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11 de marzo de 2023

Visita al coso taurino

 

Aquí, justamente aquí, es donde los toreros se ponen cetrinos. Están a pocos metros de salir al coso y enfrentarse a la muerte. Así sean noveles o maestros consumados. Es cuando el miedo se apodera del cuerpo y se retuercen las entrañas. Así lo explicaba el docto anfitrión, quien ejerció durante años de presidente de La Malagueta. Habla también desde la autoridad de su pedigrí de cirujano. Sólo de pensarlo da vértigo y causa espanto.

Al salir a la plaza casi solitaria, el viento de poniente nos recibe con alborozo. En el albero, un maestro describe a toda velocidad la circunferencia del ruedo por exigencias de su entrenamiento. Hay que tener piernas para llegar al burladero antes que el toro, apuntaba el experto en tauromaquia. Mientras tanto, un grupo de adolescentes ensayan movimientos, llenos de entusiasmo, emulando distintas faenas. Aspiran a convertirse en banderilleros o en matadores, a pisar el mismo suelo donde ahora se divierten, con las gradas llenas.

La visita se acorta porque espera otro ruedo, mucho más pequeño, y de mentirijilla, donde tiene que actuar un supuesto diestro en el también difícil arte de la Economía, con el reto añadido de asociarla al Humanismo. Salir al escenario o a la palestra representa, en cierto modo, alguna suerte de rito. Es lógico que en la antesala surja igualmente algún resquemor. En ocasiones, aguardan imponentes picadores o hábiles banderilleros. En todo caso, en su ausencia, siempre estarán a mano los aguijones propios. Esos que no desaparecen aunque pasen muchos años. Un prestigioso catedrático de Estadística, actualmente profesor emérito que sigue impartiendo clases, me decía que, a pesar de sus muchos años de docencia y de comparecencias públicas, nunca le ha perdido el respeto a una intervención, ya sea dentro o fuera de las aulas. Sin embargo, todo esto se antoja ahora como una minucia al imaginar el momento de la espera de un auténtico diestro.



18 de septiembre de 2019

La reticencia a la contratación de seguros personales: posibles factores explicativos

En una entrada publicada recientemente en este blog (16-9-2019) se planteaba una reflexión en torno a las razones que podrían dar lugar a la aparente reticencia de las familiar a concertar seguros para la cobertura de riesgos personales, en contraste con la tendencia más extendida a suscribirlos respecto a la cobetura de bienes materiales. ¿Por qué los activos más valiosos, como son la vida y la salud, que, aparte de su importancia intrínseca, están relacionados con la fuente primordial de generación de recursos económicos, se ven comparativamente relegados en el ámbito del aseguramiento?

Si nos circunscribimos al caso de un país como España, podemos apuntar, de manera simplemente indicativa, la posible relevancia de algunos factores, tales como los siguientes:

La propia existencia de un Estado del Bienestar, con un sistema de protección que contiene una serie de prestaciones sociales contributivas y no contributivas.

El papel fundamental ejercido por las redes familiares, crucial para hacer frente a situaciones de necesidad.

La relevancia de la vivienda como activo dentro del patrimonio de las familias y su posible movilización.

El freno motivado por la falta de recursos disponibles para la contratación de instrumentos financieros para la cobertura de riesgos.

La influencia de sesgos psicológicos que llevan a: i) una menor ponderación del futuro respecto al presente; ii) la falta de toma de conciencia de los riesgos realmente incurridos; y/o iii) la no identificación de una contrapartida ante la constatación, ex post, de la no materialización de riesgos cubiertos.

La posible desatención del papel de los instrumentos de seguro debida a un insuficiente conocimiento de su papel.

16 de septiembre de 2019

¿Cuál es el activo más valioso de una persona?: ¿Por qué no suele asegurarse?

Aunque hay actitudes personales muy distintas hacia el riesgo, la aversión a la pérdida de los activos que se poseen, o bien la cobertura ante los posibles desembolsos económicos para su reposición, lleva a muchas personas a asegurar una serie de bienes y objetos materiales.

Tomando como referencia la situación británica, Michael Martin (Financial Times, 15-8-2019) considera que es sorprendente cómo una mayoría de los hogares, unos dos tercios, tiene suscritos seguros sobre objetos materiales (mobiliario, aparatos domésticos…), mientras que solo un tercio tiene cobertura protectora frente a los riesgos personales.

En este contexto plantea una pregunta directa: “Si Vd tuviera algo en su hogar valorado en 5 millones de libras esterlinas, ciertamente lo aseguraría. Entonces, ¿por qué tanta gente asume el riesgo de no asegurarse a ellas mismas?”.

La cifra indicada corresponde a una estimación -bastante de andar por casa, todo hay que decirlo- de las retribuciones totales obtenidas por una persona a lo largo de su etapa laboral completa. Para llegar a ese importe parte de una cifra que muchos pueden juzgar como auténticamente descabellada: considera que, a la edad de 20 años, una persona obtiene un salario de 57.000 libras, suma que se mantiene anualmente, actualizándose con la inflación, a una tasa del 2,5% anual. Con una trayectoria de 47 años saldría justamente el importe de los 5 millones de libras, montante que -habría que matizar- está expresado en términos nominales o corrientes.

Ciertamente, con carreras profesionales más cortas a causa de períodos de desempleo u otros motivos, y con un nivel salarial de partida más modesto, el montante global sería bastante más limitado. Así, por ejemplo, si el salario de partida es de 20.000 libras, el importe acumulado correspondiente se situaría en 1,8 millones de libras, de nuevo en términos nominales, si se completan los 47 años. 

Muchas son, en definitiva, las posibilidades, y las cifras, comparadas con los contextos socioeconómicos relevantes en cada caso, sin duda significativas en mayor o en menor grado.

La cuestión clave es, en definitiva, por qué, a la luz de unos valores como los indicados, existe una menor tendencia al aseguramiento del activo del que emanan tales rendimientos que la que se aprecia respecto a bienes menos estratégicos.

En una próxima entrada de este blog realizaremos algunas reflexiones al respecto.

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