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17 de enero de 2024

El legado de W. Schäuble

 

El año 2023, antes de expirar, se llevó consigo a algunas figuras destacadas del mundo de la Economía. El profesor Rodríguez Braun suele hacer cada año un balance con un conocido título de evocaciones históricas: “A veces veo economistas muertos”.

Entre ese grupo se incluye un personaje que no destacó en el plano académico, pero que sí desempeñó un papel clave en la conducción de la política económica de la Unión Europea en los momentos más delicados vividos con motivo de la crisis de la Eurozona acaecida en el período 2009-2011. Lo hizo, no como mandatario de la Unión Europea, sino desde una posición nacional muy influyente, la de ministro de finanzas de Alemania. No se granjeó Wolfgang Schäuble grandes amistades ni despertó entusiasmos populares. No en vano fue uno de los más estrictos defensores de la disciplina fiscal y de la ortodoxia presupuestaria.

El político germano se basaba en un principio fundamental, el de la sostenibilidad de la deuda a largo plazo. Realmente, no se oponía per se al recurso al endeudamiento público, siempre que se partiera de la premisa de que toda deuda debe ser adecuadamente atendida.

Afectado por una parálisis de cintura para abajo, su imagen sobre una silla de ruedas fue un elemento habitual, durante bastantes años, en las cumbres europeas. Esa singularidad, provocada por el disparo recibido durante una campaña electoral en el año 1990, no fue nunca un impedimento para el desempeño de sus responsabilidades ni el ejercicio de su influencia. Se limitaba a decir lo siguiente: “No puedo cambiar lo que sucedió, pero mientras viva, viviré”[1].



[1] Vid. Financial Times, “Bold thinker who helped steer Europe in time of crisis”, 28-12-2023.


1 de junio de 2020

Day of the living Alesina


Leí los primeros trabajos de Alberto Alesina hacia finales de los años ochenta. Ya entonces el profesor José Manuel González-Páramo me comentó que aquel joven economista, nacido en Italia el año 1957, y arraigado en Harvard, era uno de los talentos emergentes. No se equivocó. Sus trabajos sobre la independencia de los bancos centrales para contener la inflación se convirtieron en una referencia clave en el panorama económico. Me fueron de gran utilidad en el proceso de elaborar un estudio sobre la financiación monetaria del déficit público. Alesina demostró que la inflación no siempre es sólo un fenómeno monetario; también puede serlo político.

Considerado el fundador de la moderna Economía Política, en numerosos trabajos incorporó la perspectiva institucional al análisis de los problemas económicos, a partir de un enfoque interdisciplinar. Quizás su origen italiano y la herencia de los grandes hacendistas italianos que incorporaron en sus postulados los componentes sociológico y político están detrás de su posicionamiento metodológico, esencial para la nueva andadura de la Economía. Firme partidario del mercado libre, no por ello se inhibió de los problemas de la desigualdad. Hace años anticipó el papel de la ideología en la polarización política, tal y como hoy lo estamos padeciendo.

Frente a la ola imparable de críticas contra la denominada política de austeridad presupuestaria, tuvo el arrojo de proclamar que determinadas políticas de ajuste presupuestario (especialmente las basadas en la vertiente de los gastos) pueden resultar exitosas con vistas a los objetivos de estabilización y de expansión económica. Eso le valió críticas exacerbadas, como la proveniente del Premio Nobel Paul Krugman -bien conocido en relación con el análisis de la crisis del euro y de España durante la Gran Recesión-, que llegó a ridiculizarlo en un artículo publicado en el diario New York Times (13-3-2013), con un título bastante significativo: “Night of the Living Alesina”.

A pesar de tales ataques, Alesina y su equipo siguieron investigando tan importante cuestión. Fruto de esa línea es el libro “Austerity. When it works and when it doesn’t”, escrito conjuntamente con Carlo Favero y Franceso Giavazi (Princeton University Press, 2019).

Hace unos días, en una revista especializada, vi un artículo dedicado al economista italiano. Pensé que se trataba de una valoración de su fecunda trayectoria investigadora o de alguna alusión a los posibles remedios ante la nueva crisis económica. Cuando, poco después, vi otro artículo en el que aparecían unas fechas en el encabezado, no tuve más remedio que admitir que se habían cumplido los peores augurios. Un fallo cardíaco había puesto fin abruptamente a la vida de ese gran economista, a la edad de 63 años. Una enorme pérdida para el conocimiento económico.

A modo de homenaje, me quedo con el testimonio de dos colaboradores suyos directos, Alias Papaioannou y Stefanie Stantcheva (“Alberto Alesina. A free-spirited economist”, Vox Cepr Policy Portal, 27-5-2020): “Pocos economistas han tenido el impacto gigantesco sobre nuestra disciplina como el que ha tenido Alberto Alesina. Bastantes pocos economistas escriben trabajos grandes e importantes. Sólo unos pocos realizan contribuciones innovadoras y transformadoras de su campo. Y sólo un puñado establecen nuevos campos. Alberto, el fundador de la moderna Economía Política, hizo justo eso”.

Simplemente el hecho de que un articulista tan incisivo y, habitualmente, con orientaciones bastante opuestas a las de Alesina como Martin Sandbu (“Alberto Alesina, economist, 1957-2020”, Financial Times, 29-5-2020), recoja una serie de testimonios de elogio, sin ni siquiera entrar a cuestionar la tesis de la “austeridad expansiva”, es todo un indicio del respeto ganado dentro de la profesión.

En este caso, afortunadamente, no se ha cumplido totalmente el pronóstico de Krugman. A pesar de la tristeza de su temprana pérdida, con su despedida no cae la noche. Alesina deja tras de sí amplias redes de jóvenes investigadores que, sin duda, continuarán su labor en provecho de una mejor ciencia económica. Y sus aportaciones seguirán arrojando luz para abordar el análisis de problemas sociales que requieren de algo más que complejos modelos matemáticos.

14 de septiembre de 2017

La austeridad ha muerto. Larga vida a la austeridad

A mediados de junio de este año, el diario Financial Times publicada un artículo justamente con este título. Ya de por sí resultaba un tanto raro encontrarse con semejante mensaje en dicho medio, rodeado de una fama de liberal, pero en el que predomina una defensa de las políticas keynesianas. Aún mas extraño era que el artículo estuviera firmado por Martin Wolf, comentarista económico jefe, erigido en auténtico azote de las denominadas políticas de austeridad presupuestaria a lo largo de los últimos años.

Si todos los artículo escritos por Martin Wolf son interesantes, en el referido concurría además el atractivo de constatar un posible enigmático viraje programático. Por eso merece la pena detenerse en su contenido.

Parte Wolf de recordar que la sociedad inglesa está cansada de la austeridad, lo que en parte puede explicar el ascenso electoral del Partido Laborista con Jeremy Corbyn a la cabeza, quien había efectuado generosas promesas de ampliación de los programas de gasto público y del déficit presupuestario. Las políticas aplicadas desde 2010 han permitido reducir el déficit público del Reino Unido desde el 9,2% al 2,5% del PIB, a través esencialmente de ajustes en la vertiente del gasto público. Indiscutiblemente, una política contractiva, de reducción del impulso fiscal, aunque pueda ser bastante más discutible utilizar la etiqueta de la austeridad mientras se genera un déficit en las cuentas públicas.

Posteriormente, Wolf llega a afirmar que “tiene sentido incurrir en un déficit aún más pequeño cuando la deuda es alta y la economía está cercana al pleno empleo. El objetivo sería buscar un seguro frente a cualquier perturbación que pueda sobrevenir, reduciendo la ratio de la deuda”.

En su opinión, la elevación del nivel de gasto público puede ser una opción legítima y viable, pero el mayor gasto debe ser de alta calidad y estar financiado por una imposición efectiva y eficiente. Subraya que es necesaria la honestidad: “el país puede elegir aumentar el gasto. Pero, si desea tener una política fiscal adecuada, esto significará impuestos sustancialmente más altos. Los laboristas han roto el tabú sobre esto último. Pero de manera deshonesta ha sugerido que un aumento sustancial del gasto puede ser financiado únicamente a expensas de los ricos y los corruptos. Pero incluso los impuestos sobre las sociedades no recaen solo, ni incluso principalmente, sobre los ricos”.

Toda una declaración de principios, haciendo un uso del realismo presupuestario y fiscal, que puede ser de gran utilidad para la discusión sobre la política presupuestaria en otros entornos.

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