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5 de enero de 2023

Tendencias de los medios de pago: efectivo vs instrumentos electrónicos

 

Entre sus múltiples consecuencias, la pandemia de la Covid-19 ha actuado como acelerador de algunos cambios en los hábitos familiares y en las prácticas empresariales. Uno de los impactos más apreciables se dio en el ámbito de los medios de pago utilizados por las personas físicas en sus transacciones cotidianas. Se vaticinaba incluso que las adaptaciones obligadas por la extensión de la enfermedad podían dar la puntilla al uso del efectivo, a pesar de los perjuicios que podían causarse debido a la exclusión de determinados colectivos, y de las apelaciones de quienes defienden su utilización como una forma de ejercicio de la libertad individual y de preservación de la privacidad.

Un reciente informe del Banco Central Europeo (“Study on the payment attitudes of consumers in the euro area (SPACE) – 2022”) nos saca de dudas respecto a la consolidación o no de la tendencia prevista. El estudio, basado en encuestas, cubre la siguiente tipología de pagos: i) pagos en puntos de venta; ii) pagos P2P (persona a persona); iii) pagos online; y iv) pagos recurrentes.

El gráfico adjunto ofrece una síntesis bastante ilustrativa. Según se recoge en el citado informe, “la participación de los pagos en efectivo en el punto de venta en términos de volumen ha disminuido en los últimos años. La disminución se ha acelerado durante la pandemia. En 2022, el 59% de las transacciones se llevaron a cabo utilizando efectivo. Tres años antes, la cuota de las transacciones en efectivo era del 72%; en 2016, la cifra fue el 79%. Cuando se miden las transacciones en punto de venta en términos de valor, la cuota de las transacciones con tarjeta en 2022 (46%) era más alta que la de las transacciones en efectivo (42%) por primera vez… Los consumidores efectuaban pagos usando teléfonos móviles más a menudo que antes. Sin embargo, su porcentaje [3% del número y 4% del valor de las transacciones] era aún relativamente bajo en comparación con el efectivo y las tarjetas”.



8 de agosto de 2020

¿Hacia una sociedad sin dinero en efectivo?

Bastante antes de la llegada de la pandemia del coronavirus, algunos países habían puesto en marcha planes para la progresiva desaparición del dinero en efectivo. Los billetes y monedas de curso legal parecían tener, tal vez no los días, pero sí los años contados, en paralelo con un avance inexorable de los medios de pago electrónicos y la penetración de monedas virtuales públicas y privadas. El bloqueo del aparato productivo y la subsiguiente alteración de las relaciones económicas ligados a dicha enfermedad han actuado como un importante, si no definitivo, factor de impulso de las tendencias estructurales, acentuado por la adopción de medidas preventivas para la evitación de posibles contagios, a pesar de que se han rebajado las alarmas sobre la permanencia del virus en los billetes y monedas.

¿Puede vaticinarse el inminente fin del dinero en efectivo? Si a los aspectos señalados añadimos algunos de los inconvenientes de su utilización (facilidades para la realización de actividades no declaradas, ilegales y delictivas), el posicionamiento sería bastante evidente. En España, en pleno estado de alarma, fue presentada una proposición no de ley, publicada el 24 de abril de 2020 en el Boletín Oficial de las Cortes Generales, en la que, entre otras medidas, se proponía la “eliminación gradual del pago en efectivo, con el horizonte de su desaparición definitiva”. Aun cuando en el texto –posteriormente reformulado- no se concretaba ninguna referencia temporal, la pretensión era manifiesta. Nos situaría, de incidirse en esa línea, en una posición similar a la de países como Suecia.

Aunque podamos considerar que dicha orientación responde a un planteamiento lógico, nos encontramos con que, en la práctica, surgen voces que se posicionan en contra: i) unas, que se declaran abiertamente contrarias a la supresión del efectivo; ii) otras, que alertan acerca de la pérdida de algunos atributos inherentes a esa forma de dinero; iii) e incluso otras, como las de algunas formaciones políticas españolas, que abogan por adoptar medidas para garantizar que no desaparezca.

Una de las grandes ventajas del dinero en efectivo (que al propio tiempo ocasiona problemas) es que permite la privacidad de las transacciones monetarias. Incluso algunos analistas proclaman que su mejor cualidad radica en que su validez no está supeditada al conocimiento de toda su historia. En cambio, las nuevas formas de dinero se basan en un registro de todo su recorrido, lo que facilita un control exhaustivo de las conductas individuales. De hecho, hoy día los grandes operadores no sólo acaparan los big data sino también los micro data de todos nuestros movimientos económicos y no económicos.

La propensión a acumular dinero en efectivo en momentos de crisis o de acaecimiento de desastres naturales es un síntoma de la confianza de las personas hacia esa forma de atesorar riqueza, y como medio de pago, siempre que no exista una inflación devastadora. Técnicamente, la erradicación del efectivo sería factible para las personas bancarizadas y con acceso a canales telemáticos, pero causaría graves perjuicios a quienes aún están excluidos financieramente.

En fin, la eventual desaparición del efectivo presenta un conjunto de ventajas y de inconvenientes, en los que intervienen aspectos técnicos y también psicológicos. Sin embargo, hay un aspecto que no puede pasar inadvertido. Los billetes actúan como una especie de dique de contención contra los tipos de interés negativos, negativos en una cuantía significativa, de un 10%, 20% anual o incluso más, no limitados a un decimal. La acumulación de dinero en efectivo -aun con sus trabas- sería una alternativa en caso de que se aplicaran tipos de interés fuertemente negativos. De no existir, la única opción para evitar que el dinero depositado en cuentas sufriera grandes mermas anuales sería gastarlo. Si se establece un tipo de interés del -25% anual, una persona con un depósito de 100.000 euros acabaría, al cabo de 5 años, con 23.730.

No deja de ser curioso, y paradójico, que, no hace mucho, se haya solicitado en el Reino Unido la aprobación de medidas legislativas para garantizar el suministro de efectivo, y que en Suecia ya se hayan adoptado disposiciones en tal sentido. En San Francisco y Nueva York están prohibidos los establecimientos comerciales exclusivamente contactless. 

(Artículo publicado en el diario “Sur”)

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