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18 de agosto de 2023

Los límites del debate político según Revel

 

Hay obras cuyo valor se engrandece con el paso del tiempo. Es la sensación que uno tiene cuando vuelve a adentrarse en sus páginas, acompañada de un sentimiento de orfandad respecto a una lucidez intelectual que sería de gran ayuda para tratar de entender todo cuanto acontece en un mundo lleno de convulsiones. En todo caso, hay reflexiones que perviven y nos aportan luz para afrontar los hechos, para tomar distancia de la realidad y, sin embargo, acercarnos a ella con mayor tino.

Predicaba Jean-François Revel en “El conocimiento inútil” que “En tal punto de imputación calumniosa, nos salimos de la democracia. El combate político en la democracia autoriza, tal vez (no estoy de acuerdo [yo tampoco], pero me resigno a ello [¿es inevitable?]), una cierta dosis de falsificación de los hechos por las necesidades de la polémica, pero no la falsificación absoluta. Esto es justamente lo que caracteriza a los regímenes totalitarios”.

Circunstancialmente, alguien me pide que le ayude a interpretar este párrafo de Alexis de Tocqueville de “La democracia en América”: “En efecto, se hace difícil concebir cómo hombres que han renunciado enteramente al hábito de dirigirse a ellos mismos podrían elegir acertadamente a quienes han de conducirles; y no es posible que un gobierno liberal, enérgico y sabio, se establezca con los sufragios de un pueblo de esclavos”.

Ardua tarea la que se plantea, que, por un momento, me ha evocado aquellos temibles encargos para ilustrar las consignas diarias en un apartado campamento juvenil en Marbella. Hace justamente cincuenta años. Han cambiado muchas cosas en la forma, pero no tanto en el fondo. Las preguntas siguen martilleando sin cesar, mientras que las respuestas se muestran evanescentes.

22 de agosto de 2021

El mañana ya ha llegado: ¿es la hora de ‘Reve(i)l’?

Según Mario Vargas Llosa, “Una contribución valiosa de la Francia contemporánea, en el campo de las ideas, no han sido […] sino un periodista y ensayista político: Jean-François Revel (1924-2006)”. No sólo estoy plenamente de acuerdo con el escritor peruano, sino que lamento profundamente que una figura de su talla intelectual no esté ya entre nosotros para aportar su enriquecedora perspectiva acerca de los problemas que nos aquejan como sociedad, y como baluarte de la defensa de la libertad. Nos queda el consuelo de poder acudir a su obra escrita a la búsqueda de claves interpretativas y de rearme moral.

En el libro de sus Memorias[1] nos dejó también algunas reflexiones acerca del valor y el significado del tiempo. Algunas de ellas con el apoyo de expresiones filosóficas o poéticas de la Antigüedad.

Así, por una parte, reconocía que “Nunca he podido leer sin enfurecerme conmigo mismo estas líneas que escribe Séneca a su discípulo Lucilio: ‘Todas las cosas, Lucilio, nos son ajenas, sólo el tiempo en realidad nos pertenece: esta cosa fugaz y escurridiza nos la dio en propiedad la naturaleza, y de ella puede, sí, desposeernos cualquiera que se empeñe…’”.

Y, más adelante, como cabecera de uno de los capítulos, recoge estos versos de Marcial: “Siempre estás diciendo, Póstumo, que mañana vivirás. Dime, Póstumo, ¿ese mañana cuándo llegará?... ¿Vivirás mañana? Vivir hoy, Póstumo, ya es vivir demasiado tarde”. Al hilo de éstos, afirma Revel que “Todos llegan tarde o temprano a un momento de su vida en que de pronto se percatan de que ‘el mañana ha llegado’. […] una mañana se levantan y saben que ya no habrá nada importante que modifique la estructura general de un destino cuyas líneas maestras están trazadas, sin marcha atrás y sin posibilidad de añadir nada que sea esencial. Hasta una edad más o menos alejada del nacimiento o la muerte… un ser humano puede tener la sensación de poder cambiar las bases mismas de su existencia, de poder dar una orientación nueva a su trayectoria. Desde el momento en que esta libertad desaparece, llega el último mañana y se convierte en un hoy, y ya no hay regeneración posible que extraiga un hombre nuevo del viejo”.

No puede decirse que sea un mensaje sumamente alentador. Más bien viene a rebajar despiadadamente el tono optimista del “nunca es tarde…”. Pero es verdad que el tiempo, ese don tan maravilloso, es finito e impredecible en su dotación real. Tampoco se dispone siempre en la práctica, por distintas razones, de una autonomía efectiva para su gestión. De hecho, para muchas personas, no existe margen de maniobra en el recorrido de su sendero vital: a pesar de las sabiduría senequista, ¿pertenece el tiempo realmente a cualquier persona?

Cuando lo andado es ya mucho, no cabe esperar que la senda restante sea muy dilatada. Otros, sin embargo, no han tenido la suerte de gozar de esa oportunidad. Puede que sea ya tarde, pero ha llegado quizás la hora del “réveil”, después de muchos años sin ni siquiera haber tomado conciencia de que podía haberlo.

Y, además, siempre nos quedará Revel, aunque sólo sea para ponernos ante el espejo.





[1] Jean-François Revel, “Memorias. El ladrón en la casa vacía”. Prólogo de Mario Vargas Llosa, Gota, 2007. 

15 de mayo de 2020

El baluarte del conocimiento


No todos los mensajes recibidos son anónimos ni plantean inquietantes enigmas. A diferencia de otros días, hoy he recibido un impagable obsequio en la forma de una máxima que no dudaría en calificar como soberbia, y que me apresuro a incluir en mi lista de frases predilectas: “No thief, however skilful, can robe one of knowledge, and that is why knowledge is the best and safest treasure to acquire”.

Agradezco al remitente, con quien he compartido varios proyectos de conocimiento, que me haya hecho partícipe de este singular tesoro, acompañado de la firma de su autor, L. Frank Baum.

Quién me iba a decir a mí, treinta años después de haber llegado casi a la saturación por consumo reiterado de “El mago de Oz”, película por la que sentía gran entusiasmo mi hija, que el autor de esa obra iba a causarme tal impresión al leer esta muestra de su pensamiento. “Somewhere over the rainbow”, en cambio, es una canción que siempre me cautivó. Por ella no pasa el tiempo, y sigue dando alas a la imaginación y a la ilusión.

Más allá del arcoíris nos lleva el conocimiento. Así pues, encontrar una frase de esta naturaleza, para todos los que sólo estamos dispuestos a declararnos siervos del saber, es altamente reconfortante y estimulante para continuar esa aventura sin límite en pos de un arcoíris que no se deja atrapar.

Pero no por ello debemos caer en la exaltación relajada del conocimiento, por muy sagrado que sea su templo. En la gran obra “El conocimiento inútil”, el filósofo Jean-François Revel nos alerta de los riesgos existentes: “vivir en una época modelada por la ciencia no nos hace a ninguno de nosotros más aptos para comportarnos de manera científica fuera de los ámbitos y de las condiciones donde reina inequívocamente la obligación de los procedimientos científicos… el investigador científico no es, por naturaleza, más honrado que el hombre ignorante”.

Y en ningún momento podemos ignorar la frase con la que Revel comienza dicha obra: “La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira”.

“… If happy little bluebirds fly beyond the rainbow, why, oh, why can’t I?”

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