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14 de febrero de 2022

Titulizaciones pintorescas de préstamos de millonarios: ¿derivados ”prime”, “subprime”, o “superprime”?

 

El proceso de titulización de activos fue saludado, hace bastantes años, como una fórmula innovadora que venía a aportar dinamismo a los mercados financieros y a potenciar la capacidad de financiación a la economía productiva. Aunque hay algunas modalidades bastante complejas en su diseño y estructuración, el esquema básico de funcionamiento es bastante simple. En la página web de Edufinet se recogen, de la manera más simplificada posible, las ideas elementales.

La titulización es un proceso mediante el que una operación de préstamo, concedida originariamente por una entidad de crédito, es transferida a un fondo, que asume tanto la deuda como los intereses asociados. El fondo emite participaciones cuyos rendimientos estarán ligados a los ingresos provenientes de los préstamos existentes en la cartera del fondo.

Llevado al caso extremo, la entidad de crédito originaria se convierte en un mero intermediario que concede la operación y luego la traspasa, descargándose del riesgo de crédito. Éste pasa a ser soportado por quienes suscriban participaciones del fondo de titulización. Si los titulares de los préstamos titulizados impagan, los suscriptores de participaciones sufrirán las consecuencias.

Un uso inadecuado de este instrumento fue uno de los detonantes de la crisis financiera iniciada en 2007-2008. El nefasto episodio de las titulizaciones de préstamos hipotecarios de baja o nula calidad crediticia (“subprime”) en Estados Unidos será difícil de borrar de la memoria colectiva.

Las operaciones de titulización de activos suelen ser utilizadas por bancos que quieren reducir sus requerimientos prudenciales de capital. Todo préstamo concedido obliga a la entidad de crédito a disponer de una determinada cantidad de capital, que será mayor cuanto mayor sea el riesgo de la operación. Si se transfiere un préstamo y se obtiene liquidez, se consigue rebajar directamente el requerimiento de recursos propios.

Normalmente, son los préstamos hipotecarios o los concedidos a corporaciones empresariales los que suelen ser objeto de operaciones de titulización. Evidentemente, a diferencia de lo acaecido con las hipotecas “subprime”, es esencial que el riesgo esté adecuadamente evaluado y medido.

Sin embargo, Credit Suisse (CS) ha sorprendido al mercado con el lanzamiento de la titulización de una cartera de préstamos concedidos a magnates millonarios con la garantía de valiosos y singulares activos (aviones privados, yates, inmuebles y/o activos financieros). Pese la exclusividad de tales objetos, ha sido necesario ofertar unos tipos de interés bastante elevados, superiores al 11% anual, para atraer a un grupo de hedge funds[1].

El tiempo se encargará de calificar los nuevos derivados con la etiqueta apropiada… “p”, “sp” o “Sp”. Parece claro que un relativamente modesto montante como el de la selecta operación impulsada por CS difícilmente podría provocar un cataclismo como el de las “subprime”, pero ¿qué podría significar un hipotético escenario de default generalizado de dicho segmento?





[1] Vid. R. Smith y O. Walker, “Credit Suisse securitises yacht loans to oligarchs and tycoons”, Financial Times, 7-2-2022.

22 de noviembre de 2021

IV Congreso de Educación Financiera de Edufinet: Educación Financiera para una época de cambio de paradigmas

 

Del 17 al 19 de noviembre se ha celebrado el IV Congreso de Educación Financiera de Edufinet. Como se expresa en el lema del Congreso, “Educación Financiera para una época de cambio de paradigmas”, los programas de educación financiera han de adaptarse para hacerse eco de las múltiples implicaciones que se derivan de un proceso de alteración de paradigmas en diversas esferas. Asentada la importancia de la cultura financiera como una de las competencias básicas para la vida en el siglo XXI, las iniciativas en el ámbito de la alfabetización financiera se encuentran ante el reto de conjugar la transmisión del armazón tradicional del razonamiento financiero con la plétora de cambios que se suceden en un entorno de creciente digitalización.

El primer congreso de educación financiera de Edufinet se celebró en el año 2018, como evento extraordinario, como colofón de un programa de actividades conmemorativas. No obstante, la experiencia se repitió en 2019, cuando hablamos de la posibilidad de que Málaga pudiera abrirse un hueco en el circuito de referencias internacionales de educación financiera. La situación de crisis sanitaria impidió que el simposio mantuviera su carácter presencial, pero no que se llevara a cabo a través de canales telemáticos. Sin ser demasiado pretenciosos en el sentido apuntado, hemos procurado mantener nuestra cita anual, que, con la de 2021, ha llegado ya a su cuarta edición, en esta ocasión mediante un formato mixto, presencial-digital.

Cuando el proyecto Edufinet comenzó su andadura en el año 2005, eran bastante escasos los puntos del globo terráqueo desde donde se irradiaba educación financiera. Hoy, son cada vez más las zonas de luminosidad que se observan en el planeta. Unos 400 miembros institucionales, de 130 países, forman parte de la International Network on Financial Education (INFE) de la OCDE, y cada vez son más los países que ponen en marcha estrategias nacionales de educación financiera. Las iniciativas públicas y privadas en este ámbito se cuentan, no ya por centenares, sino por miles.

Las razones son múltiples y sólidas. La adopción de decisiones financieras inadecuadas respecto a las circunstancias personales puede acarrear costes económicos directos significativos a las familias, en tanto que la carencia de habilidades numéricas y financieras elementales origina limitaciones en el desempeño profesional. El análisis económico permite identificar importantes ventajas en las vertientes de la eficiencia en la asignación de los recursos, la estabilidad económica, la distribución de la renta y la riqueza, y el desarrollo económico.

A tenor de la enorme expansión de los programas de educación financiera en todo el mundo, cabría esperar que el nivel de preparación de la población hubiese mejorado de manera sustancial. Sin embargo, la evidencia disponible lleva a constatar la existencia de considerables rémoras y lagunas al respecto. ¿A qué obedece esa resistencia?, nos podríamos preguntar. No podemos obviar, desde luego, las dificultades intrínsecas para llegar a dominar todos los elementos presentes en el sistema financiero. Y tales dificultades se acentúan cuando nos enfrentamos a una dinámica de cambios permanentes, intensificados, por el juego de fuerzas diversas, en el curso de los últimos años. ¿Qué hacer?, puede ser otra pregunta obligada.

Recabar la opinión de los distintos stakeholders en la educación financiera constituye, seguramente, una vía imprescindible, como también lo es acudir al dictamen de expertos en la materia. Esta fue una de las principales motivaciones de la organización del primer congreso de Edufinet y sigue siéndolo en la actualidad: revisar, actualizar y ampliar nuestro bagaje para mejorar nuestra capacidad de actuación ante el reto de promover la cultura financiera de la población, a la escala de nuestras posibilidades.

En línea con lo señalado, la educación financiera para una época de cambio de paradigmas ha sido el lema del IV Congreso de Edufinet. En él se han dado cita cerca de 40 ponentes que han abordado un amplio abanico temático: papel de la educación financiera, diseño de los programas formativos, evaluación de su eficacia, finanzas sostenibles, nuevas formas de tributación, psicología y regulación financiera, inteligencia artificial, emprendimiento, impacto de la política monetaria, análisis económico y toma de decisiones financieras, cálculo financiero, o ciberdelito, entre otros aspectos. Del conjunto de las exposiciones efectuadas, así como de las cuestiones suscitadas en los coloquios, puede extraerse un gran número de consideraciones y reflexiones de gran utilidad de cara al diseño de los programas de educación financiera.

Esta última tarea se enfrenta a un amplio conjunto de condicionantes del entorno que no pueden pasar desapercibidos, como son los que se derivan del proceso de digitalización y de otros desarrollos ligados a los avances tecnológicos. Asimismo, a lo largo de los últimos años han irrumpido diversos paradigmas de gran relevancia en los planos económico, financiero, fiscal, monetario o doctrinal. Todo ello no viene sino a reafirmar el carácter de la educación financiera como materia fronteriza, con un marcado perfil interdisciplinar.

Al hilo de los retos planteados y de la valoración de la experiencia acumulada, la consecución del objetivo de mejora del nivel de cultura financiera de la población debería descansar, desde nuestro punto de vista, en una estrategia basada en tres pilares formativos: i) enseñanza reglada; ii) participación en programas de mantenimiento periódico; y iii) acciones específicas ad hoc ante decisiones financieras relevantes (just-in-time).

En este mismo espacio, con ocasión de la celebración del Día de la Educación Financiera de 2021, señalábamos que el vaso de la educación financiera, según acreditados expertos, podía visualizarse como medio vacío o como medio lleno. Es cuestión de perspectiva. Sin embargo, con independencia de cuál sea nuestra percepción, una cosa está clara. Después de cotejar el panorama que se vislumbra, no podemos sino convenir en que el vaso, en realidad, es mucho más grande de lo que creíamos. Y, ya sólo para mantener el nivel percibido anteriormente, es preciso efectuar un aporte adicional de líquido a ese recipiente en expansión.

Para ello es preciso un esfuerzo adicional. Las fuentes están localizadas, y tienen muchos caños. Para aprovechar bien ese caudal hacen falta muchos colaboradores interesados en contribuir a una iniciativa de interés social, desde cualquiera de los programas existentes, y desde cualquier punto de la geografía. Uno de esos programas es Edufinet, y uno de esos lugares es la ciudad de Málaga, donde nuestro centro tiene las puertas abiertas, al igual que, permanentemente, la red que figura en el acrónimo que da nombre a nuestro proyecto.

(Artículo publicado en “UniBlog”)




21 de noviembre de 2021

Criptomonedas en el aula

 

“¿A qué edad considera que debería iniciarse el conocimiento de las criptomonedas?”. Alguien me formulaba esa sugerente pregunta en el turno de coloquio tras la presentación de una ponencia sobre “El (re)diseño permanente de los programas de educación financiera”, el día 17 de noviembre de 2021, en el IV Congreso de Educación Financiera de Edufinet. Ignoro quién hizo la pregunta. Es uno de los inconvenientes del uso de los canales telemáticos para el desarrollo de actividades congresuales.

La respuesta dada fue en la línea de recomendar la aproximación a dichos medios de pago mientras antes mejor (por supuesto, adaptando el enfoque al perfil del colectivo), e, idóneamente, en el marco de la educación secundaria. Las criptomonedas forman ya parte del sistema monetario real, en el que se afianzan a un ritmo incluso mayor del que podría haberse esperado. Cuando hay un instrumento financiero disponible, lo mejor es estar preparado y conocer sus ventajas e inconvenientes, y, en particular, los riesgos que puede conllevar su adquisición. Al hilo de la respuesta, no podía dejar de apuntarse otra pregunta, crucial, la de si las criptomonedas pueden ser consideradas dinero en todos sus términos. El grado de exposición de los adolescentes a operaciones bastante arriesgadas y, en no pocos casos, fraudulentas, a través de los circuitos de Internet, era otra reflexión casi ineludible.

Circunstancialmente, un par de días después, me topé con un artículo del diario Financial Times (FT) con el siguiente título: “Crypto in the classroom: Lucy Kellaway on the kids’ new craze” (19-11-2021). En él se describen casos de adolescentes en edad escolar que realizan operaciones de compra y de venta de criptomonedas, impulsados por la expectativa de lograr un dinero fácil e instantáneo. Asimismo, se destaca que el hecho de que sea ilegal para los menores operar con criptomonedas en la mayoría de las plataformas puede añadir un elemento de atracción.

Niños de 15 años tienen constituida una cartera de criptos, cuyo valor consultan cada mañana en sus teléfonos móviles. Lucy Kellaway recoge testimonios de profesores que consideran que se requiere un cambio urgente en el enfoque de los colegios sobre la enseñanza del dinero a los niños.

La ex columnista semanal del FT, hoy dedicada a la docencia, y articulista ocasional en dicho medio, concluye enfatizando la necesidad de que los niños reciban una enseñanza sistemática acerca del valor del dinero: “Sólo entonces estarán preparados para la lección más urgente de todas: si algo parece demasiado bueno para ser verdad, es demasiado bueno para ser verdad”.



2 de noviembre de 2021

La “verdadera sabiduría” bíblica como fuente de inspiración didáctica

 

Tener una mente abierta significa estar siempre dispuestos a encontrar indicios en pensamientos, provenientes de las fuentes más diversas, que nos allanen el camino del aprendizaje y nos iluminen en la incesante búsqueda de la verdad. Es una fuerza que actúa sin cesar en todo aquel en quien late la pulsión docente. En este mismo espacio se ha recogido la influencia de la filosofía senequista en quienes de manera altruista compartimos la aventura del proyecto de educación financiera Edufinet: "Si la sabiduría se otorgara con la condición de mantenerla encerrada, sin que pudiese transferirse, la rechazaría". También nos hemos hecho eco de otras interpretaciones bastante más restrictivas de la acepción de sabiduría.

Los textos bíblicos contienen enseñanzas que van mucho más allá de cualquier connotación religiosa, como las del Eclesiastés, aquí evocadas en conexión con los principios económicos. El Eclesiástico, otro de los libros sapienciales, nos ilustra acerca de la noción de “verdadera sabiduría”. “Hay quien es sabio para sí mismo, y los frutos de su inteligencia solo le aprovechan a él. El sabio enseña a su pueblo y los frutos de su inteligencia son dignos de fe”, nos recuerda el libro sagrado.

También la siguiente máxima, de gran valor como criterio inspirador de los programas de educación financiera: “Principio de toda obra es el pensamiento, y antes de toda acción está la reflexión”.

No acaban ahí las utilidades del texto seleccionado, que nos deja también algunos pensamientos intrigantes: “Hay hombre hábil capaz de enseñar a muchos, pero para sí mismo es un inútil”.

4 de octubre de 2021

Día de la Educación Financiera 2021: viejos temas, nuevos paradigmas

 

El Día de la Educación Financiera -el primer lunes del mes de octubre- fue instaurado en España en el año 2015, con objeto de difundir el Plan Nacional de Educación Financiera, y concienciar a la ciudadanía acerca de la importancia de mejorar y ampliar los conocimientos financieros y económicos. La celebración de este evento ofrece una oportunidad para trazar una panorámica del estado de la cuestión, repasar las tendencias observadas y reflexionar en torno a los retos que se afrontan en dicho ámbito. La mejora del nivel de cultura financiera de la población sigue siendo un objetivo prioritario en la mayoría de los países, si bien, ante un panorama económico en pleno proceso de transformación, en el que emergen nuevos paradigmas, los programas de educación financiera han de adaptar sus enfoques metodológicos y sus contenidos.

Desde hace años, en un gran número de países de todo el mundo se ha desplegado un amplio arsenal de iniciativas públicas y privadas encaminadas a promover la cultura financiera entre la población. Más de 70 países han establecido estrategias nacionales de educación financiera. La perspectiva financiera se ha incorporado, junto a las materias básicas, a las pruebas del PISA realizadas por la OCDE a los estudiantes de secundaria. Asimismo, esta organización internacional incluye la alfabetización financiera entre los conceptos y cuerpos de conocimiento considerados de importancia esencial para que los estudiantes los aprendan en la escuela. La cultura financiera es, en fin, una competencia clave para la vida en el siglo XXI.

Las razones son múltiples y sólidas. La adopción de decisiones financieras inadecuadas respecto a las circunstancias personales puede acarrear costes económicos directos significativos a las familias, en tanto que la carencia de habilidades numéricas y financieras elementales origina limitaciones en el desempeño profesional. Un elevado nivel de cultura financiera es un factor relevante para la estabilidad y la eficiencia del sistema financiero, y también de la economía en su conjunto.

A tenor de la enorme expansión de los programas de educación financiera en el ámbito internacional, cabría esperar que el nivel de preparación de la población hubiese mejorado de manera sustancial. Sin embargo, la evidencia disponible no permite ser demasiado optimistas al respecto, lo que no viene sino a corroborar la magnitud del reto planteado. “La tarea educativa que tenemos por delante puede llevarnos incluso siglos”, proclamaba en el año 1938 Harry Scherman, en relación con la extensión de los conocimientos económicos entre la población[1].

Flore-Anne Messy, secretaria ejecutiva de la Red Internacional de Educación Financiera de la OCDE (INFE, por sus siglas en inglés), ha sugerido que hay dos formas de ver el nivel de alfabetización financiera: como un vaso medio lleno o medio vacío[2]. Nos encontramos ante una realidad heterogénea entre países y, dentro de éstos, entre colectivos, pero no deja de ser significativo que, según un reciente estudio de la OCDE realizado para 26 países, sólo en torno a una cuarta parte de los adultos es capaz de contestar correctamente preguntas sobre el interés simple y el interés compuesto[3].

Cualquier programa educativo se proyecta sobre una realidad cambiante, como cambiantes son los perfiles y las necesidades de los destinatarios de las acciones formativas. Si esto es un rasgo intrínseco en todos los ámbitos del conocimiento, lo es de manera acentuada en conexión con las materias económicas y financieras, sujetas a movimientos y cambios incesantes. Si bien es cierto que hay conceptos nucleares que permanecen inmutables en su esencia, como el de tipo de interés, la realidad económica y financiera está inmersa en un proceso de transformación permanente, acentuado en los últimos años, bajo el impulso de tendencias estructurales y del impacto de acontecimientos imprevistos, lo que exige que los programas de educación financiera deban ser objeto de una revisión continua. A ello se une la necesidad de contrastar la validez de los enfoques didácticos, y de calibrar la capacidad de los distintos canales y de los instrumentos utilizados para su impartición.

El diseño de programas de educación financiera eficaces se enfrenta a un amplio conjunto de condicionantes y retos del entorno que no pueden pasar desapercibidos. Así, el proceso de digitalización afecta de manera especial al sistema financiero, con una profunda transformación tanto en la vertiente de la oferta como en la de demanda de servicios financieros, y en la forma de relación entre los proveedores de tales servicios y los clientes. Al mismo tiempo, han hecho acto de aparición nuevos operadores especializados (Fintechs) que ofrecen servicios financieros específicos a través de canales telemáticos.

La digitalización lleva aparejados, no obstante, algunos problemas. La exclusión, de facto, de personas integrantes de algunos colectivos poblacionales es patente. También lo es el aumento de los ciberriesgos para las entidades financieras, como igualmente la mayor exposición de los clientes a actuaciones fraudulentas cada vez más sofisticadas y perniciosas. El desarrollo de competencias sobre finanzas digitales, en definitiva, ha adquirido una importancia de primer orden. Otros desarrollos ligados a los avances tecnológicos deben ser igualmente objeto de consideración, tales como los big data, la analítica avanzada, el machine learning o la inteligencia artificial.

A lo largo de los últimos años han irrumpido, asimismo, en algunos casos reviviendo viejos planteamientos, diversos paradigmas de gran relevancia, en distintos planos[4]. El carácter de la educación financiera como disciplina fronteriza se ha acentuado notoriamente, de manera que la “flor de la educación financiera” tiene que amoldarse para acoger “nuevos pétalos”.  Aparte de los tradicionales, algunos de los últimos en aparecer han llegado con enorme fuerza y vigor. Tal es el caso de las finanzas sostenibles, con su triple proyección ASG (ambiental, social y de gobernanza), y que se sitúan en el foco del Día de la Educación Financiera 2021. Bajo el lema “Tus finanzas, también sostenibles”, se pretende “aunar el compromiso de la sostenibilidad ambiental, social y de gobernanza del planeta con la gestión de las finanzas personales en todos sus aspectos, desde una adecuada planificación de la economía doméstica a la inversión responsable”[5].

La educación financiera puede ser una valiosa ayuda para la materialización del referido paradigma, a través de distintas líneas de conocimiento y actuación, como las siguientes: i) promoción de la sostenibilidad financiera de las propias familias mediante una adecuada planificación y presupuestación, como soporte de decisiones financieras informadas y responsables; ii) aportación de una visión integral de los flujos de ahorro e inversión; iii) consideración de los impactos e interacciones dentro del circuito económico; iv) atención a las repercusiones de los referidos flujos en la vertiente medioambiental; v) incidencia de la transición energética y de los riesgos climáticos en las entidades financieras, y vi) incorporación de las perspectivas ASG en la toma de decisiones financieras.

Desde su nacimiento en el año 2005, el proyecto Edufinet tiene internalizada la concepción de la educación financiera como una flor en la que se despliegan cada vez más pétalos. Conscientes de la importancia de los criterios ASG, desde hace ya algunos años hemos incorporado esta línea de actividad, dentro de la que se han elaborado documentos y desarrollado sesiones formativas centradas en dicho ámbito. A fin de dotarla de mayor sustantividad, está prevista la creación de una sección específica con la denominación de “EdufiGreen”, que se ocupará de las cuestiones relacionadas con el medioambiente. Con arreglo a una aproximación “tinbergeniana”[6], cada uno de los pilares ASG requeriría, a nuestro entender, de un espacio propio.

La conmemoración del Día de la Educación Financiera 2021 es un estímulo para proseguir nuestra senda de promoción de la cultura financiera, objetivo que nos exige conjugar la atención a conceptos y elementos de conocimiento ancestrales, como el tipo de interés, con otros que se incorporan al hilo de nuevas tendencias. Un desarrollo económico sostenible necesita sustentarse en unas finanzas sostenibles, no sólo en relación con el medioambiente, sino también, como prerrequisito, en la vertiente presupuestaria de familias, empresas y administraciones públicas.

(Artículo publicado en “UniBlog”)


30 de junio de 2021

El diseño de los programas de educación financiera: contexto, tendencias y retos

 Cualquier programa educativo se proyecta sobre una realidad cambiante, como cambiantes son los perfiles y las necesidades de los destinatarios de las acciones formativas. Si esto es un rasgo intrínseco en todos los ámbitos del conocimiento, lo es de manera acentuada en conexión con las materias económicas y financieras, sujetas a movimientos y cambios incesantes. Si bien es cierto que hay conceptos básicos que permanecen inmutables en su esencia, la realidad económica y financiera está inmersa en un proceso de transformación permanente, acentuado en los últimos años, bajo el impulso de tendencias estructurales y del impacto de acontecimientos imprevistos, lo que exige que los programas de educación financiera sean objeto de una revisión continua. A ello se une la necesidad de contrastar la validez de los enfoques didácticos, y de calibrar la capacidad de los distintos canales y de los instrumentos utilizados para su impartición.

El diseño de programas de educación financiera eficaces se enfrenta a un amplio conjunto de condicionantes y retos del entorno que no pueden pasar desapercibidos. A continuación se recogen algunos aspectos significativos que, en nuestra opinión, deben tenerse presentes en dicha tarea:

       i.          A nuestro entender, el diseño de una propuesta formativa en este ámbito debe partir de una visión holística del proceso de toma de decisiones financieras, a fin de apreciar e incidir en el papel de la educación financiera. El foco debe ponerse en la toma de decisiones: qué elementos son necesarios para que una persona pueda adoptar sus decisiones financieras de una manera consciente, sistemática y coherente.

      ii.          Como referencia, cobran una gran utilidad los cuadros de competencias elaborados por la OCDE para los diferentes colectivos según edad y circunstancias. Sobre dicho marco se proyectan las nuevas tendencias.

     iii.          Proceso de digitalización:

a.      Éste afecta de manera especial al sistema financiero, con una profunda transformación tanto en la vertiente de la oferta como en la de demanda de servicios financieros, y en la forma de relación entre los proveedores de tales servicios y los clientes. Al mismo tiempo, han hecho acto de aparición nuevos operadores especializados (Fintechs) que ofrecen servicios financieros específicos a través de canales telemáticos. De igual modo, las Bigtechs aprovechan su enorme potencial de penetración para ofrecer servicios financieros, bien exclusivamente o en alianza con operadores especializados. Los desarrollos han sido particularmente intensos en el terreno de los medios de pago, en el que la entrada en vigor de nuevas normas (vgr., PSD2) habilita la provisión de nuevos servicios y espolea la competencia empresarial.

b.      La digitalización lleva aparejados, no obstante, algunos problemas. La exclusión de facto de personas integrantes de algunos colectivos poblacionales es un hecho. También lo es el aumento de los ciberriesgos para las entidades financieras, como igualmente la mayor exposición de los clientes a actuaciones fraudulentas cada vez más sofisticadas y perniciosas. El desarrollo de competencias sobre finanzas digitales, en definitiva, ha adquirido una importancia de primer orden.

c.      La digitalización, además de aflorar nuevos contenidos formativos a tener en cuenta, aporta distintas alternativas para su elaboración y transmisión.

     iv.          Otros desarrollos ligados a los avances tecnológicos deben ser igualmente objeto de consideración, tales como los big data, la analítica avanzada, el machine learning o la inteligencia artificial.

      v.          A lo largo de los últimos años han irrumpido, en algunos casos reviviendo viejos planteamientos, diversos paradigmas de gran relevancia:

a.      en el plano económico, con la consolidación de nuevas formas de actividad económica real (economía colaborativa, economía informal, economía circular…) o las adaptaciones a nuevas tendencias (cambio tecnológico teletrabajo, envejecimiento poblacional…);

b.      en el plano financiero (tipos de interés negativos, finanzas sostenibles, salud financiera…);

c.      en el plano fiscal (marco para la tributación internacional de las sociedades, nuevas opciones fiscales…);

d.      en el plano de los mercados de capitales (aparición de nuevos vehículos e instrumentos de inversión, modos de operatoria…);

e.      en el plano monetario (criptomonedas, monedas digitales de los bancos centrales, revisión del papel de los bancos centrales…).

f.       en el plano doctrinal (teoría monetaria moderna, Plan Chicago…).

     vi.          La educación financiera como disciplina fronteriza: este carácter se ha acentuado, de manera que la “flor de la educación financiera” tiene que amoldarse para acoger “nuevos pétalos”.  Aparte de los tradicionales, el de la Psicología financiera cobra cada vez más prestancia, así como el de la Estadística. Igualmente, el del Análisis económico, sobre la base de que la consideración de las implicaciones financieras de una decisión ha de pasar previamente por el tamiz del prisma económico. Tratar de evitar sesgos conductuales en la adopción de decisiones financieras es una faceta primordial, que ha de partir de la corrección de la situación generalizada de sobreconfianza acerca de los propios conocimientos financieros.

   vii.          Vinculado con lo anterior, el nivel de cultura financiera juega un papel de primer orden en la percepción social de los problemas económicos y, en este sentido, en la extensión de distintas narrativas económicas.

  viii.          Ante la importancia económica y social del emprendimiento, los programas de educación financiera deben contemplar el desarrollo de acciones específicas centradas en ese ámbito.

     ix.          El respeto a los preceptos del Código de Buenas Prácticas promovido por el Banco de España y la CNMV ha de ser una referencia permanente, máxime cuando, como es el caso del proyecto Edufinet, tales preceptos forman parte de su ADN constitutivo.

      x.          La evaluación de la eficacia de los programas, a fin de calibrar el verdadero impacto de las actuaciones debe ser una prioridad. La formación de los formadores es un requisito fundamental en este sentido. Según un estudio del Global Financial Literacy Excellence Center, dicha formación tiene una gran importancia, además, para aumentar la motivación y la confianza entre los profesores.

     xi.          Atendiendo a la orientación última de la educación financiera según los estándares internacionales, debe tenerse presente el objetivo final de la mejora del bienestar de las personas. Resulta, pues, necesario incorporar esta dimensión, si bien de manera diferenciada. Todo empieza con la toma de conciencia de los problemas que se afrontan y de las necesidades financiera que surgen. A esto sigue la contextualización, la aplicación de conocimientos y competencias para la toma de decisiones, complementados con actitudes personales, finalmente traducidas en comportamientos concretos. La capacidad para valorar las consecuencias de la asunción de deudas juega un papel esencial en relación con la finalidad apuntada.

   xii.          Ligado con lo anterior, la aproximación a la posición del sector público en relación con la provisión de bienes y servicios, y el otorgamiento de prestaciones sociales constituye, dadas sus evidentes repercusiones en las finanzas personales, un componente indispensable en los programas de educación financiera.

  xiii.          Ante la multiplicación de iniciativas de educación financiera, sería conveniente promover la configuración de redes a fin de aprovechar sinergias y ventajas  tanto para los proveedores de recursos como para los usuarios.

  xiv.          La potenciación de los elementos de interactividad es una línea básica en aras de lograr la implicación de los usuarios de los programas y de la mayor eficacia de éstos.

   xv.          A este respecto, la dotación de una mayor recurrencia, o incluso presencia estructural, de la educación financiera podría ser un factor determinante. Ese rasgo sería plenamente coherente con el enfoque de la planificación financiera que debe informar el proceso de adopción de decisiones.

  xvi.          Dada la importancia contrastada del papel que ejercen los padres sobre el nivel de cultura financiera de sus hijos, son en la práctica agentes esenciales en la transmisión de los conocimientos financieros. Por ello, su participación en programas de educación financiera tiene repercusiones directas e indirectas.

Aunque el recuento anterior no haya sido exhaustivo, ni se ha pretendido que lo sea, la diversidad de los requerimientos y la magnitud de los retos que se esbozan configuran unas tareas y exigencias que bien podrían calificarse como abrumadoras. Puede que realmente lo sean, pero no en menor medida son también apasionantes para cualquier persona motivada por la participación en la formación dentro un campo tan relevante para la sociedad, y que desee involucrarse en alguna de las múltiples facetas que integran el proceso productivo de la educación financiera. Para esas personas, especialmente para los docentes vocacionales altruistas, es de aplicación el paradigma expuesto en el III Congreso de Educación Financiera de Edufinet, celebrado en noviembre de 2020: L24LT: Lifetime Learning for Lifetime Teaching.

(Nota preparada para la reunión anual del Equipo de Trabajo de Edufinet, de 1 de julio de 2021)


10 de diciembre de 2020

La educación financiera y el deporte: nace EdufiSport, una nueva sección de Edufinet

Edufinet, como proyecto de educación financiera, surgió en el año 2005 en el seno de Unicaja, y a él se han ido incorporando progresivamente una serie de instituciones, entre ellas una quincena de Universidades, y otras entidades. Después de un recorrido de 15 años, mantenemos nuestro carácter de proyecto de responsabilidad social, en la doble vertiente corporativa y personal, sin ánimo de lucro y sin ningún tipo de connotación comercial.


La motivación central del proyecto es contribuir a la promoción de la cultura financiera entre los ciudadanos con objeto de facilitar su toma de decisiones financieras de una forma responsable y consciente. El mantenimiento de esa orientación general es compatible con la puesta en marcha de iniciativas adaptadas a las características y necesidades específicas de los diferentes colectivos poblacionales (jóvenes, universitarios, emprendedores, mayores…).


De hecho, las directrices de la OCDE sobre alfabetización financiera señalan la conveniencia de que los programas de educación financiera se adapten a las necesidades concretas de tales grupos. Sin embargo, hasta la fecha, y con la excepción de acciones aisladas, entre dichos colectivos no se encuentra de forma diferenciada el de los deportistas profesionales.


Y ello a pesar de la importancia objetiva que los conocimientos financieros tienen para los integrantes de este colectivo, cuyas carreras presentan una serie de rasgos y singularidades, como su limitación temporal. Aun cuando el deportista profesional medio en las competiciones de deportes de masas alcanza unas retribuciones cuantiosas que se concentran en un período temporal relativamente corto, algunos jugadores pueden verse en complicadas situaciones económicas al término de su carrera profesional, e incluso a lo largo de la misma, dada la incertidumbre acerca de su efectiva contratación durante los años en activo. A pesar de que los referidos deportistas cuentan habitualmente con servicios especializados de asesoramiento, cada vez hay mayor conciencia de la necesidad de que tengan una mínima capacidad para abordar las decisiones económicas, financieras y fiscales básicas.


En este mismo orden de cosas, aunque ante unos problemas diferentes, las cuestiones económicas y financieras son de igual o mayor trascendencia para aquellos deportistas que, pese a su alta especialización e intensa dedicación, practican disciplinas para las que los mercados están menos desarrollados y, en consecuencia, alcanzan unos emolumentos mucho menos significativos.


Estos y otros aspectos fueron puestos de relieve en la mesa redonda monográfica organizada en el marco del Tercer Congreso de Educación Financiera de Edufinet, celebrado del 16 al 20 de noviembre de 2020.

Por añadidura, a tenor de la trascendencia del deporte en la sociedad y de su papel en la vertiente formativa de los jóvenes, como herramienta de gran alcance, a lo que se unen los vínculos tradicionales de fomento y apoyo al deporte por parte de algunas de las entidades que respaldan el proyecto Edufinet, se ha estimado oportuno crear una nueva sección dentro de Edufinet con el foco puesto en el deporte.


Nace así EdufiSport, como nueva línea de actuación de Edufinet centrada en la educación financiera de los deportistas profesionales, y en conexión con el deporte en general. Arranca esta nueva sección. No será, desde luego, una carrera de velocidad, ni siquiera un maratón. La abordaremos como una expedición, como un viaje en el que esperamos ir incorporando a una experimentada tripulación y a muchos pasajeros con trayectos más o menos largos. Habrá que estar preparados para afrontar obstáculos y dificultades, pero esperamos poder ir superándolos con deportividad, y espíritu de entrega y superación. El viaje será largo y apasionante, pero podemos empezar a disfrutarlo con acciones de pequeña escala. 

(Artículo publicado en EdufiBlog) 

5 de octubre de 2020

Día de la Educación Financiera: un evento anual en un proyecto de largo recorrido

El Día de la Educación Financiera -el primer lunes del mes de octubre- fue instaurado en España en el año 2015, con objeto de difundir el Plan Nacional de Educación Financiera y concienciar a la ciudadanía acerca de la importancia de mejorar y ampliar los conocimientos financieros y económicos. La celebración de este evento ofrece una oportunidad para trazar una panorámica del estado de la cuestión, repasar las tendencias observadas y reflexionar en torno a los retos que se afrontan en dicho ámbito. La mejora del nivel de cultura financiera de la población es hoy día un objetivo prioritario en la mayoría de los países, cuya consecución requiere del despliegue de un amplio abanico de actividades dentro de un marco de colaboración público-privada.

Tal vez una buena forma de comenzar un artículo sobre el nivel de la cultura financiera sea colocarnos delante del espejo de las preguntas que se utilizan en las encuestas para calibrar las competencias financieras de la población adulta. En línea con la práctica seguida internacionalmente, la Encuesta de Competencias Financieras del Banco de España y la CNMV recurre a tres preguntas esenciales (las “tres grandes”), relacionadas con la inflación, el interés compuesto y la diversificación de activos (1).

Es muy probable que los (hipotéticos) lectores de este artículo consideren que se trata de preguntas bastante elementales, fácilmente abordables, especialmente dado el formato de opciones de respuesta. Sin embargo, únicamente en torno a la mitad de los encuestados responde correctamente a las mismas. La referida Encuesta contiene asimismo diversas preguntas relacionadas con el entorno económico. Así, si tenemos en cuenta que la realidad nos ofrece un panorama bastante más complicado, caracterizado por una gran diversidad de productos y servicios, y una considerable gama de riesgos, no podemos sino concluir que, para un ciudadano de perfil medio, pueden existir notables dificultades a la hora de adoptar decisiones financieras e interpretar los mecanismos por los que se rige el sistema económico.

La constatación, en la mayoría de los países, de: i) los insuficientes niveles de conocimiento financiero de la población en general; ii) la creciente complejidad de los productos financieros; iii) la mayor exposición de las familias a riesgos financieros; y iv) los beneficios que la toma de decisiones fundamentadas origina para la eficiencia y la estabilidad del sistema financiero, y del conjunto del sistema económico, explica el impulso dado a los programas de educación financiera en el curso de la última década. No en vano, la cultura financiera se considera una competencia clave para el desenvolvimiento ordinario de los ciudadanos en el siglo XXI. 

A este respecto, no podemos perder de vista la siguiente reflexión de Richard Thaler, Premio Nobel de Economía: “Ya sea cuando contraen un préstamo de estudios, compran una casa o ahorran para la jubilación, las personas han de tomar decisiones que son difíciles incluso si tienen formación universitaria en finanzas y economía. Lanzar a una persona sin formación financiera a esa vorágine es como coger a alumnos de autoescuela y pedirles que compitan en la prueba Indianápolis 500”. Trasladándonos al plano financiero, no podemos pretender que todas las personas sean capaces de competir en una prueba tan exigente, pero sí quizás de hacer una prospección controlada del circuito y, sobre todo, de calibrar los requisitos y los riesgos asociados a aquélla.

La educación financiera no aspira, pues, a formar expertos en asesoramiento financiero, sino a procurar que una persona esté en condiciones de manejar los criterios básicos para adoptar decisiones informadas y responsables. En este sentido, es fundamental que pueda identificar las implicaciones, ciertas o probables, que pueden derivarse de la contratación de un producto financiero a lo largo de toda la vida de éste. Con independencia de cuál sea nuestra actividad profesional, todas las personas hemos de afrontar continuamente decisiones financieras, algunas de ellas de enorme trascendencia, a lo largo de nuestro ciclo vital.

Y, ya sea como oferentes de servicios, como productores, como ahorradores, como consumidores, como beneficiarios de prestaciones y servicios públicos, o como contribuyentes, entre otras facetas, nos vemos afectados permanentemente por las características y condiciones del entorno económico. Lo anterior no viene sino a reforzar la idea de la complementariedad de lo económico y lo financiero. El ámbito objetivo de la educación financiera es intrínsecamente transversal, en el sentido de que atraviesa los límites de distintas especialidades y campos del saber.

Además, ha de tenerse presente que, antes de abordar la perspectiva financiera de una decisión, por ejemplo, la de concertar una operación de crédito hipotecario, ha de resolverse la cuestión económica que marca la disyuntiva entre la propiedad y el alquiler de la vivienda. La educación financiera es algo vivo que debe adaptarse continuamente a las tendencias que se observan en la realidad, como la digitalización, la inteligencia artificial, o las finanzas sostenibles, así como apoyarse en disciplinas instrumentales y en otras que pueden ser de gran utilidad en el proceso formativo, como es el caso de la psicología financiera.

En el curso de los últimos años han sido numerosas las iniciativas puestas en marcha en el campo de la educación financiera, y que han permitido cosechar notables avances. Sin embargo, la tarea no está concluida y son muchos los retos percibidos. Ante la magnitud de la tarea, resulta imprescindible que el contacto con las cuestiones financieras empiece lo más pronto posible, dentro del currículum escolar, y que se complete progresivamente en las fases subsiguientes con base en programas desarrollados por los agentes involucrados en esta misión, tanto públicos como privados.

Con esa finalidad, en el año 2005, arrancó en el seno de Unicaja el proyecto Edufinet (www.edufinet.com), abierto luego a instituciones, entidades y colaboradores individuales. Quince años después seguimos con la misma ilusión de entonces tratando de aportar nuestro granito de arena en pro de unos objetivos de interés social. La conmemoración anual del Día de la Educación Financiera es un estímulo apreciable para proseguir en esa línea, al tiempo que un recordatorio de que la extensión de la cultura financiera es un proyecto de lenta maduración y de largo recorrido.

(Artículo publicado en UniBlog) 

(1) Encuesta de Competencias Financieras 2016: https://www.bde.es/f/webbde/SES/estadis/otras_estadis/2016/ECF2016.pdf. 
Tales preguntas son las siguientes: 
Inflación: Imagine que cinco hermanos reciben un regalo 1.000 €. Si comparten el dinero a partes iguales, ¿cuánto obtendrá cada uno? Imagine ahora que los cinco hermanos tuvieran que esperar un año para obtener su parte de los 1.000 €, y que la inflación de ese año fuese del 1%. En el plazo de un año serán capaces de comprar: ¿más de lo que podrían comprar hoy con su parte del dinero, la misma cantidad, o menos de lo que podrían comprar hoy? 
Tipo de interés compuesto: Supongamos que ingresa 100 euros en una cuenta de ahorro con un interés fijo del 2% anual. En esta cuenta no hay comisiones ni impuestos. Si no hace ningún otro ingreso a esta cuenta ni retira ningún dinero, ¿cuánto dinero habrá en la cuenta al final del primer año, una vez que le paguen los intereses? De nuevo, si no hace ningún ingreso ni retira ningún dinero, una vez abonado el pago de intereses, ¿cuánto dinero habrá en la cuenta después de cinco años: más de 110 euros, exactamente 110 euros, menos de 110 euros, o es imposible decirlo con la información dada? 
Diversificación del riesgo: Por lo general, es posible reducir el riesgo de invertir en Bolsa mediante la compra de una amplia variedad de acciones. ¿Verdadero o falso?
Un comentario en relación con estas preguntas se lleva a cabo en: https://neotiempovivo.blogspot.com/2018/05/las-competencias-financieras-de-la.html. 
Las preguntas relativas al entorno económico son las siguientes: 
¿Qué afirmación acerca del dinero considera correcta?: a) El dinero en metálico mantiene su valor cuando la inflación es elevada; b) El dinero en metálico hace más fácil comprar y vender bienes; c) El dinero en metálico hace que sea más difícil ahorrar; d) No sabe/no contesta. 
¿Qué grupo se podría beneficiar más de un aumento inesperado de la inflación?: a) Un hogar que tiene una hipoteca a tipo de interés fijo; b) Un banco que ha concedido una hipoteca a tipo de interés fijo; c) Un hogar que vive de los rendimientos de activos de renta fija; d) No sabe/no contesta. 
¿Quién determina qué bienes y servicios se producen en España?: a) Las empresas y los Gobiernos; b) Los consumidores y los Gobiernos; c) Las empresas, los consumidores y los Gobiernos; d) No sabe/no contesta.
Las dificultades para responder adecuadamente las preguntas económico-financieras se observan entre los adolescentes. Vid.: https://www.edufinet.com/images/EdufiAcademics/WP-8-2020.pdf.

9 de diciembre de 2019

II Congreso de Educación Financiera de Edufinet: balance y conclusiones


Durante los días 21 y 22 de noviembre ha tenido lugar en Málaga el II Congreso de Educación Financiera de Edufinet, bajo el lema “Educación Financiera para una sociedad en transformación”. El encuentro se ha celebrado en un enclave privilegiado, en el corazón del centro histórico de Málaga, a escasos metros de la Catedral. Se trata del salón de actos del Palacio Episcopal, actualmente centro cultural de la Fundación Unicaja, que, además de cederlo para tal finalidad, ha concedido a Edufinet el honor de inaugurar con su congreso el nuevo espacio habilitado.

A partir de un programa caracterizado por la variedad y la densidad de contenidos, durante las dos jornadas se ha expuesto y debatido un amplio elenco de aportaciones. Una reseña básica de las mismas está disponible en el portal de Internet de Edufinet. Sin perjuicio de ello, y de la publicación prevista del libro de actas del Congreso, en esta entrada se recoge una apretada síntesis de las principales conclusiones que, desde un punto de vista estrictamente personal, pueden extraerse:

  1. La educación financiera es reconocida hoy como uno de los pilares de la estabilidad financiera, junto a la regulación y la supervisión financieras. Se atribuye a la educación financiera la misión fundamental de combatir la información asimétrica entre oferentes y demandantes de servicios financieros, y de capacitar a los usuarios de éstos para evaluar sus elecciones.
  2. La educación financiera puede desempeñar también un papel importante en relación con la mayor protección de los inversores financieros.
  3. Resulta conveniente delimitar las vertientes relativas al conocimiento, la competencia, el comportamiento y el bienestar.
  4. Se asiste a un reforzamiento del carácter fronterizo y multidisciplinar de la educación financiera. Dentro de éste cabe destacar el papel esencial, no sólo instrumental, del análisis económico.
  5. Existe un consenso en el sentido de incorporar elementos de educación financiera desde una edad temprana, preferentemente dentro del currículum escolar.
  6. La falta de una adecuada educación financiera, y la carencia de una cultura empresarial en sentido amplio, han sido identificadas como algunas de las principales causas del fracaso de los jóvenes que inician proyectos empresariales.
  7. La formación se considera básica para mitigar los sesgos cognitivos, teniendo en cuenta la existencia unos comportamientos marcados por una racionalidad limitada.
  8. Las competencias técnicas y las habilidades pedagógicas de los formadores constituyen un requisito básico de la eficacia de los programas de educación financiera.
  9. La existencia de préstamos responsables requiere del apoyo de la regulación y la supervisión por el lado de la oferta, y de la educación financiera, por el de la demanda.
  10. La cultura financiera se configura como un elemento necesario para hacer frente, de manera planificada, a escala individual, a los riesgos financieros asociados al proceso de envejecimiento poblacional.
  11. La evaluación de los programas de educación financiera es un ejercicio imprescindible para valorar su eficacia y su eficiencia, y para introducir mejoras en su desarrollo. Se trata de una tarea compleja que debe responder a una metodología objetiva y rigurosa.
  12. El asentamiento de los nuevos paradigmas económicos y sociales exige una continua adaptación de los contenidos, de la metodología y de los canales de impartición de los programas de educación financiera.
  13. Las nuevas tecnologías, en general, ofrecen beneficios pero también conllevan riesgos para la ciudadanía. Ante la aparición en el sistema financiero de nuevos “jugadores” no cubiertos por los paraguas de los esquemas regulatorios y supervisores aplicables a las entidades financieras, se incrementa el papel protector que puede derivarse de la cultura financiera.
  14. La toma de decisiones informadas en el ámbito de los criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza) entronca con la educación financiera, pues, a las competencias relacionadas con la contratación de productos y servicios financieros, se les habrá de sumar la específica que permita un dominio de los aspectos básicos de la contratación sostenible o socialmente responsable.
  15. Frente a la acepción tradicional del compliance como cumplimiento normativo en sentido pasivo, surge la noción del compliance como una forma proactiva de demostrar el compromiso de una organización con el cumplimiento de estándares éticos y legales. Se considera un candidato natural para integrar en los programas de educación financiera para empresarios y emprendedores.

La cercanía del recinto catedralicio permitía percibir, de manera atenuada, el sonido pausado de las campanadas, al compás del reloj de su única torre. Por determinadas razones históricas, se trata de un monumento inconcluso, pero no por ello menos querido y admirado. Salvando las distancias, Edufinet, por vocación, constituye también un proyecto inconcluso, en permanente construcción, de ahí que sigamos empleando esa denominación -proyecto- frente a otra que pudiera evocar algo cerrado y acotado.

Partiendo de esa filosofía, el Congreso, lleno de contribuciones de interés, nos brinda una oportunidad para ampliar el abanico de conocimientos y de experiencias. Al igual que la educación puede concebirse, en términos de análisis económico, como un proceso productivo, un enfoque similar puede aplicarse a un evento congresual.

La utilización de factores, la realización de actividades y la obtención de un producto son los ingredientes básicos del referido proceso. Es nuestra idea proseguir con la fase de las consecuencias y, a tal fin, llevaremos a cabo una “destilación” de los contenidos del Congreso con objeto de extraer enseñanzas que nos permitan adaptar los programas formativos destinados a los diferentes colectivos.

Aunque sin duda resultaría muy pretencioso aspirar a convertir Málaga en una de las capitales otoñales de la educación financiera, al menos sí creemos que podemos abrirnos un hueco en el circuito de referencias nacionales e internacionales. Con tal propósito es nuestra intención empezar a trabajar ya, con la mirada puesta en la cita del año que viene.

Casi quince años después del nacimiento de Edufinet, la inquietud por el conocimiento sigue viva, a la par que el compromiso con su extensión entre las personas que demanden una aproximación a los conceptos económicos y financieros.


(Artículo publicado en “UniBlog”, con fecha 5 de diciembre de 2019)

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