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4 de agosto de 2023

El buen consejero

 

Es la Biblia una fuente inagotable de sabiduría, aprendizaje y entretenimiento, entre otros aspectos, no todos del mismo tenor. Desde una mirada personal retrospectiva, más o menos lejana en su alcance temporal, es de lamentar no haber seguido a pies juntillas algunas de las pautas contenidas en ciertos textos especialmente caracterizados por el primero de los atributos señalados.

El Eclesiástico sobresale en ese apartado: “Principio de toda obra es el pensamiento, y antes de toda accion está la reflexión”. Es una pena no haberse ajustado a ese sabio principio, aunque, en nuestro descargo, tal vez podría argüirse que muchas de las acciones irreflexivas han emanado de la fuerza muchas veces incontrolable del corazón, que, según el mismo texto, es “raíz de toda decisión”.

Las probabilidades de verse atrapado en el lamento son mayores, y más dolorosas, cuando, en lugar de haber seguido los dictados de esa raíz, nos hemos atenido a recomendaciones ajenas provenientes de consejeros no idóneos. El Eclesiástico contiene un tesoro como guía para la conducta, aprovechable por los jóvenes: “Todo consejero da consejos, pero hay quien aconseja en su interés. Ten cuidado con el consejero, entérate primero de qué necesita, porque en su propio provecho te aconsejará”.

Antes de atribuir a alguien el rango de consejero personal sería, pues, altamente recomendable someterlo a un proceso de fit and proper: “No te aconsejes con quien te mira de reojo, y esconde tus proyectos a los que te envidian. No te aconsejes… con un cobarde sobre la guerra, con un negociante sobre el comercio, con un comprador sobre la venta, con un envidioso sobre la gratitud, con un tacaño sobre la generosidad, con un perezoso sobre trabajo alguno, con un empleado eventual sobre el fin de una obra, con un siervo holgazán sobre una gran tarea…”.

Surge, no obstante, el problema de que una evaluación en condiciones podría requerir bastante tiempo, ya que no ha de basarse en meras declaraciones de intenciones, pues hay avezados expertos en la impostura.

El dictado es sumamente valioso, pero, a menudo, por distintas razones, no practicable. Aun así, es bueno tener presente la principal directriz: “Recurre siempre a un hombre piadoso, de quien sabes seguro que guarda los mandamientos, que comparte tus anhelos y que, si caes, sufrirá contigo”. Tal vez como prueba de la dificultad es la remisión subsidiaria que se hace: “Atiende al consejo de tu corazón, porque nadie te será más fiel”.

Aunque no resulten siempre de aplicación, es seguro que los dictados eclesiásticos servirán para un análisis ex post más fundamentado y, muy probablemente, para dotar de mayor base a un lamento por lo que será ya algo irremediable.

11 de abril de 2020

La gobernanza en tiempos de pandemia

Desde que irrumpiera hace ya bastantes años, probablemente bajo el impulso del término “governance”, el concepto de gobernanza ha ido asentándose y consolidando sus dominios en los más diversos ámbitos. Se trata de un término relajado en su expresión sonora y también en su significado. Su uso es signo de que se está al tanto de las corrientes dominantes en el terreno de la gestión, de lo que sea, de lo más variopinto. ¿Quién podría oponerse a algo tan biempensante como la gobernanza, aprorísticamente tan neutra?

Bien entendida, la gobernanza, la buena gobernanza, es necesaria para procurar una correcta gestión. En el caso de tener que hacer frente a un mal mayúsculo como una pandemia, no sólo es necesaria sino absolutamente imprescindible. Una buena gobernanza puede ahorrar vidas humanas, mientras que una pésima puede provocar resultados calamitosos. Cada problema desconocido plantea retos imprevisibles, dificultades insospechadas, giros inconcebibles y reacciones desproporcionadas. No cabe pretender un inventario completo ex ante. Por eso es esencial poder disponer de un sistema y de un método antes que se desencadene un episodio de crisis.

Pensando ya en una futura pandemia, y en las nuevas generaciones que hayan de padecerla, puede ser interesante ir perfilando un manual de buenas prácticas de la gobernanza de pandemias. Como no hay mejor manera de hacer camino que echar a andar, comienzo en esta entrada una lista tentativa de posibles pautas con ese propósito:
1.     Apartar las ideologías de todo tipo en las fases de prevención y de combate de la pandemia.
2.     Erradicar el sectarismo en todos los órdenes de actuación.
3.     Evitar que los objetivos partidistas interfieran en el proceso.
4.     Aun sin caer en un alarmismo gratuito, difundir de manera responsable entre la población la información disponible avalada por criterios expertos.
5.     Mantener un contacto permanente con los organismos internacionales especializados.
6.     Crear un mando único a cargo de un comité integrado por personas capaces, formadas y solventes no sujetas a intereses electorales.
7.     Preparar un plan sistemático de contingencias.
8.     Identificar las fuentes de conocimiento científico contrastado, tomándolas como referencia fundamental.
9.     No pretender limitar la libertad de pensamiento ni de expresión con el pretexto de salvaguardar la unidad de acción.
10.  Establecer un plan de actuación, sujeto a continua revisión y adaptación en la búsqueda de la mayor eficacia.
11.  Otorgar la máxima prioridad a la preservación de vidas humanas y a la evitación del sufrimiento de las personas.
12.  Impedir que los enemigos de la libertad utilicen las situaciones de emergencia para afianzar su agenda totalitaria.
13.  Organizar un sistema de múltiples líneas de defensa por capas en las fases de prevención, detección, contención, curación, y recuperación.
14.  Articular un sistema de alertas tempramas.
15.  Crear una agencia independiente integrada por técnicos cualificados con la misión de actuar como observatorio de las pandemias.
16.  Saber valerse de asesores cualificados no sujetos a dictados políticos.
17.  Ser conscientes de la inexistencia de certezas en las oleadas de propagación de las enfermedades, pero sin despreciar los escenarios de probabilidades de ocurrencia.
18.  Evitar todo de conflictos de intereses en cualquier participante en el proceso de gestión.
19.  Establecer un sistema estadístico fiable de la incidencia efectiva de la enfermedad.
20.  Extremar la coherencia y la ejemplaridad por parte de todas las personas con alguna responsabilidad, especialmente en el caso de las de mayor rango.
21.  Valorar objetivamente las propuestas de actuación sin dejarse condicionar por apriorismos basados en etiquetas, utilizando una especie de “velo de la ignorancia programática”.
22. Promover la implicación de todos los sectores, de manera coordinada, para hacer frente a los males sociales.

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