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3 de diciembre de 2023

La política fiscal en una era de deuda elevada

 

Recuerda Martin Wolf que, según un antiguo chiste, “IMF”, siglas representativas del Fondo Monetario Internacional (en su denominación inglesa), realmente no significan International Monetary Fund, sino “It’s Mostly Fiscal”, es decir, “esto es más que nada fiscal”. Durante bastante tiempo, sin embargo, en la fase posterior a la gran crisis financiera internacional, no puede decirse que prevaleciera demasiado una directriz limitativa del gasto público y de la deuda pública. Raro era encontrar voces con mensajes presupuestarios restrictivos. La tesis dominante era que, sobre todo en el ámbito de la Unión Europea, la aplicación de recetas de austeridad presupuestaria estaba teniendo consecuencias altamente negativas, y que era sumamente desacertado establecer reglas fiscales más o menos ortodoxas.

La irrupción de la crisis de la pandemia sería un argumento indiscutible para reforzar ese punto de vista. No obstante, después de la superación de ese tremendo shock, algunos organismos económicos internacionales y numerosos analistas que hasta hace poco clamaban contra el “austericidio” -término discutible en su tono semántico, y también en su plasmación real- comenzaron a tomar conciencia de que, pese a todo, los niveles de deuda pública podían haber emprendido una senda preocupante, que, especialmente en un entorno de tipos de interés elevadas, podía acarrear consecuencias no previstas y no deseables.

La reciente llamada atención de una de las máximas dirigentes del IMF resulta particularmente reveladora. En su discurso inaugural de una conferencia sobre la “Política fiscal en una era de alta deuda”[1], celebrada a mediados de noviembre de 2023, Gita Gopinath señalaba que “la combinación de niveles de deuda mundial récord, tasas de interés más altas durante más tiempo y perspectivas de crecimiento débiles plantea un triple desafío para las autoridades… necesitamos un enfoque renovado en la política fiscal para asegurarnos de que sea adecuada para su propósito”. A este respecto, destacaba cuatro prioridades: i) considerar cómo pagarlo todo (“el gasto financiado con deuda puede seguir pareciendo tentador. Pero eso sería un gran error…”); ii) comprender las interacciones monetarias y fiscales; iii) evaluar las vulnerabilidades que surgen no sólo de los niveles de deuda pública, sino también de la composición de la deuda; y iv) encaminarse hacia una senda fiscal sostenible.

Subraya Gopinath que más de 100 países tienen reglas fiscales, pero las desviaciones son frecuentes, y pocos han contenido la deuda desde la crisis financiera mundial.

Por su parte, Wolf señala que la ratio de la deuda pública respecto al PIB de los países de alta renta se sitúa en el 112% en 2023, dejando atrás el máximo del 124% alcanzado en 2020: “este último se equipara con el máximo anterior alcanzado en 1946. Lo que hace esto incluso más remarcable es que el anterior máximo ocurrió tras la Segunda Guerra Mundial, mientras que el último máximo ocurrió en tiempo de paz”[2].



[1] Vid. FMI, “Palabras introductorias de Gita Gopinath para la conferencia ‘Política fiscal en una era de alta deuda”, 17-11-2023.

[2] Vid. M. Wolf, “The looming threat of fiscal crises”, Financial Times, 22-11-2023.


7 de abril de 2021

El paquete fiscal de Biden: ¿un experimento arriesgado?

No como pregunta, sino como afirmación. Así figura literalmente en el título de un reciente artículo de Martin Wolf: “Joe Biden’s $1.9tn package is a risky experiment” (Financial Times, 23 de febrero de 2021). Para quien haya seguido el hilo de la línea argumental desplegada durante años desde su apostolado económico con proyección mundial no es fácil asimilar esa declaración, ante un paquete de medidas presupuestarias que haría las delicias de los keynesianos más postulantes.

Es preciso leer detenidamente el artículo para ver si hay gato encerrado. Aquél empieza con una pregunta bastante lógica: “¿En qué medida un estímulo fiscal es demasiado?”.  No es fácil zanjarla de antemano, pero, en boca del editor económico jefe del influyente diario, resulta un tanto desconcertante la siguiente advertencia: “Pero una cosa está clara: el hecho de que se desplegara demasiado poco estímulo en 2009 no significa que uno mucho mayor sea correcto hoy. La política económica debe ser juzgada por su adecuación a las circunstancias actuales reconociendo al propio tiempo las incertidumbres y el equilibrio de riesgos”.

No obstante, en la página siguiente ya nos deja más tranquilos, al declarar que “No [tiene] ninguna objeción en principio a un gran gasto presupuestario”, y evocar sus conocidas posiciones de “antiausteridad”. Y no es que reniegue de sus convicciones doctrinales, sino que considera que debe tenerse en cuenta que una pandemia es diferente a una guerra o a una crisis financiera. No se destruye el capital físico y hay un ahorro acumulado por un gasto que no ha podido realizarse, lo que, en su opinión, debe condicionar el tipo de gastos a realizar. Se trata de argumentos compartidos por otros dos eminentes keynesianos y partidarios de la administración Biden, Larry Summers y Olivier Blanchard. El primero, difusor de la idea del “estancamiento secular”, ha llegado a advertir de las proporciones que puede alcanzar el déficit público en Estados Unidos.

Wolf, también un tanto sorprendentemente, alerta del posible repunte de la inflación: “Algunos analistas parecen ver un gran resurgimiento de la inflación como inconcebible, porque no ha ocurrido durante mucho tiempo. Éste es un mal argumento. Muchos pensaban en su día que una crisis financiera global era inconcebible porque no había sucedido ninguna durante mucho tiempo. En los años 60 muchos consideraban el incremento de la inflación de los 70 similarmente inconcebible”. En este contexto, plantea aplicar un paquete más reducido ahora y proponer un gran programa de inversión a medio plazo más adelante.

Quizás se hayan visto aplacados sus temores al comprobar el nuevo plan de infraestructuras en Estados Unidos, por un importe total de $2 billones, financiado con una subida del impuesto sobre sociedades[1].

En todo caso, para despejar cualquier duda, sostiene que el paquete de los $1,9 billones es un “experimento arriesgado”, pero que puede tener éxito, lo que sería de enorme importancia: “Demostrar que un gobierno activo puede proporcionar buenas cosas a la población es esencial para la salud de la democracia estadounidense. Rezo para que la apuesta de la administración Biden tenga éxito”. Sí, había gato encerrado.

 



[1] Vid. J. Politi, “Biden unveils $2tn infrastructure plan and big corporate tax rise”, Financial Times, 31 de marzo de 2021. 

19 de julio de 2020

La esencia de la estrategia fiscal en España: su utilidad para la docencia

Hay textos económicos procedentes de las instancias oficiales o de sus representantes que, además de permitir conocer las claves de la política económica española, tienen una considerable utilidad con fines docentes. Algunos de dichos textos son sumamente apropiados para poner a prueba la comprensión lectora y la capacidad analítica genérica de los estudiantes; otros, para comprobar los conocimientos especializados en la materia considerada. Muy pocos permiten conjugar todas esas facetas.

Uno de ellos, en el ámbito de la política fiscal y tributaria, es el que aparece recogido en la respuesta a una de las preguntas de la entrevista concedida por el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, al diario La Vanguardia, después de la finalización del estado de alarma por la crisis del coronavirus, publicada el 28 de junio de 2020[1].

La pregunta comentada es la siguiente: “¿Se llevará a término un aumento de impuestos?”.

Y la respuesta, ésta: “El Estado está haciendo un esfuerzo enorme y está avalando como nunca nadie ha hecho en los últimos 40 años de democracia en este país. Cien mil millones de euros en líneas de crédito, avales para las pequeñas y medianas empresas. Todo ello financiado con deuda pública y con gasto público del Estado. Esto no es sostenible ni en el medio plazo, ni en el largo plazo. Si ya teníamos un carencia estructural en cuanto a la forma de financiarlo con recursos propios, es decir, a través de impuestos, tendremos lógicamente que plantear una mejora de nuestro sistema impositivo”.

La entrevista se cierra con esta otra pregunta: “¿Y cómo lo piensa hacer?”, que es respondida de la siguiente manera: “Esa mejora de nuestro sistema impositivo tiene que ser estructural y debe haber muchísima mayor justicia fiscal. Lo tendremos que hacer, porque el Estado, ahora mismo, está respondiendo y está salvando muchas empresas y muchos empleos que estaban en severo riesgo”.

A la espera de utilizarlas como valioso material docente en el curso que se avecina, dejo aquí tan ilustrativas y autorizadas manifestaciones por si alguien no ha tenido la oportunidad de descubrir la riqueza de matices contenidos en tan escuetos párrafos.



[1] La entrevista está disponible en la página web de La Moncloa (www.lamoncloa.gob.es).

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