según la definición más extendida internacionalmente, propugnada por la OCDE, la educación financiera tiene una orientación finalista. Se trata de un proceso integrado por varios componentes, con tres ingredientes esenciales (conocimiento y comprensión, competencias, y responsabilidad en materia financiera), encaminado a que las personas adopten acciones tendentes a mejorar su bienestar financiero.

Como se puso de relieve entre los asistentes a la “Jornada para Profesores de Educación Primaria y Secundaria” organizada por Edufinet en colaboración con la Delegación Territorial de Educación de la Junta de Andalucía (11 de septiembre de 2019), una pregunta natural -en ocasiones sobreentendida- es en qué consiste dicho bienestar.

Se trata, sin duda, de una cuestión relevante, que, entre otras, se abordará en el II Congreso de Educación Financiera de Edufinet, previsto para el próximo mes de noviembre en Málaga.

Para ir abriendo boca, podemos aquí plantear una disyuntiva entre dos opciones, relativas a nuestras preferencias personales por nuestro nivel salarial:

“¿Cuál de estas dos situaciones preferiría Vd., si:
a) El salario medio es de 25.000 euros, y su salario es de 50.000 euros.
b) Vd. gana 100.000 euros, y el salario medio es de 200.000 euros?”.

La anterior es una pregunta similar a la formulada en diversos estudios, como señala Jason Butler (Financial Times, 19 de septiembre de 2018). Una pregunta típica de los análisis de Psicología Económica, como las recogidas en el cuestionario preparado, conjuntamente con José María López, y realizado entre los asistentes al I Congreso de Educación Financiera de Edufinet (Málaga, noviembre de 2018).

Como ha puesto de relieve Richard Thaler, Premio Nobel de Economía, las personas no actúan como entes aislados del resto cuando toman sus decisiones económicas, sino que la equidad es un factor importante. Los individuos no se comportan como maximizadores de la utilidad personal a ultranza, sino que toman en consideración la posición relativa de los distintos miembros de la sociedad (Vid. entrada de este blog de fecha 10-12-2017).

La disyuntiva expuesta permite, pues, someter a contraste, dicha proposición. ¿Tiene Vd. clara cuál sería su elección?

En una próxima entrada tendremos oportunidad de efectuar algunas consideraciones al respecto. De entrada, quizás cabría señalar que la conexión entre el nivel de ingresos y el bienestar financiero personal puede no ser tan recta y diáfana como podría parecer en un principio.

(Artículo publicado en EdufiBlog, con fecha 27 de septiembre de 2019)

31 de diciembre de 2017

El Brexit según Richard Thaler: la importancia de la arquitectura de la elección

El Premio Nobel de Economía de 2017 ha sido otorgado al economista estadounidense Richard Thaler, en reconocimiento de sus valiosas aportaciones para el análisis de los problemas económicos, como principal exponente de la Economía del Comportamiento o Psicología Económica. En este mismo blog se recoge un breve artículo en el que se reseñan sus principales contribuciones. Una de ellas es la identificación de la importancia que tiene la denominada “arquitectura de la elección”, el marco dentro del que una elección se lleva a cabo, sobre el resultado de esta.

En un artículo publicado en el mes de agosto de 2016 en el diario Financial Times, que aparece con un título bastante significativo (“Britain pays the price for a badly designed Brexit choice”), analiza las características del marco de elección relativo al Brexit. Merece la pena detenerse en su contenido, sumamente esclarecedor en relación con la salida del Reino Unido de la Unión Europea y también para otros procesos de similar naturaleza.

Inicialmente el profesor Thaler pone el foco en dos graves problemas de diseño de las normas constitutivas de la Unión Europea: i) No haber previsto que la situación de algunos países miembros podría complicarse en distintos apartados económicos o financieros y que, en consecuencia, deberían haberse establecido con antelación mecanismos activables para paliar los perjuicios; ii) No haber considerado originariamente la posibilidad de que un país quisiera abandonar el club, cuestión que se demoró hasta el año 2009 con la incorporación del artículo 50 del Tratado de la Unión Europea.

Richard Thaler, después de señalar que muy pocos Estados tienen previsiones para abandonar la unión a la que pertenecen, y de evocar la experiencia de la guerra civil norteamericana en ese contexto, destaca que “Aunque el Artículo 50 fue creado para determinar qué ocurre en el caso de una ruptura, dista de ser un acuerdo prenupcial completo. En vez de establecer los términos bajo los que un país puede retirarse, solo prescribe un proceso”, un proceso de negociación. Efectivamente, dicho artículo se limita a señalar que “… la Unión negociará y celebrará con ese Estado un acuerdo que establecerá la forma de su retirada, teniendo en cuenta el marco de sus relaciones futuras con la Unión…”.

En opinión de Thaler, la fijación de unas reglas tan vagas ha tenido importantes consecuencias no intencionadas: i) de un lado, permitió a los partidarios del Brexit ofrecer a los votantes una esperanza no fundada de que podrían negociar un estatus similar al de Noruega, con algunas modificaciones sobre las reglas relativas a la libre circulación de las personas; ii) de otro, ha dado lugar a un largo período de incertidumbre para el Reino Unido y para la Unión Europea.

Asimismo considera que un mejor diseño del proceso tendría que haber explicitado con carácter previo todos los detalles a fin de poder evaluar sobre unas bases sólidas los pros y los contras de la pertenencia a la Unión Europea.

Por último, el Premio Nobel estadounidense no elude pronunciarse sobre una cuestión fuertemente controvertida, el recurso a la democracia directa frente a la democracia representativa. Al respecto se decanta por una regla general: “cuanto más complicada es una decisión, menos deseable es un referéndum. Y es difícil pensar en una decisión más compleja para plantear a los votantes que la de Europa”.

El artículo del profesor Thaler, aunque ciertamente clarificador, nos deja, sin embargo, con algunas dudas: ¿cómo de compleja será la cuestión “España” a tales efectos? En el texto no se menciona el nombre de nuestro país (sí el de Grecia), pero contiene indicios altamente reveladores.

10 de diciembre de 2017

Richard Thaler: la normalidad de las anomalías económicas

Todos los Premios Nobel de Economía tienen alguna singularidad, pero el concedido este año a Richard Thaler presenta algunas connotaciones que le hacen adquirir un alcance especial, al menos por tres motivos: i) por venir a representar un refrendo definitivo a la denominada Economía del Comportamiento o, lo que lo mismo, la Psicología Económica; ii) por respaldar y difundir la relevancia de los factores psicológicos en la toma de decisiones económicas de los individuos; y iii) por ensanchar el campo de la política económica mediante la incorporación de las enseñanzas obtenidas en ese campo de la investigación, como, de hecho, vienen haciendo los gobiernos de algunos países avanzados.

Tradicionalmente, la corriente principal entre los economistas ha utilizado modelos en los que las decisiones económicas son adoptadas por individuos racionales que poseen una información completa y que aspiran a maximizar su utilidad individual. Sin llegar a desechar estos modelos, Thaler ha llamado la atención en el sentido de que, en muchas situaciones reales, las personas adoptan sus decisiones en formas que se alejan de los comportamientos estandarizados y, en ocasiones, con aparentes signos de irracionalidad.

La Academia Sueca ha fundamentado en sus contribuciones en tres planos distintos la concesión del Nobel al mencionado economista estadounidense: 1) racionalidad limitada; 2) fuerza de voluntad limitada; y 3) egoísmo limitado.

1) Dentro del primer bloque cabe mencionar los siguientes conceptos:
§     El efecto dotación o posesión, que hace referencia a la tendencia de las personas a valorar más los objetos por el hecho de poseerlos, de manera que su renuncia se percibe como una pérdida. El precio que una persona está dispuesta a pagar por adquirir un determinado bien o servicio es bastante más bajo que el precio al que esa persona está dispuesta a vender el mismo bien o servicio.
§     La contabilidad mental pone de relieve que la toma de decisiones económicas por parte de los individuos está segmentada por categorías, esto es, existe una contabilidad separada para grupo de gastos (vivienda, alimentación, ocio…) que hace que no exista una gestión integrada. La práctica común de tener dinero en una cuenta de ahorro y simultáneamente una deuda en la tarjeta de crédito ilustra este fenómeno. La estanqueidad derivada de ese presupuesto multidepartamental puede dar lugar a que no se optimicen los recursos disponibles. Según algunos estudios, ante una bajada significativa del precio de la gasolina, se produce un desplazamiento excesivo desde el carburante normal al superior.
§     La percepción individual de la utilidad de una transacción puede tener una gran importancia, ya que las decisiones se rigen por la diferencia entre el precio efectivo y el precio esperado. El consumidor obtiene un valor añadido si completa lo que interpreta como un “buen negocio”.
§     Particularmente relevante es la consideración de la “arquitectura de la elección”, es decir, el marco dentro del que tiene lugar la toma de decisiones. Según Thaler, la vaguedad de las normas de la Unión Europea respecto a la salida de los países miembros y la improcedencia de un referéndum para dilucidar una cuestión tan compleja tienen mucho que ver en el Brexit.

2) También son diversas las manifestaciones correspondientes al segundo plano (autocontrol limitado):
§     Descuento hiperbólico: En contradicción con el modelo habitual de descuento de cantidades futuras, las personas tienden a aplicar un mayor descuento entre el presente y el futuro cercano que entre periodos futuros más distantes. Así, la inmediatez de las recompensas llega a tener un efecto preponderante en la toma de decisiones.
§     Modelo “ejecutor-previsor”: Cada persona tiene dos “yos” que compiten entre sí, un ejecutor miope que se preocupa solo por el corto plazo, y un previsor con una visión de largo alcance.
§     La conveniencia de los “empujoncitos” o acicates (“nudges”): Ligado a lo anterior, dado que los individuos tienen capacidades cognitivas limitadas y también una fuerza de voluntad limitada, no actúan siempre en su propio interés. De ahí que, mediante el diseño de opciones por defecto, es factible elevar el bienestar a largo plazo de las personas. A estas no se les impone ninguna elección, ya que siempre tienen la posibilidad de decantarse por una opción distinta. Es lo que se conoce como paternalismo libertario. Así, por ejemplo, una forma de elevar el ahorro para la jubilación es que, por defecto, se descuente un porcentaje de la nómina, salvo que expresamente se indique lo contrario. Diversos gobiernos han implantado “unidades de inducción” para promover comportamientos como el ahorro previsional, un estilo de vida sano o la reducción del consumo energético.

3) Por último, las personas no actúan como entes aislados del resto cuando toman sus decisiones económicas, sino que la equidad es un factor importante. Los individuos no se comportan como maximizadores de la utilidad personal a ultranza, sino que toman en consideración la posición relativa de los distintos miembros de la sociedad. Las medidas económicas son más o menos aceptables en función de cuál sea la percepción sobre el grado de justicia de las mismas. Por ejemplo, una reducción del salario nominal con una tasa de inflación nula se considera mucho más injusta que un salario nominal constante con una tasa de inflación positiva, aunque el descenso del salario en términos reales sea el mismo en ambos casos.

En el documento que resume las contribuciones de Thaler, la Academia Sueca concluye que ha ofrecido nuevas perspectivas a los economistas sobre la psicología humana y nuevos esquemas para comprender y predecir las conductas económicas. Algunos de los aspectos que pone de relieve pueden parecer un tanto triviales, pero no lo son tanto para los modelos estándares, que suponen, de manera ciega, comportamientos optimizadores basados en una estricta “racionalidad”.

La concesión del Premio Nobel de Economía a Richard Thaler significa una defensa explícita del enfoque multidisciplinar de las conductas económicas y dignifica una vía útil para comprender mejor las decisiones adoptadas por personas de carne y hueso. Su continuado esfuerzo a lo largo de cuatro décadas ha logrado cambiar la forma de ver la realidad.

(Publicado en el diario “Sur”, el día 10 de diciembre de 2017)

12 de noviembre de 2017

El valor asimétrico del riesgo de muerte

El otorgamiento del Premio Nobel de Economía ofrece cada año una oportunidad para reflexionar sobre las líneas de investigación de los galardonados y poner en valor las aportaciones de su trayectoria académica. Este año, hay que celebrar que el receptor de tan distinguido reconocimiento haya sido uno de los principales exponentes de la Economía del Comportamiento, Richard Thaler, que lleva cuarenta años afanándose en incorporar la perspectiva psicológica al análisis de las decisiones económicas individuales. Las enseñanzas acumuladas a partir de numerosos experimentos sociales controlados son sumamente útiles y esclarecedoras de fenómenos que, de otro modo, podrían considerarse anomalías con arreglo a los estándares más ortodoxos.

Entre otros muchos aspectos, Richard Thaler ha tratado de indagar acerca del valor que las personas atribuyen a su propia vida. Es el tema objeto de uno de sus más conocidos experimentos, reseñado en el documento de la Academia Sueca sobre las contribuciones del economista norteamericano. A través de dicho experimento se pretendía estimar el valor de las reducciones del riesgo de mortalidad. Las preguntas recogidas en dicho documento, con una formulación algo distinta de la plasmada en el libro de Thaler “The making of behavioral economics misbehaving” (2015), del que existe una versión española con el título “Todo lo que he aprendido con la Psicología Económica” (2016), son las siguientes:

“(a) Suponga que Vd. ha estado expuesto a una enfermedad, que, en caso de haberla contraído, lleva a una muerte rápida e indolora en una semana. La probabilidad de que Vd. tenga la enfermedad es de un 1 por mil. ¿Cuál es la cantidad máxima que estaría dispuesto a pagar por el antídoto?

(b) Suponga que se necesitan voluntarios para investigar sobre la mencionada enfermedad. Todo lo que se requeriría es que Vd. se expusiera a una probabilidad de un 1 por mil de contraer la enfermedad. ¿Cuál es la cantidad mínima que Vd. requeriría para participar como voluntario en el programa? (No se permitiría comprar el antídoto)”.

Thaler llama la atención en el sentido de que las personas responden con una amplia divergencia, de manera que parecen mucho menos dispuestas a pagar por “adquirir salud” (2.000 dólares) en comparación con lo que exigirían como compensación por “vender salud” (500.000 dólares).

Thaler resalta que la primera respuesta implica que un aumento de la probabilidad de un 1 por mil empeora la situación de la persona en como mucho 2.000 dólares, pero la segunda respuesta refleja que no se aceptaría el mismo incremento de riesgo por menos de 500.000 dólares. He aquí un rango muy amplio, mucho mayor que el recogido, como respuestas típicas, en el documento de la Academia Sueca (200 y 10.000 dólares, respectivamente).

El Premio Nobel de Economía, después de señalar la incongruencia de ese resultado, admite que “esa verdad no resulta evidente para todo el mundo”, pero concluye que “no obstante, la lógica es irrefutable”.

En efecto, la lógica puede ser irrefutable, pero se presta a algunas consideraciones. Así, en la primera de las situaciones planteadas, estamos ante un evento que ya se ha materializado. Ya se ha incurrido en el riesgo de haber contraído la enfermedad. Lo que se ofrece es la posibilidad de eliminar el posible impacto de la enfermedad mediante la compra del medicamento: cuánto pagar por evitar ese mal, que puede haberse contraído con una probabilidad de un 1 por mil.

En el segundo caso, se parte de la certeza de no tener la enfermedad y se trata de recibir una cantidad económica si se incurre en el riesgo, con la misma probabilidad, de contraerla.

¿Estamos realmente ante la misma elección? ¿Existe una simetría completa? ¿Es la vida, o la salud, un bien cualquiera cuyas transacciones de compra y de venta son totalmente equiparables? ¿Hay verdaderamente un incremento de riesgo en la primera situación, si no se compra el medicamento o, más bien, una disminución, si se compra? En definitiva, ¿cabe atribuir alguna prima al hecho de partir de una situación de certeza?

Por otro lado, en la segunda pregunta se habla de participar en una investigación, por lo que se ofrece cambiar una situación de certeza (respecto a la enfermedad considerada) por otra de riesgo (no se da garantía del antídoto).

A pesar de todo, es ciertamente llamativo el contraste en las respuestas. Así, si consideramos una persona de 40 años con una esperanza de vida de 80, la compra del antídoto le permitiría restituir su esperanza de vida eludiendo el riesgo de muerte inminente. Aunque individualmente cada una pueda percibir como baja la probabilidad de fallecimiento, si ninguna de mil personas afectadas adquiriera el medicamento, una de ellas fallecería. El hecho de que todas puedan creer que en un “sorteo” ya celebrado tienen menos probabilidades de haber resultado “agraciadas” puede salir muy caro a una de ellas. En cualquier caso, entre personas con aversión al riesgo, no es lo mismo haber participado inconscientemente en una prueba de riesgo que someterse consciente y voluntariamente a la misma.

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