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10 de enero de 2024

¿Un impuesto sobre las compañías de Inteligencia Artificial?

 

Algunos pronósticos sobre el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) sobre el mercado de trabajo son estremecedores. Mientras que algunos informes señalan que, en el próximo quinquenio, el número de horas de trabajo puede verse afectado en un 30%, Elon Musk ha llegado a vaticinar una sociedad en la que no haya necesidad de ningún empleo.

Para Marietje Schaake, directora de política internacional en el Cyber Policy Center de la Universidad de Stanford, y asesora especial de la Comisión Europea, “aunque los escenarios difieren, todos señalan tendencias similares. Habrá desplazamiento de empleos, e, incluso si se da una recuperación en el largo plazo, la transición requerirá significativos esfuerzos de la política pública”. La automatización permite aumentos de productividad y genera beneficios que no se reparten automáticamente. En su opinión, “sin intervención, el siguiente capítulo de la revolución tecnológica presenta una vez más el riesgo de que se privaticen los beneficios, mientras se empujan los costes de mitigar sus perjuicios hacia el público…. Durante generaciones, el trabajo ha sido el fundamento no sólo de la renta familiar sino también de la rutina y el sentido de propósito de las personas. Trate de imaginar lo que usted haría sin su empleo”.

A partir de esta argumentación, considera que “para reequilibrar los impactos de costes y beneficios de la IA en favor de la sociedad… el gravamen de las compañías de IA es el único paso lógico”. De esta manera, plantea actualizar las propuestas de Bernie Sanders y Bill Gates en relación con un impuesto sobre los robots.



16 de julio de 2023

Inteligencia artificial y educación

 

“La inflación y el impuesto sobre la renta están interrelacionados en la economía. La inflación, el aumento generalizado y sostenido del nivel de precios, erosiona el poder adquisitivo del dinero. Este fenómeno puede afectar la progresividad del impuesto sobre la renta, pues los tramos impositivos no suelen ajustarse automáticamente con la inflación. Cuando los salarios aumentan para compensar la inflación, los contribuyentes pueden pasar a tramos impositivos superiores, pagando más impuestos en términos reales, fenómeno conocido como "inflación fiscal". Por ello, es crucial que los gobiernos ajusten periódicamente los tramos impositivos para mantener su equidad”.

De haber omitido el entrecomillado, posiblemente, al leer este texto dentro de uno o dos años, podría creer que yo fuera el autor. No es así, lo es la aplicación ChatGPT, que lo ha generado instantáneamente después de recibir unas mínimas indicaciones sobre su objeto, la relación entre la inflación y el IRPF. Y, sin necesidad de esperar un año, la duda surge de manera inmediata: ¿Merece la pena dedicar un tiempo a elaborar un artículo de opinión, cuando está ya disponible una utilidad capaz de prepararlo sin dilación, sobre cualquier materia? Puede que hasta se entiendan mejor, lo que suele ocurrir, desde luego, cuando los contenidos son planos, o se quedan en la superficie de los aspectos tratados. Algo que, por cierto, le ocurre en alguna medida al párrafo transcrito, en el que, además, aparece un confuso nuevo concepto.

¿Tiene sentido encargar a los estudiantes una redacción, comentario o reseña sobre algún tema, teniendo en cuenta que pueden recurrir a un colaborador tan eficaz, sin que sea fácil dilucidar la autoría verdadera? Aunque la inteligencia artificial (IA) nos ha introducido en una nueva fase, no es menos cierto que, desde hace años, la era digital ofrece enormes posibilidades para la fabricación de textos de manera impostada, lo cual no es privativo de una época dominada por los avances tecnológicos. Al fin y al cabo, estos han venido a democratizar el acceso a los ghost writers, ya sean activos o pasivos. La autoría propia no es una cuestión sólo de medios, sino, ante todo, de ética.

No es la única faceta en la que la IA afecta al mundo de la educación. También el enfoque didáctico y la metodología pedagógica se ven impactados de lleno. Si la mera acumulación mecánica de conocimientos, orientada a su reproducción memorística, había quedado más que descartada como eje de la enseñanza, el nuevo contexto de abundancia y disponibilidad inmediata de información no viene sino a incidir en la necesidad de desechar esas prácticas desfasadas. En su lugar, la capacidad de discernimiento, valoración de datos, razonamiento, evaluación de alternativas, y búsqueda de soluciones ante distintas situaciones se erige en piedra angular.

Como recuerda Fukuyama, el surgimiento del lenguaje, como fuente de conocimiento no dependiente de la experiencia, y como habilitador de la abstracción y la teoría, es el factor crucial que permitió facultades cognitivas que son exclusivas de los seres humanos. A su vez, Harari sostiene que la democracia, que se basa en el lenguaje, puede resultar dañada, si la IA deteriora nuestra facultad para tener conversaciones significativas. Si el pensamiento crítico y el pensamiento creativo eran líneas de actuación recomendables, hoy son paradigmas inexcusables. Para protegernos de los riesgos de una extensión indiscriminada de proposiciones no contrastadas, y también para sacar provecho de las potencialidades que ofrecen las nuevas utilidades tecnológicas.

En suma, como ha subrayado Andreas Schleicher, alto responsable del área educativa de la OCDE, “en un mundo con inteligencia artificial, la misión de la educación ya no es simplemente enseñar a los estudiantes, sino también ayudarles a desarrollar una brújula fiable y los instrumentos requeridos para navegar con confianza a través de un mundo cada vez más complejo, volátil e incierto. La educación necesita pasar, de enseñar a reproducir, a quienes están en fase de aprendizaje, la sabiduría establecida de nuestros tiempos, a cuestionarla y extenderla”. La inteligencia artificial puede ser un instrumento muy valioso, pero todavía sigue siéndolo, mucho más, el de la inteligencia natural, cultivada con el estudio y el esfuerzo, como dique de contención de la tendencia al acomodamiento acrítico y banal.

(Artículo publicado en el diario “Sur”)

8 de mayo de 2023

Amenazas de la inteligencia artificial

 

No hace mucho, alguien me envió un texto sobre el papel de los bancos escrito con ciertas reminiscencias o evocaciones de “Cien años de soledad”. Más tarde, me comentaba que el ensayo había sido elaborado, automáticamente, por una famosa aplicación de inteligencia artificial (IA) a la que había solicitado el encargo específico. Los logros alcanzados por la IA nos dejan estupefactos, atónitos, llenos de incredulidad ante los avances que se están viviendo. Otro destacado jurista me venía a decir que había sometido la aplicación a considerables exigencias de conocimientos jurídicos, constatando luego que el desempeño era notable. Aunque el dispositivo no se mostraba infalible ante las pruebas planteadas, reconocía sus lagunas o errores, y evidenciaba su capacidad de aprendizaje. La IA está hundiendo, por otro lado, la moral de muchos docentes, algunos de los cuales no han tenido más remedio que desechar la elaboración de trabajos breves como forma de actividad práctica. Con la duda añadida de si el recurso a las nuevas aplicaciones es extensible a la realización de trabajos de fin de grado completos o, incluso, de tesis doctorales. Más allá de esas dudas razonables, una joven profesora se planteaba cómo, en los próximos años, podría competir con un chatbot omnisciente, disponible las 24 horas…

Seguramente, más bien temprano que tarde, habrá que reinventar la profesión, al igual que otras muchas. Hoy día, no obstante, a esas amenazas de índole tecno-estructural, se unen otras más mundanas, pero no triviales, que también hay que procesar. Como recoge la revista The Economist en un artículo dedicado a la incidencia de la IA en el periodismo[1], no hay que tomar como dogma de fe, sin más, las noticias provenientes de dispositivos artificiales presuntamente inteligentes, ni, por supuesto, tampoco las de origen no artificial.

Una primicia sensacional fue difundida, hace poco, por una emisora de radio estadounidense, según la cual “’el cohete de sexo masivo espacial’ de Elon Musk había estallado durante el lanzamiento”. En el artículo se aclara luego que esa sorprendente primicia “resultó ser una transcripción automática errónea de SpaceX, la empresa de cohetes del multimillonario”.



[1] “Ghost writers”, 6-5-2023.


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