24 de septiembre de 2019

Clubes de fútbol: cuentas económicas y logros deportivos


Acaba de iniciarse una nueva temporada deportiva. La actividad ha vuelto a los campos de juego. Fuera de éstos, los responsables de los clubes vislumbran las proyecciones de resultados deportivos y también las de las cuentas económicas. Ambas facetas, especialmente según las tendencias de medio y largo plazo, suelen guardar una estrecha correlación positiva, en buena medida sustentada en un nexo de causalidad. Normalmente, la capacidad económica tiende a propiciar grandes logros deportivos, aunque en modo alguno sea una garantía plenamente fiable. Igualmente, los resultados en las competiciones pueden condicionar altamente los recursos económicos disponibles.

Puestos a elegir, si no pueden alcanzarse simultáneamente, ¿cuál de los dos objetivos debe ser el prioritario, el deportivo o el económico? La respuesta puede parecer clara para los aficionados y para los inversores, pero no deja de presentar matices. La faceta deportiva es una inclinación natural de los primeros, pero éstos son conscientes de que de poco sirven los títulos si no se preserva el equilibrio financiero de manera estable. Mutatis mutandis, tampoco puede desatenderse el comportamiento deportivo por quien priorice los réditos de las inversiones.

Dicho lo anterior, es evidente que todo club desearía, en principio, poder proclamarse campeón de las competiciones en las que participa. Sin embargo, el deporte es un mercado bastante peculiar. A ningún equipo le interesaría convertirse en un monopolista. No solo no sería factible una competición si desaparecieran los rivales, sino que la incertidumbre, o al menos un cierto margen de duda en los posibles resultados finales, son cruciales para el atractivo de cualquier torneo.

Recientemente, el Manchester United viene acaparando la atención de los analistas como un caso de paradoja marcada por el éxito económico sin la consecución de títulos. Tras una larga etapa bajo la dirección técnica de Sir Alex Ferguson, con un balance de 38 títulos importantes en casi 27 años, el club no ha logrado ganar la Premier League ni acceder a las semifinales de la Champions League. A pesar de ello, sus ingresos comerciales han crecido de manera sostenida, pasando de 130 millones de euros en 2012 a 304 en 2018. Sus ingresos totales, del orden de los 666 millones de euros durante el pasado año, únicamente son superados por el Real Madrid y el FC Barcelona.

La cuestión que se plantea es si puede seguir siendo uno de los clubes más rentables si no compite por los títulos principales. Según sus ejecutivos, la actuación deportiva no tiene un impacto relevante en la vertiente comercial. De hecho, han conseguido que los ingresos sean bastante predecibles. Para esta temporada, las proyecciones apuntan un montante de 700 millones de euros, con el siguiente origen: derechos de televisión, 33%; venta de localidades, 18%; y acuerdos de patrocinio, 49%. Su equipo de esponsorización está integrado por 100 personas, con un enfoque internacional en los acuerdos concertados. La atracción de los millennials es otra de sus líneas estratégicas, y su app oficial es, según la propia entidad, la aplicación deportiva más descargada en 70 países. No obstante lo señalado, en algunos contratos de patrocinio se ha introducido una cláusula penalizadora en caso de no acceder durante dos años consecutivos a la máxima competición europea.

En este contexto, al final es casi inevitable que se suscite la conexión entre el desembolso en salarios de jugadores y los resultados deportivos. Según diversos estudios, el mejor predictor de la posición de un equipo en una liga es el importe gastado en jugadores. Esta conclusión -aunque no deja de ser un tanto relativa, dados los costes no salariales originados por la contratación de jugadores, amén de otros factores- se considera que ha sido bastante evidente en la Champions League en la última década. Ocho de los diez últimos títulos han sido conquistados por el Real Madrid, el FC Barcelona o el Bayern Múnich, clubes situados regularmente entre los más potentes económicamente, y los más destacados inversores en plantillas. La regla, sin embargo, no se ha cumplido en el caso del Manchester United, y también se ve un tanto desafiada por los finalistas de este año, Liverpool y Tottenham Hotspur. En parte, el éxito del primero es producto de una estrategia basada en el análisis de datos, a la búsqueda de jugadores infravalorados.

Lo que, en cualquier caso, parece claro es que los clubes de fútbol compiten en ligas económicas diferentes, y esto condiciona grandemente las posiciones en las ligas nacionales y en los torneos internacionales. Los veinte clubes que ocupan las primeras posiciones de la Liga futbolística del Dinero, elaborada por la consultora Deloitte, parten con mucha ventaja respecto al resto. Y, a pesar de todas las matizaciones efectuadas, Cliff Baty, director financiero del Manchester United, ha subrayado que “Necesitamos ganar. No necesitamos ganar sólo para ser exitosos [comercialmente], necesitamos ganar porque, en última instancia, es nuestra razón de ser”.

Esta visión de la cultura de la victoria es ampliamente dominante, pero es reconfortante constatar que ha habido y hay personas que anteponen su compromiso con un proyecto deportivo, por muy modesto que sea. El apego a unos colores, y a unos valores de esfuerzo y compromiso, puede ser tan fuerte que llegue a alzarse por encima de los oropeles de la victoria. A este respecto, el testimonio de Dave Roberts, apasionado y entregado seguidor incondicional del Bromley, equipo al que es difícil localizar en las ligas económicas, durante su infancia en los años sesenta del pasado siglo, constituye un aleccionador e ilusionante ejemplo de cómo la importancia del deporte va mucho más allá de los títulos y los campeonatos.

Dave Roberts es el autor del libro “The Bromley Boys”, en el que se basa la película del mismo título. Los interesados en la gestión deportiva pueden aprender mucho de operaciones como la salida de la Juventus, que cotiza en la bolsa de valores de Milán, al mercado de bonos internacionales, pero también de entornos presupuestarios menos sofisticados y sujetos a más limitaciones como el del Bromley. Y, en el fondo, persiste una alentadora duda: ¿dónde radica el verdadero mérito, en tres vertientes cruciales: la económica, la deportiva, y la afectiva?

(Artículo publicado en el diario “Sur”,  con fecha 22 de septiembre de 2019)

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