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15 de septiembre de 2023

El dinero como moneda política

 

El dinero -como tenencia o, al menos, como percepción- es algo familiar para cualquier persona. Sin embargo, esa familiaridad y su aparente sencillez contrastan con la gran complejidad de todo lo que rodea al dinero en sí y a su utilización en la sociedad. A lo largo de la historia, filósofos, juristas, sociólogos, economistas y políticos, entre otros, han escrito innumerables textos sobre la naturaleza y los usos del dinero. Nadie escapa a su enorme poder de atracción, ni es ajeno a su trascendencia colectiva. El mundo se rige por unas convenciones respecto al dinero, pero eso no significa que se haya llegado a un consenso sobre qué es realmente el dinero, quién debe tener la facultad de crearlo y destruirlo, cómo se genera en la práctica, cómo debe regularse, o cómo modularse ante distintas coyunturas económicas. Prueba de ello es la incesante aparición -especialmente a raíz de la gran crisis financiera internacional de 2007-2009- de monografías y estudios con visiones y propuestas totalmente contrapuestas.

Stefan Reich, en su libro “The currency of politics” (Princeton University Press, 2022), viene a zarandear el panorama monetario del presente poniendo en cuestión algunas de las visiones y creencias más extendidas sobre el estatus del dinero. Y lo hace a través de una incursión histórica en el pensamiento político (en realidad, filosófico-político-económico) del dinero. A tal efecto, lleva a cabo una especie de “estratificación geológica” de la teoría política del dinero, centrada en el estudio de seis episodios de crisis monetarias y de su incidencia en el pensamiento sobre el dinero. Aristóteles, Locke, Fichte, Marx y Keynes son las figuras de referencia en cada uno de los cinco primeros capítulos, en tanto que el sexto aborda la etapa posterior a Bretton Woods.

En dicha obra, Eich, profesor de la Georgetown University, con una prosa densa y de estilo alambicado, defiende dos proposiciones fundamentales. Una es que los intentos de “despolitizar” el dinero encierran una contradicción de comportamiento, toda vez que dichas pretensiones se efectúan desde el ámbito de la política del dinero. Así, considera que gran parte de lo que se entiende como “despolitización del dinero” podría describirse más correctamente como “desdemocratización” de la política monetaria. El dinero es siempre algo político. La otra, que las llamadas para “politizar” el dinero quedan vacías cuando no describen el tipo de política que se pretende aplicar.

Para Eich, “la articulación de una visión persuasiva del dinero como bien público y proyecto constitucional de autogobierno será esencial si queremos revigorizar o reinventar la democracia para el siglo veintiuno”. En el texto aparece la expresión “public goods”, con lo que la ambivalencia de su significado no deja de generar alguna ambigüedad sobre los posibles ámbitos de actuación: ¿se refiere a “bienes colectivos” o, necesariamente, a “bienes públicos”? Para salir de la duda, podríamos preguntarle a Nakamoto.



2 de agosto de 2023

El dinero no lo compra todo

 

“… Al ver Simón que por la imposición de manos de los apóstoles se confería el Espíritu, les ofreció dinero… Pero Pedro le dijo: ‘¡Vaya tu dinero contigo a la perdición, pues has pensado que el don de Dios se compra con dinero!”.

La fuerza del dinero ha penetrado en todos los intersticios de la sociedad. Tanto que cada vez es más difícil encontrar algún hueco que no esté dominado por un interés crematístico. Y, cuando este está ausente en su manifestación material y tangible, aparecen otros sucedáneos, a veces no menos poderosos.

Los aspectos no pecuniarios pueden ser importantes sustitutos o complementos del dinero. Como se señalaba aquí recientemente, todo depende del marco de preferencias individuales y de dónde se ubique cada persona en el espacio delimitado por las variables “interés personal-interés social” y “gratuidad-retribución”.

El libro “Hechos de los Apóstoles” nos insinúa otro espacio, delimitado a partir de otros criterios: “tangibilidad-intangibilidad de los bienes” y “accesibilidad-no accesibilidad mediante precios objetivos”. Pedro deja bien claro que, respecto a ciertos dones supremos, el espacio efectivo de referencia queda restringido a un solo punto, tal como el D. Este punto representa una situación con un mercado inexistente, en la que el demandante queda completamente a merced de una voluntad superior… “¡Qué insondable sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!”.



21 de junio de 2023

El desvelamiento del dinero por Antonio Romero Mora

 

“El dinero es un velo”, el célebre adagio de los economistas clásicos, es el elegido por el autor para dar título a una interesante y sugerente obra que no hace mucho ha visto la luz, y cuyo contenido se perfila bastante más cuando percibimos su completa denominación: “El dinero es un velo. La historia de las leyes bancarias en España” (Funcas, Marcial Pons, 2023).

Partiendo de la constatación de la barrera que tradicionalmente ha venido rodeando a las cuestiones financieras, Antonio Romero Mora desafía esa percepción como hecho ineludible, y sostiene la tesis de que “los tecnicismos del dinero pueden desvelarse con facilidad”. Un reto de magnitudes considerables que, si nos atenemos a las tendencias recientes, no puede decirse que tienda a menguar de manera natural. En cualquier caso, no ha dudado en poner todo su caudal de conocimientos y experiencias al servicio de la causa en un proyecto con un alcance, una relevancia y una utilidad absolutamente impresionantes.

Lejos de tratarse de un tratado de corte mecanicista, el libro ofrece una visión multidisciplinar, que va mucho más allá de la mera aproximación jurídica, de la historia del sistema financiero español, desde la época medieval hasta nuestros días. Dotado de un planteamiento impecable, los estudiosos del sistema financiero tienen ante sí una auténtica joya literaria, llamada a convertirse en una referencia esencial.

Metódica, minuciosa, rigurosa, exhaustiva, llena de erudición. Son algunos de los atributos que puede intuir, de entrada, quien simplemente hojee las más de 550 páginas de la obra. Asimismo, sin embargo, no podrá dejar de tener la percepción de que el título, aun en su versión completa, no le hace plena justicia.



7 de diciembre de 2022

El fin de la era del dinero fácil

 

Durante años, el dinero fácil ha estado inundando los recovecos del sistema económico. Tanto era así que incluso su precio era con frecuencia negativo. Algunos agentes económicos, para aceptar recibir una suma de dinero, exigían “pagar” un tipo de interés negativo. No es absoluto mal negocio recibir 100 euros y devolver sólo 90. Llamamientos para emitir deuda pública sin freno ni límite surgían desde diversas instancias. Los antaño temidos “mercados”, vigilantes implacables de la ortodoxia financiera, parecía que se habían tomado un respiro o resultado seducidos por nuevos paradigmas económicos de vieja raigambre.

Contra pronóstico, sin embargo, la era del dinero fácil da la impresión de que ha llegado a su fin. Así lo constata Ruchir Sharma, presidente de Rockefeller International, una empresa de asesoramiento financiero. Según él, “[a]unque los inversores globales reconocen cada vez más que la era del dinero fácil ha terminado, muchos líderes mundiales no -y los mercados están castigándoles por un gasto libre en la nueva era del dinero escaso”[1].

Sharma reseña cómo, este año, los mercados han forzado un cambio en la política, o al menos en su tono, en una serie de países, desde Reino Unido a Paquistán, pasando por Brasil, Chile, Colombia, Ghana, Egipto y Hungría. “En la pasada década, los tipos bajos hicieron que el endeudamiento fuera muy fácil y el impago soberano tan raro, que muchos gobiernos se atrevieron a vivir por encima de sus posibilidades. Ahora, cuando los costes del endeudamiento y las tasas de impago aumentan, se está forzando un cambio, comenzado por las naciones menos desarrolladas, que son las más vulnerables a los acreedores extranjeros”, asevera el mencionado asesor, también autor del libro “The rise and fall of nations”.



[1] Vid. “The easy money era is over but world leaders have not got the memo”, Financial Times, 5-12-2022.


12 de junio de 2022

Las promesas por las que vivimos...

 

Es el título de la obra que Harry Scherman publicó en el año 1938 (Ediciones Deusto, 2020), citada aquí mismo en relación con el conocimiento económico[1]. En ella se pone de relieve el papel crucial que juegan las promesas para el desenvolvimiento de la actividad económica: “es evidente que nadie puede vivir en sociedad de forma sostenida si se dedica a incumplir una y otra vez sus compromisos laborales y/o salariales”. Los intercambios diferidos en el tiempo son tambien “responsables casi por entero de la producción económica, que dejaría de realizarse sin ellos”.

Esta perspectiva analítica se traslada luego al ámbito del dinero, respecto al que “la continuada y casi universal ignorancia constituye un auténtico enigma”. Para Scherman, la falacia primaria radica en la “confusión recurrente entre el dinero y las promesas de pagar dinero en el marco de un intercambio determinado”.

Merece la pena leer el esbozo de las características del dinero y de su evolución a lo largo de la historia que lleva a cabo. Puede ser una buena referencia para contextualizar el dinero en el mundo actual.

También, para apreciar el deterioro del valor del dinero fiduciario en una situación inflacionaria: “Entregamos dinero a cambio de promesas que nos aseguran que podremos recuperarlo cuando deseemos. Si no sucede esto, se rompe la promesa y se roba nuestra riqueza. Esto es lo que hace que el dinero de papel pueda terminar sin valor alguno… Cuando se quiebran las promesas, hasta el más tonto entiende que el dinero de papel no vale nada. Pero, si todo el mundo cree en el cumplimiento de las promesas, entonces la sociedad acepta tal forma de pago y vincula a ella toda su riqueza, todo su trabajo y todos sus activos”.




2 de mayo de 2022

La creación de dinero soberano: argumentos históricos convincentes

 

La historia milenaria de China acumula un extenso repertorio de hitos económicos y financieros que causan verdadero asombro por su anticipación. También el gigante asiático exhibe una vitola de eficacia en la consecución de los objetivos gubernamentales, si hacemos abstracción de alguna significada etapa caracterizada por una gran brecha entre las aspiraciones declaradas y los logros efectivos.

Como señala W. N. Goeztmann, en “Money changes everything. How finance made civilization possible”, “dada su larga tradición de entendimiento del dinero como un medio de intercambio e instrumento del estado, no es sorprendente que el papel moneda apareciera primero en China”, ya en el siglo XIII.

¿Cómo es posible, nos podríamos preguntar, que, de pronto, la gente, habituada a manejarse con otras formas de dinero, llegara a aceptar ese nuevo instrumento sustentado en un soporte tan precario, y sin ningún tipo de respaldo?

E. S. Prasad, en su obra “The future of money”, nos aporta una pista bastante orientativa. Cuando el gobierno de Kublai Khan, nieto de Genghis Khan y líder de la dinastía Yuan, emitió los primeros billetes, lo hizo acompañándolos de un argumento bastante convincente: habían de ser aceptados como pago de deudas, por cualquier persona dentro de sus dominios… bajo pena de muerte.

A duras penas en algunos casos, los billetes han sobrevivido a lo largo del tiempo, y ahora afrontan decisivas batallas ante los nuevos instrumentos de pago. También se enfrentan a un viejo enemigo renacido, la inflación, arma mortífera capaz de decretar la muerte incruenta del dinero, ya sea en formato de papel o electrónico.



26 de enero de 2022

Monedas digitales de los bancos centrales (CBDC): ¿una solución en busca de un problema?

 

La corriente a favor del desarrollo de CBDCs (central bank digital currencies), de monedas digitales de los bancos centrales, parece imparable. Aun así, merece la pena detenerse en un análisis objetivo e independiente de sus ventajas e inconvenientes. La iniciativa va bastante avanzada respecto al euro digital, y también está siendo objeto de consideración por el Banco de Inglaterra. Bastantes son los problemas -algunos no exclusivos- que aquejan al Reino Unido, desafortunadamente ya exEstado miembro de la Unión Europea. Sin embargo, mantienen una tradición largamente acreditada, la de elaborar magníficos informes sobre cuestiones económicas y sociales relevantes. El estudio de la adopción de la libra digital no es una excepción, que al propio tiempo viene a ejemplificar la utilidad de una cámara parlamentaria aparentemente obsoleta, the House of Lords. Al Comité de Asuntos Económicos de esta cámara le ha correspondido la misión de elaborar un informe técnico acerca de la posible implantación de dicha moneda digital. El informe es breve, para lo que suele despacharse en estos menesteres, pero sumamente jugoso e instructivo[1].

A diferencia de otros documentos de ámbitos territoriales distintos, el informe concluye que “no hay ningún caso convincente por el que el Reino Unido necesite una moneda digital del banco central (CBDC)”[2]. Se señala que, si se introduce una CBDC, será inevitable que algunas personas transfieran dinero desde sus cuentas bancarias a las carteras de la CBDC. Si no se adoptan salvaguardas, como el establecimiento de límites sobre la cantidad de CBDC que pueden mantener los individuos, la inestabilidad financiera podría verse exacerbada durante períodos de tensiones económicas, en la medida en que los depositantes busquen sustituir los depósitos bancarios por saldos en el banco central que puedan percibir como seguros. Por otro lado, pueden suscitarse problemas de falta de privacidad, y abrirse vías para que los bancos centrales practiquen, de una manera más fácil, formas de política monetaria no convencional.

El presidente del citado comité, Lord Forsyth of Drumlean, ha afirmado: “Hemos recogido evidencias de una variedad de testigos y ninguno de ellos fue capaz de darnos una razón convincente de por qué el Reino Unido necesitaría una moneda digital del banco central. El concepto parece presentar un montón de riesgo para una muy escasa compensación. Hemos concluido que la idea era una solución en busca de un problema”.

¿Pueden catalogarse las CBDCs como una suerte de personajes en busca de autor? En algunas jurisdicciones, ha quedado patente que el autor precedía al personaje y que le tenía ya asignado el papel a interpretar.





[1] House of Lords, Economic Affairs Committee, “Central bank digital currencies: a solution in search of a problem?”, HL Paper 131, enero 2022.

[2] Vid. UK Parliament, “Central bank digital currencies: a solution in search of a problem?”, House of Lords Media Notices, 13-1-2022.

30 de abril de 2020

¿Acabará la pandemia con el dinero en efectivo?


La pandemia del coronavirus ha subvertido las pautas sociales de una manera abrupta y radical. Ha acabado drásticamente con hábitos que parecían inmutables. ¿Acabará también con el uso del dinero en efectivo? ¿Pasarán a la historia los billetes y las monedas de curso legal?

El proceso de digitalización del dinero hace años que ha arrancado y algunos países van muy adelantados en ese recorrido. En cambio, en otros, hasta ahora, se constataba una firme resistencia a su desaparición. De hecho, tres cuartas partes de todas las transacciones de consumo en el área del euro tienen lugar por medio de efectivo, con un especial relieve en Alemania, España e Italia[1]. En el año 2016, un 79% de las compras en puntos de venta minorista en la Eurozona se realizaba por medio de dinero en efectivo, un 19% mediante tarjetas, y un 2% a través de otros instrumentos[2].

Los riesgos de contagio del virus han confinado también el dinero en efectivo y aupado el recurso a los medios electrónicos y telemáticos, incluso para el menudeo, preferentemente mediante las tarjetas contactless. La crisis sanitaria actúa como un potente factor de impulso de la digitalización.

Pero en épocas de crisis económicas, como la que también se ha desatado, hacen acto de aparición otros factores, que han podido agudizarse ante las insólitas situaciones vividas, de auténticas connotaciones medievales. La enorme incertidumbre existente aviva temores que encuentran en el dinero físico algún contrapeso. El atesoramiento de efectivo puede concebirse como una tabla de salvación si llegara a materializarse una temida situación de escasez o de colapso. Ya nadie se atrevería a descartar, al menos en el plano de la imaginación, ningún cisne negro, por muy grande y feroz que fuera.

¿Cuál de esas dos fuerzas contrapuestas cabe esperar que prevalezca, el empuje de la digitalización o el apego a los activos con soporte físico?

La constatación de que el virus puede permanecer durante algún tiempo en monedas y billetes actúa como un freno para su uso y, en la práctica, ha propiciado la extensión de procedimientos benignos de “lavado de dinero”. Algunos bancos centrales retienen durante una semana o más los billetes recibidos de países extranjeros, o los de circulación interna, y, en algunos casos, los someten a esterilización, antes de volver a ponerlos en circulación. Aunque no es fácil de determinar, hay estimaciones de la velocidad de circulación de los billetes, inversamente relacionada con el importe de su nominal (más de 100 veces al año los billetes de 5 dólares,  frente a las 20 veces de los de 100 dólares). Según la información disponible para Estados Unidos a través de la web “Where’s George”, los billetes viajan grandes distancias. Así, un billete de un dólar emitido en el año 2008 ha podido viajar más de 24.000 kilómetros, con una media de unos 5 kilómetros diarios[3].

También, de manera notoria, según informaciones preliminares, al menos en la fase inicial de la pandemia, la crisis sanitaria ha dado lugar a importantes disposiciones de efectivo en diversos países europeos[4]. El BCE ha corroborado que, cuando la pandemia se extendía por Europa, hubo un repunte de la demanda de efectivo: a mediados de marzo, el aumento semanal en el valor de los billetes en circulación casi alcanzó su récord histórico (19.000 millones de euros) (gráfico 1)[5]. Posteriormente, y en gran parte debido a la fase de confinamiento, las retiradas de dinero han caído por debajo de los niveles habituales.

Si hacemos caso de diversos testimonios[6], el temor al virus no derrotará el arraigo del uso del efectivo en Alemania, uno de los países donde las retiradas de fondos registraron un fuerte incremento a mediados del pasado mes de marzo.

Esa resistencia del efectivo resulta ciertamente llamativa ante el empuje de las fuerzas contrapuestas. Sin duda es un reflejo de lo potentes que pueden ser también los factores psicológicos, capaces en numerosas ocasiones de vencer la racionalidad de algunas decisiones económicas, así como de la dificultad de quebrar inercias tendenciales. En cualquier caso, el dinero en metálico –como medio de pago- tiene recambio; la vida de las personas, no.

Gráfico 1
Variación semanal de los billetes bancarios en circulación y tensión en el sector financiero
(enero 2008-marzo 2020)

Línea azul: Cambio semanal en el volumen de billetes en circulación (millones de euros) –escala izquierda
Línea amarilla: Indicador de tensión en el sistema financiero – escala derecha
Fuente: Panetta, op. cit.

(Artículo publicado en EdufiBlog, con fecha 30 de abril de 2020)





[1] Vid. F. Panetta, “Beyond monetary policy – protecting the continuity and safety of payments during the coronavirus crisis”, The ECB Blog, 28 de abril de 2020.
[2] En términos de valor: 54%, 39% y 7%, respectivamente. Vid. H. Eseelink y L. Hernández, “The use of cash by households in the euro area”, BCE, ocassional paper, noviembre 2017.
[3] Financial Times, “Coronavirus/bank notes germs: dirty money”, 22 de febrero de 2020
[4] M. Arnold y A. Beesley, “Cash demands surges in Europe despite coronavirus lockdown”, Financial Times, 15 de abril de 2020.
[5] Vid. F. Panetta, op. cit. Ese repunte se debió a las grandes compras efectuadas durante la tercera semana de marzo.
[6] Vid. M. Arnold, “Banknote virus fears won’t stop Germans hoarding cash”, Financial Times, 25 de marzo de 2020.

15 de enero de 2019

El sentido de la vida: ¿debe haber alguna norma sobre las aspiraciones vitales?

Si, a estas alturas, alguien me preguntara cuál había sido mi aspiración máxima en la vida, sin duda me pondría en un aprieto. Al cabo de los años, las expectativas, las prioridades, las ilusiones, las preferencias van alterando sus perfiles; lo que eran certezas se transforman en pompas de jabón, las creencias, en puras vaguedades que estrechan sobremanera el abanico de opciones reales. A menudo, nuestras propias vivencias nos llevan por unos detorreros a marchas forzadas, sin apenas margen para pararnos a pensar hacia dónde vamos o queremos ir, sin poder detenernos a calibrar cuál es el rumbo que más nos convendría, si en realidad tuviéramos la capacidad para emprenderlo.

Aunque el paso del tiempo ha ido enterrando lo que en su día fueron pretensiones más o menos vanas, o factores de autoestímulo, o meras ensoñaciones, en interminables capas de sedimento, hay algunas que todavía siguen haciéndonos llegar su señal, a pesar de llevar tantos años apagada. El sueño de llegar a ser guardameta del por aquel entonces, a mediados de los años sesenta, Club Deportivo Málaga es una de ellas. Así lo relataba, junto con otros recuerdos difusos, en un artículo que escribí para el periódico digital editado por Paco Rengel, cuyos contenidos se fueron con él.

Hace unos días, una persona allegada me contaba que sus dos hijos, cuya edad actual es similar a la que yo tenía cuando proclamaba aquella utópica aspiración, hace más de cincuenta años, aún en modo “monodigital”, al ser preguntados por su pretensiones para la edad adulta se decantaban con nitidez por la acumulación de sustanciales riquezas materiales.

También una cierta dosis de sorpresa me ha producido la reacción de algunos estudiantes, en la primera clase del nuevo año, ante un ejercicio en el que se planteaba el análisis, desde el punto de vista de los principios de la imposición, de una hipotética reforma fiscal consistente en el establecimiento de un tipo de gravamen del 75% como tipo máximo del IRPF, aplicable a partir de un umbral de 1 millón de euros. Según el sentir de tales estudiantes, dicha carga sería excesivamente elevada y totalmente injustificada. Su razonamiento les llevaba a cuestionar el derecho del Estado a detraer tan significativa proporción de ingresos logrados con el esfuerzo personal. Tal y como les comenté, dicha propuesta no estaba muy alejada de la propugnada hace no mucho en un país vecino de España. Además de ilustrar algunas experiencias históricas en determinados países, entre ellas la aludida en la canción de “Taxman” de Los Beatles, también recordé que, en España, diversos políticos y economistas abogan por tipos de este tenor, o incluso superiores. La noción de la posible confiscatoriedad planea siempre en debates de esta naturaleza.

No obstante lo señalado, el asombro adquiere mayores proporciones cuando nos hacemos eco del episodio narrado por Lucy Kellaway en el artículo comentado hace poco en este blog (Financial Times, 28-12-2018). En él relata cómo, no hace mucho, mostró a sus alumnos londinenses de enseñanza secundaria el siguiente titular: “La fundadora de Bet365 [Denise Coates] se paga a sí misma unos ‘obscenos’ 265 millones de libras”. Mientras que para la articulista dicha situación está relacionada con la codicia y un sistema roto, para sus alumnos se equiparaba a una historia de éxito. A renglón seguido pidió a los asistentes a clase que alzaran la mano si consideraban que hay un límite sobre lo que es apropiado que gane un primer ejecutivo: “Treinta y dos brazos permanecieron completamente quietos”.

Aunque no sean más que meras anécdotas por su falta de representatividad real, no dejan de ser llamativas las motivaciones que pueden subyacer en los comportamientos mencionados. Ahora bien, con independencia del juicio que a cada uno le merezca esta clase de posicionamientos y de los indicios que puedan ofrecer sobre el sentido de la vida, hay algún aspecto positivo que podemos encontrar en las manifestaciones expresadas. En cierto modo están efectuadas bajo una especie de “velo de la ignorancia”. Los niños y jóvenes en cuestión no saben qué futuro económico les espera, por lo que quizás se cubren ante la eventualidad de que alcancen una posición privilegiada, de la que les gustaría disfrutar sin la intervención previa del Fisco. No sabemos si por una vía que no fuera la coactiva de los tributos estarían dispuestos a ceder parte de sus recursos en beneficio de causas nobles. Dicho lo cual, también es evidente que otras personas que ya conocen cuál ha sido su sino económico pueden carecer de incentivos para ser reticentes a procesos de redistribución de la renta y la riqueza por parte del poder tributario.

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