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16 de junio de 2021

Bonos soberanos griegos en territorio negativo

 

Según cuenta la leyenda, un cisne negro tuvo una entrada triunfal en El Pireo en el mes de diciembre de 2019[1]. Nadie en verdad podía esperar su aparición, sobre todo después de rememorar los padecimientos que se habían vivido en los primeros años de aquella década, según narran las crónicas de la época.

Aunque seguimos instalados -no se sabe hasta cuándo- en el modo Alicia en el país de las maravillas, hay que frotarse varias veces los ojos antes de dar crédito a la noticia de la incursión de los títulos del Tesoro heleno, no ya a corto plazo, como hace año y medio, sino con vencimiento a cinco años, en territorio negativo.

Literalmente, los inversores están dispuestos a pagarle al gobierno griego por prestarle dinero durante un lustro, y ello a pesar de que los niveles de deuda pública de ese país han superado el nivel del 200% del PIB durante la pandemia[2]. El gráfico adjunto (tomado de la fuente citada) describe elocuentemente la impresionante transformación registrada, desde una no muy lejana fecha en la que el rendimiento de los mismos bonos llegó a superar la cota del 60%. Sin la efectiva “medicina Draghi”, continuada e incrementada por alumnos aventajados, indudablemente el milagro producido no habría sido posible.

De todas formas, este atípico estado de cosas, ya convertido en una “nueva (ya casi vieja) normalidad”, requiere algún esfuerzo mental para poder asimilarlo. Un destacado gestor de carteras ha llegado a afirmar que “uno no puede realmente posicionarse sobre los spreads soberanos sobre la base de los fundamentales económicos. Esto no es lo que determina el precio”[3]. La contraintuitiva y perturbadora situación de tipos de interés negativos se ha convertido en un cotidiano “no cumpleaños”, aunque no siempre feliz.



[1] “Deuda pública y tipo de interés: un cisne negro en El Pireo”, BTV, 26 de diciembre de 2019.

[2] Vid. T. Stubbington, “Greek 5-year bond yield turns negative for first time”, Financial Times, 14 de junio de 2021.

[3] Ibíd.


5 de septiembre de 2020

¿Puede un impuesto sobre la propiedad inmobiliaria tener una base dual, dineraria y no dineraria?

Cuando, dentro del estudio de la teoría de la imposición, se exponen las formas alternativas que pueden presentar las bases imponibles de los impuestos, consistentes en magnitudes dinerarias o no dinerarias, una de las preguntas típicas que se suscita es la de si un impuesto puede tener simultáneamente una base dineraria y otra no dineraria.


El impuesto sobre el tabaco nos aporta un ejemplo en el que se cumple tal característica, ya que se articula realmente sobre dos modalidades impositivas, una con base no dineraria (impuesto con tipo de gravamen unitario por cigarrillo) y otra con base dineraria (impuesto con un tipo porcentual sobre el precio de la cajetilla de tabaco).


Aunque este esquema no es muy común, toda vez que la mayoría de los impuestos tienen una única base imponible, hoy día generalmente dineraria, en la heterogénea realidad tributaria internacional nos encontramos con otras manifestaciones similares.


Tal es el caso del impuesto uniforme sobre la propiedad inmobiliaria (ENFIA) aplicado en Grecia. Este tributo presenta una estructura ciertamente compleja, basada en dos componentes[1]: i) un impuesto principal sobre la propiedad, consistente en un tipo de cuantía unitaria entre 2 y 13 euros por metro cuadrado, y según unos coeficientes que afectan al valor (localización, uso…); ii) un impuesto complementario con un tipo de gravamen progresivo entre el 0,15% y el 1,15% que recae sobre el valor del inmueble (en la parte que supere el mínimo exento, fijado en 250.000 euros).



[1] Vid.: https://taxsummaries.pwc.com/greece/individual/other-taxes.

26 de diciembre de 2019

Deuda pública y tipo de interés: un cisne negro en El Pireo

Todavía permanecen vivas en el recuerdo las imágenes de la crisis de la deuda soberana en Grecia y de los dramáticos rescates financieros vividos en ese país. Permanecen vivas, y será difícil erradicarlas, las imágenes de las dificultades padecidas para retomar el rumbo de los equilibrios financieros. Los gráficos retrospectivos dejan constancia de los niveles alcanzados por la prima de riesgo de la deuda soberana griega, que llegó a superar holgadamente la cota de los 20 puntos porcentuales.

Con tales antecedentes, ¿quién podía esperar que, en octubre de este año, el Tesoro heleno pudiese emitir deuda a un tipo de interés negativo?

Bien es cierto que se trataba de deuda a corto plazo, con un vencimiento a 13 semanas, y que la tasa era moderadamente negativa (-0,02%), pero el hecho económico estaba ahí. Había inversores que estaban dispuestos, por un monto total de 487,5 millones de euros, a pagar al Tesoro griego por el privilegio de suscribir bonos a corto plazo. Puede que fuera de pequeño tamaño, pero ya nadie puede dudar de que un cisne negro hizo acto de aparición en El Pireo.

Según los analistas especializados, dos factores esenciales estaban detrás de ese inesperado avistamiento: de un lado, la decisión del Banco Central Europeo, adoptada en septiembre, de rebajar el tipo de interés; de otro, la mayor confianza en las perspectivas de la economía griega, para la que se pronostica un crecimiento del 2,8% en 2020 (Tommy Stubbington y Peter Wise, “Greece joins club of negative-yielding debt issuers”, Financial Times, 9 de octubre de 2019).

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