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19 de abril de 2024

“Victimless tax rises are a myth”

 

Hay frases escuetas pero llenas de fuerza expresiva que están llamadas a erigirse en reglas de oro en campos específicos. Basta leerlas o escucharlas sólo una vez para saber que su protagonismo es insoslayable, que no podremos eludir su dictado implacable. Algunos de esos adagios se afianzan y se instalan en el acervo colectivo. La rotundidad, el rigor, la elegancia y la seducción de los aforismos latinos siguen causando admiración dos milenios después.

En su editorial del día 19 de abril de 2024, el diario Financial Times, que proclama abiertamente su carácter libre e independiente (“Without fear and without favor”) deja un título que oposita a la lista de locuciones señeras: “Victimles tax rises are a myth”.

El recurso a esta frase, que encierra una verdad en toda regla, se hace en conexión con el análisis de la abolición en Reino Unido del régimen fiscal conocido como “non-dom”. Dicho esquema permitía que los individuos que residieran en ese país, pero con residencia permanente en el extranjero, no tuvieran que pagar el impuesto británico sobre su renta exterior por un período de hasta 15 años.

Mientras que la medida adoptada por el gobierno conservador, según los analistas, “ha disminuido el atractivo fiscal de Reino Unido”, las medidas más restrictivas adicionales planteadas por el “shadow chancellor” laborista “podrían ser un catalizador para que los individuos ricos abandonen el país”.

Según el Financial Times, ambos partidos deber recordar que “no hay ninguna cosa que sea un impuesto ‘sin víctimas’”. Sí, “las subidas impositivas sin víctimas son un mito”.



14 de enero de 2024

¿Razones para ser optimistas en 2024?

 

“Una perspectiva global pesimista”. Así resume el Foro Económico Mundial el panorama que se vislumbra para el año 2024, a partir de los pronósticos emitidos por un selecto grupo de casi 1.500 expertos globales procedentes de la academia, el mundo empresarial, la esfera gubernamental, la comunidad internacional y la sociedad civil. El informe correspondiente revela un mundo “acosado por un dúo de peligrosas crisis: clima y conflicto”. Estas amenazas encuentran como telón de fondo un cambio tecnológico acelerado y una incertidumbre económica.

No obstante, una voz que habitualmente no destaca por insuflar ánimos excesivos, la de Guillian Tett, considera que la élite de Davos tiene un profundo sesgo psicológico hacia el pesimismo (“Reasons to be optimistic in 2024”, Financial Times, 12-1-2024). Incluso llega a plantear un decálogo de cuestiones cuya respuesta invita, según ella, al optimismo para el año recién inaugurado:

1.      Avances científicos en el campo de las energías renovables.

2.      Aceleración de la investigación en ciencias biológicas, impulsada por las aplicaciones de la inteligencia artificial (IA).

3.      Posibilidad de acceso a información, por primera vez, por parte de millones de personas, gracias a la extensión de los teléfonos inteligentes.

4.      Iniciativa conjunta de Estados Unidos y China, en las Naciones Unidas, para regular los riesgos de la IA.

5.      Posibilidad de que los bancos centrales puedan implementar aún políticas de restricción cuantitativa sin alimentar una crisis financiera este año.

6.      A pesar de que los niveles de deuda son alarmantes, esto no ha desencadenado aún una crisis de deuda soberana en el mundo desarrollado.

7.      La inflación podría seguir cayendo a medida que las perturbaciones de la cadena de suministros se atenúan, o, más exactamente, las compañías se ajustan a un mundo donde tienen que mejorar su gestión.

8.      Las ansiedades sobre la democracia podrían hacer que votantes previamente complacientes luchen finalmente por preservar los valores liberales: “Polonia muestra que la deriva hacia la autocracia no es inevitable”.

9.      Las preocupaciones sobre los riesgos económicos del proteccionismo podrían empujar a China y a Estados Unidos a dar apoyo a los lazos comerciales.

10.   Los tiranos que siembran hoy el caos no son eternos: “Ni siquiera Vladimir Putin es inmortal”.

¿Es esta lista inverosímil?, se pregunta la articulista británica, que dice que “[es] una periodista y está entrenada para ser cínica, y los peligros identificados por el WEF [Foro Económico Mundial] son reales. Pero Pollyanna-ista o no, [ella] urgiría a añadir una sección de ‘riesgos positivos’ al cuestionario del año próximo”.

Sin perjuicio de que quepa añadir algunas dudas en el incierto y peligroso panorama que se vislumbra para el año 2024, sí parece claro que algunos de los argumentos esgrimidos reflejan, cuando menos, una cierta dosis del síndrome del pollyannismo, ya patente incluso al incorporar la perspectiva histórica subyacente a determinadas manifestaciones. Hay hechos contrastados y constatados que no están sujetos a contingencias probabilísticas.






13 de octubre de 2023

La cara oculta de los tipos de interés ultrarreducidos

 

Salvo por los más recalcitrantes ahorradores libres de todo endeudamiento presente o futuro, las rebajas de los tipos de interés suelen ser recibidas con alborozo. En una situación de atonía de la demanda y de relajación en los mercados, es una medida típica para tratar de activar los flujos económicos. La intensidad de las disminuciones llevó los tipos a niveles insólitos, cercanos al cero, o incluso a introducirlos en terreno negativo, a raíz de la desalentadora “coyuntura estructural” vivida en los países occidentales desarrollados con motivo de la gran crisis financiera internacional y sus derivaciones. Durante muchos años ha prevalecido este panorama en el que el dinero tenía un precio nulo, si no negativo. Un marco idóneo para endeudarse masivamente. La apuesta fue muy fuerte, aunque de dudosa eficacia, a tenor de la parquedad de las tasas de crecimiento económico, antes de que se desatara la pandemia del coronavirus.

La política de tipos de interés ultrarreducidos es francamente beneficiosa para quienes se endeudan, ya sean familias, empresas o administraciones públicas. Sin embargo, tiene una cara oculta aderezada de notables inconvenientes. Tanto es así que Sheila Bair, expresidenta de la US Federal Deposit Insurance Corporation y asesora senior del Center for Financial Stability, llega a proclamar abiertamente que “Higher rates for longer are a good thing”. Frase ésta que da título a un reciente artículo publicado en el diario Financial Times.

Tomando como referencia el caso estadounidense, señala que, a pesar de que la Reserva Federal mantuvo el dinero gratis durante casi 14 años, en aras de estimular la economía, ese periodo de “política de tipo de interés nulo” (Zirp, por sus siglas en inglés; Ptin o Ptic en español) estuvo caracterizado por un tímido crecimiento, mayores concentraciones en los mercados, baja productividad, y una enorme desigualdad de la riqueza. La política de tipos de interés de cuantía significativa -asevera- es necesaria y llevará, después de penosos ajustes, a una economía más justa, más productiva y resiliente.

La teoría en la que se basa la Zirp es que estimula el consumo y las inversiones en capital productivo haciendo que, para empresas y consumidores, sea más barato endeudarse. La teoría no se ha confirmado en la práctica, y según algunos estudios, unos mayores tipos de interés están asociados con un mayor crecimiento económico.

Según Bair, el dinero gratis puede socavar en la práctica el crecimiento haciendo que la economía sea menos eficiente. Si no cuesta nada endeudarse, el dinero fluirá a todo tipo de usos improductivos. Se da pie, por ejemplo, a inversiones en criptoactivos, o a adquisiciones empresariales por las grandes corporaciones, con el consiguiente aumento del dominio del mercado. Por otro lado, se acentúa la desigualdad, al propiciarse un aumento del precio de activos en manos de las personas más ricas. Admite que los tipos ultrabajos de los préstamos hipotecarios han generado muchos beneficios a familias endeudadas, pero ha habido perjuicios para los arrendatarios de viviendas, que han visto como se disparaban los costes del alquiler.

El dinero gratis contribuye a la inestabilidad financiera, al generar un riesgo de crisis cuando haya que atajar la inflación. Estimula unos niveles excesivos de endeudamiento, y fomenta la asunción de riesgos para tratar de conseguir alguna rentabilidad. Cuando suben los tipos, estallan las burbujas, y los deudores muy endeudados entran en situación de impago.

7 de agosto de 2023

How can you mend a broken… tax system

 

Hace ya tiempo, los Bee Gees nos enseñaron lo difícil que es reparar un corazón roto[1]. Ese tipo de situaciones tiene una enorme trascendencia en el plano personal, a veces de manera irreparable. La dificultad de arreglo se extiende también a otras situaciones de carácter colectivo con enormes repercusiones sociales e individuales. Las que conciernen a los sistemas fiscales son particularmente relevantes y, asimismo, especialmente complicadas de arreglar. Al final, todos los caminos nos conducen al terreno de la imposición. Ahí es donde, ya sin retórica y desprovisto de todo ropaje o envoltorio, percibimos el otro lado, el menos amable, de la actividad presupuestaria del sector público. La percepción social ganaría en transparencia y celeridad si todas las propuestas relativas a los programas de gasto público se trazaran en paralelo con el aporte, a la postre imprescindible, del caudal recaudatorio. La escisión instalada entre las dos vertientes del presupuesto no ayuda precisamente en ese propósito.

Según el consejo editorial del diario Financial Times, es hora de arreglar el deteriorado sistema fiscal del Reino Unido[2]. Así lo expresa en un artículo de hoy mismo, pero es casi inevitable no tener la sensación de un repetitivo “déjà vu”. El mismo mensaje, expresado de una u otra forma, viene apareciendo a lo largo de los últimos años, si no décadas. No es menos cierto que Reino Unido tiene y mantiene una larga tradición de análisis y discusión de las propuestas de reforma fiscal. El titular podría, cómo no, hacerse extensivo a otros muchos países, al igual que el inventario de los factores que impulsan las necesidades de gasto público (envejecimiento poblacional, transición ecológica, deterioro de los servicios públicos, nuevos riesgos, conflictos internacionales…).

“El sistema fiscal de Gran Bretaña está deficientemente diseñado para una nación del siglo XXI que necesita desesperadamente, una vez más, que aumenten los ingresos”. Vaya novedad. Lo llamativo en este caso es que, según los autores del texto, “todo esto ocurre mientras la presión fiscal… es ya alta según los estándares históricos y alcanza su mayor nivel desde la Segunda Guerra Mundial”. No menos llamativo es el hecho de que la presión fiscal en Reino Unido era, en 2021, del 33,5%, bastante inferior a la media de los países de la OCDE y a la de España.

Sin embargo, para los editores del Financial Times, unos mayores niveles de fiscalidad no son realistas políticamente, como tampoco replegar los servicios públicos, ni recurrir aún más a la deuda pública.

En su lugar, recomiendan encomendarse al estímulo del crecimiento económico, si bien éste se ve socavado por las deficiencias de productividad. La reforma y la simplificación del sistema tributario podrían ser, se arguye, una forma de alterar la situación. Plantean, en este sentido, algunas líneas de reforma para promover el crecimiento económico a largo plazo que, a su vez, generarían mayores ingresos, tales como las siguientes: i) gravar mejor los “males” como la contaminación y la congestión; ii) capturar más “rentas económicas” (vgr., la propiedad de un recurso limitado como la tierra); y iii) suprimir los desincentivos existentes para a inversión productiva.

No parece que la potencia de fuego que puede lograrse a través de estas vías sea la suficiente a tenor de la situación descrita, pero habrá que esperar a la anunciada concreción de las propuestas. Lo que sí dejan claro es que “la reforma fiscal no es fácil, pero la perspectiva de tratar de gobernar de manera efectiva sin ingresos suficientes no lo es menos”.



[2] Vid. “It is time to fix Britain’s broken tax system”, Financial Times, 7-8-2023.

25 de diciembre de 2022

Adiós a 2022 como ‘zeitenwende’

 

El año 2022 afronta sus últimos días a ritmo acelerado. Es el momento elegido por los analistas para seleccionar las palabras que lo han definido. Tony Barber, prestigioso articulista del diario Financial Times, recoge las que han tenido un mayor protagonismo en este medio a lo largo del año, y destaca una de ellas, pronunciada por el canciller alemán Olaf Scholz pocos días después de la invasión de Ucrania por Rusia. Este inesperado acontecimiento representaba, según él, un ‘zeitewende’, un cambio de era. La etapa posterior a la guerra fría se daba por concluida.

Como recoge Barber, “Alemania y sus aliados deben permanecer juntos en una firme defensa de la libertad y la democracia. Alemania tendría que reconsiderar sus políticas de exterior, de energía y económicas, gastar más en defensa y no sentirse recelosa de proveer liderazgo para Europa. Ningún canciller había hecho un discurso similar desde el nacimiento de la República Federal en el año 1949”[1].

“En qué medida cambiará el ‘zeitenwende’ la política germana en el curso de los próximos años?”, se pregunta Barber. Aunque sea difícil de pronosticar, lo que es seguro es que, en el sentido que sea, afectará apreciablemente al conjunto de los ciudadanos europeos. La batalla de las reglas fiscales de la Unión Europea, sobre las que se ha venido pronunciando repetidamente el ‘Bundeskanzler’, está llamada a tener una importancia crucial. Aún no se sabe si el mencionado ‘zeitenwende’ también lo será para la Unión Europea. La pandemia de la Covid-19 ya hizo un sustancial trabajo al respecto.



[1] “Year in a world: Zeitenwende”, Financial Times, 24-12-2022.


16 de septiembre de 2022

Los monstruos de la deuda

Dicen que pueden ser grandes o pequeños; aterradores o suaves; rojos, verdes o amarillos. Son los “monstruos de la deuda”. Es la denominación que utiliza el diario Financial Times para recoger una serie de compañías fuertemente endeudadas, con un nivel de apalancamiento de “proporciones monstruosas”. Para la selección de tales compañías se toma el criterio de que los diferenciales de los bonos corporativos estén mostrando una señal con bandera roja: dichos títulos de deuda cotizan con un rendimiento de más 10 puntos porcentuales (1.000 puntos básicos) por encima del de los bonos soberanos.

En la lista de 35 sociedades analizadas nos encontramos con casos en los que el referido diferencial llega a 55 o 78 puntos porcentuales, e incluso a 100[1]. Para Robert Armstrong, dicho “compendio… es un rico menú de apuestas binarias -compañías que quebrarán con una recesión o se verán catapultadas fuera de ella”[2].

El uso de la palabra “monstruo” no es nuevo en el mundo financiero. En 2008, el entonces presidente de Ecuador, Rafael Correa, declaró que “la deuda exterior de su país era ‘ilegítima’ y que los tenedores de los títulos eran ‘monstruos reales’. Seis meses después de haber impagado 3.200 millones de dólares de deuda exterior, la recompró en su mayoría a razón de 35 céntimos por dólar”[3].





[1] “Debt monsters in the downturn”, Financial Times, 13-9-2022.

[2] “Lost innocence”, Financial Times, 14-9-2022.

[3]  Vid. Pan Kwan Yuk, “Ecuador first overseas bond payment in 183 years”, Financial Times, 15-12-2015. 



26 de abril de 2022

La extraña muerte de la salutación y el auge de la despedida conminatoria

 

Vi casualmente el artículo hace algún tiempo. El título era sugerente, pero quedó aparcado por diversas circunstancias. Hoy me he reencontrado con él, y he podido hojearlo. Pilita Clark, conocida columnista del Financial Times, considera que se ha producido la extraña muerte de la salutación en las comunicaciones más usuales[1].

Según ella, se ha implantado como costumbre que los remitentes de correos electrónicos prescindan de cualquier fórmula inicial de tratamiento o de cortesía, entrando directamente en materia sin ningún tipo de contemplaciones. A su entender, se trata de una pauta que puede ser admisible en las misivas entre colegas con una relación frecuente, pero no cuando hay un mayor distanciamiento.

Contrariamente a otras opiniones de sus colegas, entiende que la pérdida del saludo inicial no es imputable a factores generacionales, sino que existe transversalidad en la nueva práctica, que ella rechaza de manera contundente.

Pese a lo indicado por la articulista, personalmente he observado que, después de una etapa inicial en el uso del correo electrónico, tiende a prevalecer la pauta de utilizar algún tipo de saludo. Es más, habitualmente se suelen dar los buenos días, las buenas tardes, o las buenas noches, en función del momento horario del emisor, lo que tal vez puede prejuzgar el de la lectura y/o contestación. Mi experiencia reciente apunta en ese sentido.

No menos preocupante que la falta de salutación inicial es la tendencia bastante extendida a conminar la respuesta. Ahí sí que se observa un agudo deterioro de las formas tradicionales. La exigencia se ha convertido en moneda común. Puestos a elegir entre la omisión del saludo inicial y la despedida con requerimientos, no queda claro cuál de las dos opciones es más tolerable.




[1] “The strange death of salutation”, Financial Times, 30-3-2022.


4 de enero de 2022

La deducibilidad fiscal de los intereses de la deuda: la gran distorsión

 

Tradicionalmente, la normativa del impuesto sobre sociedades (IS) se ha caracterizado, en casi todos los países, por introducir un tratamiento asimétrico de los costes satisfechos por una sociedad por el uso de los recursos financieros, en función de su consideración como recursos propios (capital) o ajenos (deuda). Mientras que los primeros (dividendos) no eran deducibles fiscalmente, sí lo eran los segundos (intereses). En la estructura típica de un IS, el pago de los dividendos tiene lugar a partir del excedente neto de cada ejercicio, una vez detraído el importe del IS. En cambio, los intereses de la deuda eran tratados como un gasto necesario para la obtención de los ingresos y, como tal, deducible para determinar la base imponible del impuesto. Ante este tratamiento dual, la distribución de dividendos implica un desembolso por el mismo importe neto para la sociedad, en tanto que el pago de intereses implica un coste neto igual al importe bruto menos el resultado de multiplicar éste por el tipo de gravamen marginal aplicable.

La asimetría es evidente, con lo que dicho tratamiento fiscal introduce un claro sesgo a favor del uso de recursos ajenos por las sociedades. Hace ya algunos años, la revista The Economist dedicaba la portada de un número (16 de mayo de 2015) a dicho tema, con un título impactante: “La gran distorsión”. En un artículo se llevaba a cabo un detallado análisis en el que se ponían de relieve los inconvenientes de una práctica considerada sin sentido, y se instaba a erradicarla a fin de poner fin a la “adicción a la deuda”[1].

El problema es bien conocido y, de hecho, desde hace tiempo, la agenda de las reformas fiscales ha incluido dos modelos impositivos orientados a eliminar el referido sesgo. Dichos modelos responden a enfoques diferentes: i) el conocido como ACE (“Allowance for Corporate Equity”) busca la neutralidad fiscal mediante el reconocimiento de la deducibilidad de un coste imputado por el uso de recursos propios; ii) el que responde a las siglas CBIT (“Comprehensive Business Income Tax”) resuelve el conflicto mediante la supresión de la deducibilidad de los intereses.

Pese a la evidencia palpable del sesgo favorable al endeudamiento en el IS tradicional, aún en la actualidad nos encontramos con algunas controversias sobre la razonabilidad o no de la deducibilidad de los intereses. Así, por ejemplo, en un debate suscitado por el diario Financial Times se ponían de manifiesto posiciones contrapuestas. De un lado, Victor Fleischer sostiene que el riesgo de quiebra aumenta a medida que se eleva la ratio de la deuda -favorecida por el tratamiento fiscal- respecto a los recursos propios. De otro, Jonathan Blake defiende que las empresas puedan deducir los gastos legítimos, incluyendo los intereses cuando calculan los beneficios gravables[2].

Nos encontramos, en definitiva, ante una cuestión de enorme trascendencia en las vertientes de la fiscalidad y la política financiera de las empresas. También, cómo no, en la de la educación financiera.





[1] Vid. The Economist, “Briefing: Ending the debt addiction. A senseless subsidy”, 16-5-2015.

[2] Vid. “Should we end the tax deductibility of business interest payments?”, Financial Times, 22-7-2020.

14 de noviembre de 2021

La aspiración del calcetín perfecto como problema universal: una búsqueda constante

 

El Financial Times es un diario bastante extraño. A pesar de su extraordinario prestigio y de su enorme influencia, publica algunos artículos de contenido económico de cuestionable interés y dudosa calidad. Sin embargo, también acoge contribuciones sobre temas no económicos (aunque suele ser raro que no tengan alguna implicación en ese ámbito) que combinan, en sentido positivo, los mencionados atributos.

El segundo puede ser discutible, pero no el primero, por lo que concierne a un reciente artículo centrado en una prenda que tiene una gran importancia a lo largo de nuestras vidas, sobre todo en el caso de los hombres, el calcetín. Sam Leith (“The trials of a middle-aged man’s search for socks”, Financial Times, 4-11-2021) considera que encontrar un par de calcetines que sean confortables, prácticos y duraderos es algo así como un Santo Grial. Y, a diferencia de lo que sostiene este autor, no es algo exclusivo de los hombres maduros. Quizás no en la infancia, a la que ya apenas alcanza la memoria, pero sí en la juventud, su elección no era un problema menor. Y no digamos la dificultad para encontrar algunos que dieran unas adecuadas prestaciones de garantía. Como se indica en el texto mencionado, los calcetines reclaman la atención de su portador varias veces al día, por diversos motivos.

Son una prenda semiíntima, que, en el momento más insospechado, puede gastar una mala pasada. La imagen de un alto cargo de un importante organismo económico internacional exhibiendo unos inmisericordes agujeros marcó todo un hito. A partir de ahí la modesta prenda elevó su estatus internacional.

A pesar de su (supuesto) carácter efímero diario, sujeto a la cadencia de las jornadas, son un elemento muy apreciado, una vez que tomamos conciencia de su funcionalidad. A veces tienen connotaciones especiales. En su día, me hizo mucha ilusión utilizar unos calcetines de la marca Jorigu. Me los regaló un prestigioso, y hoy conocido, físico nuclear, cuyo padre trabajaba en la factoría catalana, con quien coincidí en el servicio militar.

Recuerdo también que los calcetines protagonizaron un divertido enigma entre los profesores de Hacienda Pública que, a mediados de los años ochenta, asistíamos a los cursos de verano dirigidos por el profesor Fuentes Quintana. Uno de los asiduos asistentes llevaba siempre cada día, y cada curso, unos calcetines con la misma apariencia. Su color era, por lo demás, parecido al representativo de la Facultad de Económicas. Los investigadores más avispados llegaron a formular teoremas acerca de la constancia exhibida, pero no llegaron a obtener evidencias estadísticamente significativas para alcanzar una conclusión definitiva. Todavía siguen abiertas las especulaciones, pero, al fin y al cabo, quién puede excluir el efecto del dominio de unas preferencias monolíticas, con la posibilidad de acopio reiterado o de utilización con reposición previo mantenimiento ordinario.



14 de octubre de 2020

El adiós de Samuel Brittan: un legado inabarcable

La primera vez que leí un artículo de Samuel Brittan, la impresión inmediata fue que del texto emanaba sabiduría económica, un dominio de los fundamentos del análisis económico, una profunda capacidad para aplicar sus instrumentos para explicar la realidad. Su producción acumulada a lo largo de más de cincuenta años representa un caudal inmenso de conocimiento, un extraordinario legado que debería ponerse al alcance de cualquier interesado en el estudio de los problemas económicos. Como en algunas ocasiones comentaba a mis alumnos, su habilidad para destilar el saber económico era llamativa y sumamente útil e instructiva.

Al ver ayer su imagen no pude evitar llenarme de tristeza, al saber que no podremos volver a contar con su maestría para diseccionar los nuevos problemas económicos. Uno de los articulistas de referencia del Financial Times, retirado hace varios años, nos ha dicho adiós a la edad de 86 años. Especialmente tras leer la semblanza que le dedican sus colegas Alan Budd y Andrew Hill (Financial Times, 12-10-2020), uno puede apreciar su impresionante trayectoria, además de lamentar una vez más no haber tenido la oportunidad de seguir sus aportaciones desde el inicio de nuestro propio proceso de formación.

Hace años, uno de los evaluadores de un artículo que yo había remitido para su posible publicación a una revista científica, cuestionaba que, en la sección bibliográfica, incluyera algunas referencias de textos publicados en la prensa económica especializada. Ciertamente, frecuentemente incurrimos en el sesgo de menospreciar contribuciones que pueden ser valiosas en razón de que no estén amparadas en un formato académico. Hay, desde luego, mucha heterogeneidad en los artículos de prensa, especializada o no, prestigiosa o no, pero algunos de ellos como los de Samuel Brittan escalan hasta cumbres muy elevadas. Y, además, como suele decirse, según recuerdan Budd y Hill, los columnistas  británicos son también capaces de escribir libros. Y Brittan se encargó de que esa selecta regla siguiera prevaleciendo muy dignamente.

Uno de sus títulos fue “Left or right: the bogus dilemma”, que evocaba en un artículo posterior publicado en abril de 2012. En él sostenía que la dicotomía izquierda-derecha constituye un falso dilema, y que el concepto de un espectro izquierda-derecha oscurece más que ilumina. Como soporte argumental señalaba que aunque Hitler y Stalin se colocan usualmente en los extremos derecho e izquierdo, respectivamente, de hecho tenían mucho más en común entre ellos que cualquiera de ellos tenía con los políticos de posiciones centristas. Esa visión camufla problemas importantes y levanta barreras entre quienes debieran ser aliados, afirmaba.

2 de julio de 2020

La caída de Wirecard: a la búsqueda de un buen escardador

Se habla insistentemente de aplicar unas reglas del juego comunes a todos los equipos que participan en una misma competición y a todos los agentes que operan en un mismo mercado. Para que una competición sea equitativa, los contendientes han de actuar en un terreno de juego equilibrado (“a level playing field”). Parece bastante lógico, pero antes incluso de nivelar el terreno de juego sería altamente deseable que se llevara a cabo una función cada vez más imprescindible, cuyo papel, bien ejercido, podría ahorrar muchos costes y quebraderos de cabeza. Se trata de la función del “escardador”, “persona que escarda los panes y sembrados”[1].

En el caso de la trayectoria de la compañía alemana de procesamiento de pagos Wirecard, no sólo se ha apreciado el problema estructural de la falta de un terreno equilibrado para las fintechs y otros operadores financieros tradicionales, sino que también, de manera especialmente sangrante, se han echado de menos los buenos oficios de un escrupuloso escardador. Hasta tal punto es así que lo que verdaderamente era una hierba nociva se tenía por una flor delicada. En este sentido, aparecía como buque insignia del sector fintech germano, con una tecnología de vanguardia que hacía uso de instrumentos en las áreas del machine learning y de la inteligencia artificial. En el año 2018, reemplazó a Commerzbank en el prestigioso índice Dax 30 de Alemania. Se decía que era una rara firma tecnológica europea capaz de desafiar a los gigantes de Silicon Valley.

El proceso de ascenso, auge y caída de Wirecard merece ser objeto de estudio, pues son muchas las enseñanzas que se desprenden del mismo. Sin renunciar a hacerlo, si surge la oportunidad, no puedo dejar de señalar aquí un rasgo que llama la atención. Cuando se repasan los principales hitos de esa historia, uno tiene la sensación de estar leyendo un guion de una película bastante mala[2].

Apañados estaremos si el futuro tecnológico lo ha de marcar una empresa que basa su plan de negocio en la gestión de los pagos por acceso a sitios de pornografía en Internet, y de apuestas de juego. ¿Y qué diríamos de la película si viéramos que, otras irregularidades al margen, el nudo gordiano de la quiebra de una empresa cotizada y auditada estaba en unos depósitos ficticios que, por importe de 1.900 millones de euros, figuraban aparentemente en entidades bancarias asiáticas?

Y tampoco puede obviarse que, como la mayoría de las empresas germanas, Wirecard estaba dotada de una estructura de administración dual, con su órgano ejecutivo y su órgano de supervisión, lo que conforma el esquema que tanto pondera Piketty como elemento de su propuesta de socialismo participativo.


[1] Escardar: “1. Arrancar y sacar los cardos y otras hierbas nocivas de los sembrados. 2. Separar y apartar lo malo de lo bueno para que no se confundan” (DRAE, 23ª ed.).
[2] La referida secuencia se describe en D. McCrum, “Wirecard: the timeline”, Financial Times, 25 de junio de 2020.

28 de junio de 2020

Best sellers económicos: la gran convergencia ideológica

Como otras publicaciones especializadas en temas económicos y financieros, el diario Financial Times, el más influyente en la esfera internacional, tiene atribuida una aureola con connotaciones intrínsecas de liberalismo y ortodoxia económica, así como de defensa a ultranza de la empresa y de los mercados libres. Cualquier lector que haga un seguimiento de sus planteamientos editoriales y del posicionamiento de sus articulistas más destacados, encabezados por Martin Wolf, el comentarista económico jefe, podrá comprobar que no siempre las presunciones o las etiquetas preestablecidas se corresponden con la realidad.

Así, las críticas al capitalismo son un lugar común, al igual que la ardorosa defensa de los postulados keynesianos, concretada en un permanente apoyo de la expansión del tamaño del sector público, vía gastos, impuestos y deuda. Propuestas como la teoría monetaria moderna, el repudio a las denominadas políticas de austeridad presupuestaria, la expansión monetaria, la aplicación de elevados impuestos sobre el patrimonio, o la realización de ingentes inversiones en el marco del Green New Deal, encuentran un respaldo inequívoco en las páginas de dicho periódico. Siempre con un amplio y sólido despliegue argumental, combinado con una variada gama de fuentes estadísticas.

Ese posicionamiento doctrinal se refleja también, al menos en parte, en las selecciones recurrentes de libros de Economía que se recomiendan en distintas fechas. Así, en la lista de obras de contenido económico propuestas por Martin Wolf para el verano de 2020 (“Summer books of 2020: Economics”, Financial Times, 23-6-2020), nos encontramos prácticamente con una veintena de títulos, entre los que predominan las críticas al capitalismo, las denuncias de los problemas de pobreza y exclusión generados por dicho sistema, la revitalización de las propuestas georgistas de traspasar al Estado el aumento del valor de la tierra, la defensa de la renta básica universal y de la dignidad económica, la justificación de la teoría monetaria moderna, y, asimismo, entre otros, el libro de Thomas Piketty “Capital e ideología”, que defiende “un nuevo programa radical de igualitarismo socialista”.

La visión económica que se desprende de la mayoría de los libros seleccionados es realmente descorazonadora, ante los panoramas tan dramáticos que reflejan, a partir de una realidad que, lejos de avanzar hacia formas más prometedoras, se ve atrapada por enormes dificultades y situaciones dramáticas. Si, después de leer “En defensa de la Ilustración”, de Steven Pinker, podíamos haber creído, vanamente, que el extendido pesimismo no estaba tan justificado, un simple repaso de los resúmenes de las referidas obras nos desmonta nuestras creencias y expectativas de forma contundente.

Después de una etapa en la que supuestamente había triunfado el liberalismo, comprobamos ahora que, entre las corrientes dominantes, más extendidas y con mayores éxitos de publicación y difusión, se ha producido una gran convergencia ideológica, que se articula sobre una crítica implacable al capitalismo y al mercado. Paradójicamente, el éxito económico alcanzado por China, país respecto al que llama la atención la condescendencia de los análisis en la vertiente política e institucional, se sustenta en la apuesta por el capitalismo y el mercado, sujeto a controles, y en la generación de enormes desigualdades distributivas.

Con independencia de ello, parece claro que los sistemas económicos imperantes en los países occidentales han fracasado en numerosos aspectos, pero no deja de ser curioso el olvido de que se trata de sistemas mixtos. A la luz de los análisis dominantes, da la impresión de que la parte del mercado ha fracasado en un 100%, en tanto que la del sector público ha sido eficaz en el mismo porcentaje. No estaría de más poder contar con estudios rigurosos que permitieran corroborar tales porcentajes y, a partir de ahí, proponer algún reparto adecuado de funciones, si es que se desprendiera que el mercado puede tener algún papel económico que desempeñar. La historia está ahí, pero, ya se sabe, agua pasada no mueve molino.

Y, finalmente, habría que contrastar si la gran convergencia ideológica identificada puede responder en parte a algún sesgo de selección y, en realidad, no existe un consenso total en ese sentido. ¿Hay que enterrar el concepto de “progresofobia” sugerido por Pinker?

30 de mayo de 2020

Cómo prepararse financieramente para lo inesperado


El título de este post reproduce literalmente el del artículo que Michael Martin firmaba en el diario Financial Times a mediados de mayo (“How to prepare financially for the unexpected”, 15-5-2020). Michael Martin es un asesor financiero británico que se prodiga en la loable tarea de la divulgación de cuestiones relacionadas con el comportamiento financiero de las familias. Uno de sus anteriores publicaciones se utilizó como referencia en este blog en relación con la comisión de posibles errores financieros (EdufiBlog, 25-6-2019). En esta ocasión, su contribución se centra en la adopción de pautas financieras en previsión de la ocurrencia de acontecimientos inesperados con un notorio impacto negativo en la situación económica personal.

Aun cuando, como hemos expresado en reiteradas ocasiones, la visión metodológica asumida por el proyecto de educación financiera Edufinet nos lleva a inhibirnos en la formulación de recomendaciones de conductas concretas, nos parece oportuno, simplemente como elemento de reflexión y para hacerse una composición de lugar, recoger aquí las líneas de actuación planteadas por el mencionado autor. Qué duda cabe de que si éste, además de contar con una larga y destacada trayectoria profesional, predica desde las páginas de una de los medios de comunicación económica y financiera de mayor influencia a escala mundial, sus consideraciones revisten utilidad para hacernos una idea de las coordenadas dentro de las que nos podemos mover a modo de referencia.

Los eventos caracterizados como “cisnes negros” aparecen periódicamente, es la declaración con la que Martin inicia su artículo, unida a la definición de su ocupación -gestor de patrimonios privados- como aquella que pretende preparar a los clientes, tanto como sea posible, para hacer frente a lo inesperado.

Siete son las áreas que identifica para activar medidas tendentes a sustentar un plan financiero sólido:

  1. Disponibilidad de activos líquidos: Considera que la clave fundamental de la planificación financiera es asegurar que se disponga de suficiente liquidez a corto plazo. Recomienda a sus clientes que mantengan fondos de esta naturaleza para cubrir los gastos de uno a tres años. La justificación resulta un tanto confusa en la medida en que se mezcla la noción de liquidez inmediata con la necesidad de efectuar pagos en efectivo. Una interpretación radical llevaría a la dudosa costumbre de mantener unos fondos de reserva “debajo del colchón”. Parece más conveniente concluir acerca de la necesidad de mantener activos líquidos, es decir, que se puedan convertir inmediatamente en dinero disponible sin tener que incurrir en pérdidas significativas.
  2. Elaborar un plan financiero y sujetarse a él: Recomienda tener un plan y atenerse a lo previsto en el mismo, enmendándolo cuando haga falta, pero respetando los aspectos fundamentales. La cuestión, claro está, es si los cisnes negros, o verdes, de gran tamaño permiten en la práctica respetar algo.
  3. Cuestiones relativas a las pensiones: Sugiere una revisión periódica de los activos en los que están invertidos los fondos asignados a la constitución de derechos de pensión, entiéndase privados individuales. Como la experiencia demuestra, algunos activos financieros pueden llegar a languidecer, e incluso a volatilizarse, en tanto que los “títulos” implícitos que supuestamente respaldan los compromisos públicos asociados a una carrera de cotizaciones sociales pueden asimismo desdibujarse por la magia de las páginas de los boletines oficiales.
  4. Protección: La búsqueda de protección (ante los riesgos de enfermedad o de fallecimiento, esencialmente) es un mantra generalizado de los asesores financieros, que se agudiza en épocas de crisis. “Tener un plan es importante, pero proteger el plan es vital. Por ello revise su cobertura actual de seguros”, recomienda el articulista del Financial Times.
  5. Resolver las previsiones testamentarias: En este apartado aboga por dejar resueltas todas las disposiciones testamentarias, algo, en fin, bastante recomendable, pero que no resulta muy alentador, precisamente en coyunturas como las que se están viviendo, por los que tienen esa fortuna.
  6. Reconsiderar las fuentes de renta: Finalmente, ante la tendencia a la suspensión de dividendos por numerosas empresas, en el artículo se exponen cuatro opciones para quienes tienen la dicha de disfrutar de rentas del capital (gastar el capital, buscar colocaciones de alto rendimiento, tomar una estrategia de crecimiento, o aguantar y esperar). Lo que se recomienda es tener inversiones diversificadas y, lo que es más importante, diversificar las estrategias.
  7. Estar preparado para ser flexible: Como colofón, Michael Martin propugna que nadie se limite a aceptar las debilidades de su plan financiero, sino que proceda a adaptarlo en función de las circunstancias. Su mensaje final es claro: “… la cuestión crucial es asegurarse de que se aparta suficiente dinero cuando los tiempos son buenos, de manera que no se tenga que obtener efectivo en el peor momento posible cuando los tiempos son malos”.

A nuestro juicio, siempre es positivo poder reflexionar en torno a las consideraciones efectuadas por personas cualificadas y con experiencia, pero sin perder de vista que, después de recabar toda la información disponible, uno mismo ha de ser quien adopte las decisiones finales.

Por último, en línea con lo anteriormente señalado, la lectura de un artículo de una fuente especializada y de prestigio tiene utilidad, no sólo por su potencial contenido informativo, sino también, y, a veces, por encima de todo, porque nos proporciona una buena piedra de toque para calibrar el nivel de nuestros conocimientos y el posicionamiento de nuestras creencias. En este sentido, podría ser interesante plantear, especialmente a quienes participan como voluntarios en los programas de educación financiera, y aunque no les corresponda ejercer como asesores financieros, las siguientes preguntas: i) antes de leer el artículo aquí reseñado, ¿cómo se calificaría Vd. como asesor financiero?; y ii) después de leer el citado artículo, ¿variaría su respuesta anterior?

(Artículo publicado en EdufiBlog, con fecha 29 de mayo de 2020)

16 de enero de 2020

El movimiento de Google hacia la actividad bancaria


Las grandes corporaciones tecnológicas no dejan de extender sus poderosas redes, que se adentran en cada vez más recovecos de nuestras vidas. Su evolución parece describir una trayectoria de convergencia hacia el inquietante panorama descrito en “El Círculo”, novela -no tan futurista- de Dave Eggers (una reseña de la misma se incluye en el número 16 de la revista eXtoikos).
Ante el descomunal poderío de los gigantes tecnológicos, muchas personas se preguntan por qué no se han adueñado ya del espacio bancario, cuando reúnen algunos de los instrumentos básicos para hacerlo, en una etapa de transformación y digitalización de los servicios financieros. ¿Quién podría competir con operadores con alcance mundial y un conocimiento casi exhaustivo de nuestras pautas de comportamiento, necesidades y preferencias personales?
Una respuesta es que no tienen prisa, ya que nadie amenaza su posición dominante. Otra, la lógica reticencia a someterse a unos exigentes requisitos regulatorios en caso de que se decidieran a captar directamente depósitos y ofrecer otros servicios regulados. Una tercera obedece a la dureza de las condiciones en las que actualmente se lleva a cabo la actividad bancaria y la dificultad asociada de lograr adecuadas tasas de rentabilidad, lo que, en cualquier caso, por las ventajas en la vertiente de los costes y la amplitud de su alcance, será mucho más factible para las grandes corporaciones tecnológicas.
Algunas de ellas ya han empezado a ofrecer servicios de pago y planean el lanzamiento de monedas digitales. Más recientemente, Google se ha decantado por hacer una incursión en el negocio de los depósitos bancarios, aunque de la mano de entidades financieras tradicionales, como Citigroup y Stanford Federal Credit Union. Google busca alianzas con operadores financieros “para ofrecer cuentas corrientes inteligentes a través de Google Pay, “ayudando a sus clientes a beneficiarse de conocimientos útiles y de herramientas de presupuestación” (Tim Bradshaw y Robert Armstrong, “Google in talks to move into banking”, Financial Times, 13 de noviembre de 2019).
Como señala el diario Financial Times (“Geogle/banking: every breath you take”, 14 de noviembre de 2019), con más de 121.000 millones de dólares en caja y en títulos líquidos, Alphabet, la matriz de Google, no necesita precisamente acudir a depósitos externos para financiar sus operaciones fintech, por lo que no es difícil suponer que el negocio en cuestión tiene que aportarle otro tipo de réditos, a corto o a medio plazo.
Según dicho diario, si el experimento de las cuentas corrientes sale bien, podría ofrecer una gama completa de servicios financieros, como ya hace la empresa china Alipay.
El artículo finaliza con la siguiente reflexión, que viene en cierta manera a cerrar “El Círculo”: “Una oportunidad claramente de doble filo puede eventualmente plantearse a los consumidores: hacer operaciones bancarias, comprar, relacionarse y estudiar dentro de un ecosistema construido por un solo grupo tecnológico. La agregación de datos  multiplica su valor. Las objeciones éticas proliferan a la misma tasa”.

Ya se sabe, como decía la mítica canción de “The Police”, “Every breath you take, every move you make… I’ll be watching you”.

1 de julio de 2019

Errores financieros a evitar


Una de las premisas del enfoque metodológico seguido en el proyecto de educación financiera Edufinet es la renuncia expresa a realizar recomendaciones con vistas a la toma de decisiones por parte de los usuarios de los servicios financieros. La pretensión fundamental de dicho enfoque es aportar elementos que faciliten el análisis de las elecciones financieras, de manera que, con conocimiento de causa, cada persona pueda adoptar las decisiones que estime más pertinentes, en atención a sus objetivos, sus preferencias y sus circunstancias concretas.

Sin perjuicio de lo anterior, ha de constatarse que las definiciones de educación financiera comúnmente aceptadas internacionalmente tienen una orientación claramente finalista, en la medida en que se pretende que, gracias a dicha educación, los individuos mejoren su bienestar financiero.

Dentro de estas coordenadas, nos ha parecido interesante recoger una serie de pautas que pueden derivar en errores financieros, según la experiencia de Michael Martin, asesor financiero británico, reflejadas en un artículo publicado hace unos meses en el diario Financial Times (“Ten financial mistakes you need to avoid”, 21 de marzo de 2019). Dado que no se trata de recomendaciones sobre decisiones concretas, sino de líneas de conducta genéricas, nos parece oportuno recogerlas como elementos de reflexión.

Según el referido asesor, los errores financieros más comunes observados a lo largo de los veinte años de su experiencia como profesional son los siguientes:

  1. Dejarse arrastrar por la corriente. Apostar por la compra de activos que estén protagonizando episodios de adquisiciones masivas y de escaladas de precios, por el simple hecho de subirse al carro, puede ser peligroso si dichas tendencias responden a un proceso de burbuja económica. Son numerosos los casos tristemente célebres vividos en los últimos años que han ocasionado graves perjuicios a los inversores. En el artículo se citan los de una empresa “puntocom” y de una criptomoneda.
  2. Invertir en acciones porque de repente están muy baratas. El hecho de que una acción haya caído sustancialmente de precio no significa que su compra sea necesariamente un buen negocio, ya que puede seguir cayendo.
  3. Estar demasiado nervioso para invertir sensatamente. Bajo este título un tanto críptico, lo que realmente viene a decir es que, a la hora de medir la rentabilidad efectiva derivada de un activo financiero, deben tenerse presente los distintos factores que entran en juego. Así, mantener una posición en efectivo o en un activo no sujeto a valoración en el mercado, aunque pueda aparentar una opción “segura”, implica sufrir la merma de poder adquisitivo ligada a la inflación. Por su parte, una inversión en una cesta de acciones puede no generar aumentos de valor, pero, a través de los dividendos, puede permitir obtener una rentabilidad positiva en términos reales.
  4. Dejarse seducir por señuelos. En el artículo se hace mención de personas que se dejan seducir por ofertas de productos financieros basadas en unos tipos de interés muy atractivos inicialmente, y que luego se retiran de los mismos cuando aquellos se reducen. Un examen previo de todas las opciones disponibles es preferible.
  5. Ignorar los planes de pensiones. Muchas personas ignoran el ahorro de los planes pensiones porque no lo entienden completamente. La no utilización de tales productos puede dar lugar al no aprovechamiento de importantes ventajas fiscales en el ámbito del impuesto sobre la renta de las personas físicas.
  6. Asegurar el teléfono móvil pero no la vida. Se llama la atención en el sentido de que muchas personas tienden a asegurar algunos dispositivos móviles o electrodomésticos, pero no la vida, que es sin duda el activo más valioso. Para una persona joven, el coste del seguro de un teléfono móvil puede duplicar el de un seguro de vida con una cobertura significativa.
  7. Adoptar decisiones absurdas con objeto de ahorrarse impuestos. El deseo de evitar pagar el impuesto sobre las plusvalías puede llevar a estrategias perjudiciales: “Pagar el impuesto sobre las plusvalías es una cosa estupenda. Significa que tu dinero está aumentando. Perder un 20% es mejor que ahorrarse el 100% de nada”.
  8. Obsesionarse por el seguimiento continuo. Es preferible invertir en una cartera bien diversificada, que no haría falta “vigilar” permanentemente, que efectuar transacciones de manera continua. Un seguimiento constante de las inversiones implica una preocupación innecesaria y un activismo excesivo (“overtrade”), que puede dar lugar a compras y ventas en momentos inapropiados.
  9. Anteponer la codicia a la necesidad. En penúltimo lugar, se invita a rechazar aquellas ofertas que sean extraña y llamativamente atractivas: “Si una oferta no puede ser explicada en 30 segundos, evítala”.
  10. Escatimar el coste del asesoramiento. Finalmente, Michael Martin señala, sin ocultar su condición de representante de la profesión, que, en su opinión, a largo plazo, los buenos asesores ahorran a sus clientes más de lo que cuestan.

Puede que así sea, pero también estamos convencidos de que, como afirmábamos en la presentación del MOOC “Claves de educación financiera para la ciudadanía” de Edufinet, la educación financiera es una buena inversión, una inversión rentable: no para ganar dinero en los mercados, sino para conseguir una mayor autonomía individual para evaluar las decisiones financieras. Conocer patrones de conducta que, según experiencias constatadas, son fuente de perjuicios, forma también parte de la educación financiera.

(Artículo publicado en EdufiBlog)

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