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8 de julio de 2024

La importancia del conocimiento tácito

 

Reconoce Amartya Sen, en el prólogo de la reedición de la obra, que se trata de una “contribución, breve pero enorme, a nuestros conocimientos y comprensión del mundo en que vivimos”. Publicada originariamente en el año 1966, “La dimensión tácita” se publicó en 2023 por el Instituto Juan de Mariana. Afirma también Sen que su autor “buscaba comunicar al gran público sus ideas de amplio alcance, y también tenía poca paciencia para las quisquillosas discusiones de la filosofía profesional”.

Su capacidad de comunicación es manifiesta cuando expresa su inclinación, desde el campo de la química, al mundo de la filosofía: “La primera vez que me enfrenté a cuestiones filosóficas fue al toparme con la ideología soviética que en la época de Stalin negaba la justificación a la investigación científica… Cuando le pregunté [en 1935, a Bujarin, uno de los principales teóricos del Partido Comunista, ejecutado tres años después] sobre las indagaciones de la ciencia pura en la Rusia soviética, me dijo que la ciencia pura era un síntoma mórbido de una sociedad de clase…].

Otras expresiones no resultan, sin embargo, tan claras, al menos en una primera lectura: “Con esto presente [‘las mentes y los problemas son más reales que los adoquines’], ahora podemos decir que el ejercicio hábil del hombre sobre su cuerpo es una entidad real que otra persona puede conocer, y conocer sólo comprendiéndola, y que la comprensión de esta entidad real tiene la misma estructura que en la realidad es su objeto”.

El autor en cuestión es Michael Polanyi, hermano de Karl Polanyi, cuya obra “La gran transformación”, ha venido teniendo una enorme influencia en el pensamiento económico y político en las últimas décadas, bastante después de su aparición en 1944.

Michael Polanyi declara que su motivación filosófica le llevó a “una idea novedosa del conocimiento humano, de la que parece emerger una armoniosa visión del pensamiento y la existencia enraizada en el universo”. Su reconsideración del conocimiento humano parte del hecho de que “podemos saber más de lo que podemos contar”.

Lleva a cabo un profundo análisis de la paradoja de Menón, señalada por Platón: “buscar la solución de un problema es un absurdo, porque o bien se sabe lo que se busca, y entonces no hay problema, o bien no se sabe lo que se busca, y entonces no se puede esperar encontrar nada”. Según Polanyi, “El tipo de conocimiento tácito que resuelve la paradoja de Menón consiste en la insinuación de algo escondido que aún no podemos descubrir… Como no tenemos conocimiento explícito de estas cosas desconocidas, tampoco puede haber una justificación explícita de una verdad científica. Pero así como podemos conocer un problema, y sentirnos seguros de que apunta a algo oculto detrás de él, también podemos ser conscientes de las implicaciones ocultas de un descubrimiento científico, y sentirnos seguros de que resultarán correctas”.

Ahora bien, no resulta inmediato saber cómo se genera ese conocimiento tácito, y nos surge la duda de si viene determinado por un conocimiento explícito previo. Polanyi pone el acento en que todo “descubridor está imbuido de un imperioso sentido de responsabilidad por la búsqueda de una verdad oculta, que exige sus servicios para ser revelada”, si bien advierte de que “Como el propio descubrimiento, la anticipación del descubrimiento puede resultar un engaño”.



24 de junio de 2024

Enanos a hombros de gigantes… ¿o de enanos?

 

El célebre aforismo atribuido a Bernardo de Chartres sintetiza con estilo insuperable el proceso de construcción del conocimiento: “Nosotros somos como enanos que están a hombros de gigantes, de modo que podemos ver más lejos que ellos no tanto por nuestra estatura o nuestra agudeza visual, sino porque, al estar sobre sus hombros, estamos más altos que ellos”. Incluso el considerado como el mayor científico de la historia, Isaac Newton, llegó a rendirle culto.

A lo largo de siglos, ha habido notables cohortes de gigantes, de estatura cada vez más elevada, que han posibilitado ir extendiendo los horizontes del conocimiento. De la interacción de enanos y gigantes se ocupó Umberto Eco en un ensayo, cuya comprensión requiere ir subiendo a lomos de unos cuantos gigantes[1].

En dicho ensayo, el filósofo italiano advierte de que “Existe el peligro, y nadie tiene la culpa, de que, en una situación de innovación ininterrumpida e ininterrumpidamente aceptada por todos, legiones de enanos se sienten sobre los hombros de otros enanos”.

Realmente, ¿es posible caer en lo que bien podría calificarse como una distopía?

Alicia Delibes, en “El suicidio de Occidente: la renuncia a la transmisión del saber” (Ediciones Encuentro, 2024), de manera muy documentada, aporta una serie de claves en perspectiva histórica. Y no, al leer este estudio sobre la historia de la educación en Occidente, no podría afirmarse que nadie tiene la culpa.



[1] “A hombros de gigantes”, en U. Eco, “A hombros de gigantes”, Lumen, 2018.


8 de noviembre de 2023

La pasión por el estudio y el saber: el jarro de agua fría de Fray Luis de Granada

 

Advierte Fray Luis de Granada acerca del “demasiado apetito que algunos tienen de estudiar y de saber, so color de aprovechar a otros… Y no es maravilla que una cosa tan loable pueda venir a ser tan dañosa si no se toma con templanza, porque no es cosa nueva ser dañoso el exceso de todas las cosas, aunque sean de suyo buenas y necesarias”.

Así da comienzo el sabio humanista cristiano a su disertación sobre el deseo de estudiar y saber, que, pese al desaliento que pueda causar entre quienes se ven impelidos por esa fuerza imparable del ansia de saber, con el fin primordial de poder desplegar una labor de apostolado docente, es en sí misma una irresistible invitación al estudio y a la meditación.

3 de septiembre de 2023

Honradez vs. inmoralidad: voluntad y espontaneidad

 

Desde que conocí al profesor al que mencionaba días pasados, apenas hay tregua, ya sea presencial o telemática, en el plano intelectual. Fiel a su metodología directa e incisiva, plantea cuestiones que desafían el pensamiento y también el conocimiento, con mayor o menor grado de dificultad. Aunque no siempre se pueda atinar en las respuestas, siempre es bueno hacer algún esfuerzo en su búsqueda. Por eso, es de agradecer que hay alguien suscite ese tipo de desafíos, bastante menos estresantes de los que la realidad se encarga de poner en nuestro camino.

En esta ocasión, la pregunta, que me llega por vía de un e-mail, encaja en la categoría de las que no pueden calificarse como fáciles, salvo, por supuesto, para especialistas consumados. Ignoro, pues, quién pueda ser el autor de las reflexiones contenidas en el párrafo transcrito, pero, sin duda, son de gran interés. La única pista -en absoluto desdeñable- es que se trata de un filósofo con quien Marx mantuvo significadas controversias doctrinales. Y me anticipa que el próximo reto versará sobre la teoría de la justicia en el filósofo alemán.

Con independencia de la autoría, el alcance de esas palabras es extraordinario y enormemente inspirador como referencia para las pautas de comportamiento personal. La advertencia no puede ser más provechosa: se necesita un gran esfuerzo permanente para no dejar de ser honrado, mientras que la ignorancia y la inmoralidad florecen de manera espontánea.



22 de mayo de 2022

El mercado de las ideas y la Constitución del Conocimiento

En una sociedad libre existe lo que se denomina el “mercado de las ideas”. Si los mercados de bienes, servicios y factores no se circunscriben necesariamente a un centro físico acotado donde se llevan a cabo transacciones bilaterales, el mercado de las ideas es todavía más difuso y difícil de delimitar. En él no tienen lugar, en lo esencial, interacciones entre individuos, sino que las conversaciones están mediatizadas a través de instituciones y canales como las revistas y los periódicos y las plataformas de medios sociales. Este llamado mercado se rige por un conjunto de normas y reglas como la veracidad y el contraste empírico. Depende, además, del juicio experto de profesionales como los revisores, evaluadores y editores de publicaciones. Y todo el sistema descansa en una base de valores, en un entendimiento compartido de que hay formas correctas y formas erróneas de hacer conocimiento.

Tales valores, reglas e instituciones hacen respecto al conocimiento lo que una constitución hace respecto a la política: crean una estructura de gobierno, forzando la contestación social dentro de unos derroteros pacíficos y productivos. A esto es lo que Jonathan Rauch denomina “Constitución del Conocimiento”, el conjunto de reglas sociales que permiten convertir el desacuerdo en conocimiento.

Una sociedad abierta es definida, según su tesis, por tres sistemas sociales: económico, político y epistemológico. Este último, relacionado con la teoría de los fundamentos y métodos del conocimiento científico.

Rauch, después de efectuar un recorrido histórico, se detiene en la “más desagradable sorpresa epistemológica del siglo veintiuno: los medios digitales han resultado estar mejor adaptados para la ira y la desinformación que para la conversación y el conocimiento”.

Pese a ello, dice no ser un alarmista, y recuerda como milagro la robustez que la expresión libre y la ciencia liberal han mostrado durante siglos, a pesar de los ataques permanentes desde todos los ángulos.

Sin embargo, algunos de los fenómenos recientes que Rauch aborda en su libro se apartan sustancialmente de las normas supremas, política y epistemológica, por las que se rige una sociedad libre. Se vive una etapa crucial en la que su resiliencia se está poniendo a prueba. De formas muy exigentes y amenazantes. 



14 de agosto de 2021

El difícil camino del aprendizaje: la visión de Friedrich Schiller

En “Cartas sobre la educación estética de la humanidad” (Acantilado, 2018) se recogen una serie de reflexiones y pensamientos del polifacético pensador Friedrich Schiller (1759-1805). A pesar de que, según expresa en la primera carta, “no suel[e] emplear las fórmulas que prescribe la academia”, no por ello los textos dejan de ser considerablemente complejos y de lectura no demasiado apacible para la comprensión directa e inmediata.

Hay, no obstante, excepciones, en las que las ideas expresadas son fácilmente entendibles. Así, en la octava carta, lisa y llanamente sostiene que “Debe haber[1] algo en la mente humana, más que en las cosas, que obstaculiza la recepción de la verdad, por luminosa que sea, y su aceptación, por convincente que resulte. Un antiguo sabio lo advirtió, y lo expresó en términos enigmáticos en una divisa cargada de sentido: sapere aude”.

Después de esta constatación, en la que, aparentemente, se hace abstracción de la complejidad del universo, nos describe el requisito clave para el aprendizaje: “Hace falta fuerza de ánimo para combatir los obstáculos que oponen al aprendizaje tanto la indolencia de la naturaleza como la cobardía del corazón. Por algo el viejo mito de la diosa de la sabiduría brotaba completamente armada de la cabeza de Júpiter, porque desde su primer acto es guerrera… A la mayor parte de los hombres combatir las necesidades ya los dejas demasiado fatigados y agotados como para embarcarse en una nueva lucha aún más dura contra el error”.

El error, esa situación de la que, según Goethe, “no surge nada, sólo sirve para confundirnos”. Mucho peor es, no obstante, vivir sin saber que se puede mantener una visión errónea de lo que nos rodea y, llegado el caso, no estar dispuestos a valorar que puede haber otras interpretaciones de la realidad.





[1] Sic; no “debe de haber”.


7 de agosto de 2021

La difusión del conocimiento como freno del conocimiento: la visión de Goethe

 

El enfoque didáctico de Edufinet como proyecto de promoción y extensión de la cultura financiera se sustenta en una serie de principios básicos. Entre ellos destacan dos inspirados en pensamientos filosóficos. La inclinación primordial a la adquisición de conocimiento para su transmisión es primordial, en línea con las enseñanzas de Séneca. El reconocimiento del papel del error como elemento útil dentro del proceso de aprendizaje, que encuentra apoyo en las tesis de María Zambrano, es otro de dichos pilares.

Ambos principios, sin embargo, se ven cuestionados si examinamos algunas de las reflexiones de Goethe[1]. Así, según el sabio germano, “Lo que uno sabe, lo sabe en realidad para sí mismo. Si hablo con otro sobre algo que creo saber, enseguida cree él saberlo mejor y tengo que replegarme una y otra vez en mí mismo con mis conocimientos”. Todo un jarro de agua fría, al que viene a sumarse la consideración de que “La verdad estimula; del error no surge nada, sólo sirve para confundirnos”.

En verdad no resultan proposiciones muy alentadoras. Pero, al margen de la altura intelectual de su autor, no es prudente rechazarlas categóricamente sin más. Otros principios superiores han de ser también los de revisión continua y permanente sometimiento a contraste. Todo desafío debe ser bienvenido y aprovechado, aunque provenga del túnel del tiempo.

 




[1] Vid. J. W. von Goethe, “Máximas y reflexiones”, edición a cargo de Juan José del Solar, Edhasa, 2021.

24 de noviembre de 2019

La educación financiera ante el templo del conocimiento

La pasada semana se celebró en Málaga el II Congreso de Educación Financiera de Edufinet, bajo el título de “Educación financiera para una sociedad en transformación”. El encuentro se desarrolló en un lugar privilegiado, concretamente en la antigua capilla del Palacio Episcopal, actualmente reconvertida en un espléndido salón de actos, bajo la gestión de la Fundación Unicaja, que cedió a Edufinet el honor de inaugurar dicho espacio con la referida actividad congresual.

En una de la sesiones, en tono humorístico, Eugenio Luque, Decano de la Facultad de Económicas de Málaga, llegó a plantear si era realmente apropiado tratar asuntos relacionados con las finanzas en un recinto con connotaciones sagradas, con tácita alusión a la conocida escena de los mercaderes en el templo.

En el mismo tono, me permití luego señalar dos pequeñas matizaciones. De un lado, si bien era innegable que el objeto del Congreso eran las cuestiones financieras, no lo era menos que se abordaban desde una perspectiva estrictamente académica, sin ningún tipo de visos transaccionales. De otro, la mención al que hasta ahora ha sido el banco más longevo de la historia, que justamente estaba ubicado en un templo, el de Artemisa en Éfeso.

Por lo demás, una de las tesis que traté de defender en el Congreso, en la que encontró alguna oposición, fue la de realzar por encima de todo, dentro del enfoque de la educación financiera, la vertiente del conocimiento.

Esto no significa que se pretenda ignorar o menospreciar las otras fases habitualmente comprendidas en las definiciones y propósitos de la educación financiera, las de actitud, comportamiento y bienestar. La motivación es subrayar el rol fundamental del conocimiento como base de toda la pirámide, y, asimismo, propugnar una independencia de instrumentos. Las actitudes, los comportamientos y el bienestar requieren inexorablemente del conocimiento, pero esa dependencia no se da en sentido contrario.

Mientras más sólidos sean los cimientos, más factible será ascender en la escala de componentes. Es el conocimiento lo que se merece consagrarle un templo de devoción y de dedicación exclusiva. En otras salas se pueden abordar, por quienes libremente quieran proseguir el itinerario, otros componentes del edificio de la cultura financiera.

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