Las
clasificaciones típicas del gasto público incluyen la categoría del gasto en
defensa. Es la que había elegido como título de esta entrada, quizás un tanto
inconscientemente. Sin embargo, se trata de una denominación, desgraciadamente,
en ocasiones, un tanto impropia. Más que gasto para la defensa, a veces lo es
para el ataque. Una expresión más neutra y objetiva, gasto militar, es la que
se utiliza en un reciente artículo en el que se ofrece una visión panorámica de
la evolución de dicho tipo de gasto en el mundo[1].
Nunca
ha sido fácil disponer de unos datos fidedignos acerca del verdadero alcance
del gasto militar. La ocultación o la opacidad de algunas las partidas
dedicadas ha sido de una de las razones principales, especialmente en países poco
transparentes o en fases de conflicto. La utilización del reclutamiento lleva,
por otro lado, a infravalorar los recursos utilizados, como también puede
hacerlo el hecho de no disponer de una contabilidad integral por programas.
A
escala mundial, tomando como referencia las cifras medias no ponderadas por
países, el peso del gasto militar respecto al PIB ha caído casi a la mitad,
desde el 3,6% durante el período de la Guerra Fría (1970-1990) al 1,9% en el
período 2010-2019.
Varios son los factores que explican esta evolución, según el estudio citado: i) la presión
derivada de la situación de las finanzas públicas y los elevados niveles de
deuda pública; ii) la asignación de una mayor parte de los presupuestos a las
áreas de educación, salud, e infraestructuras; iii) la influencia de los Objetivos
de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, que requieren de un mayor gasto
en el desarrollo del capital humano; y iv) la absorción de mayores gastos ocasionados
por el proceso de envejecimiento poblacional.
Pese
a la tendencia apuntada de la cifra media, la situación varía considerablemente
entre países. Pueden establecerse varios niveles, como se refleja en el gráfico
adjunto. España se encuentra entre los 83 países que gastan menos del 2% del
PIB en defensa.
Por
otro lado, los 15 países que más gastan aglutinan más del 80% del gasto militar
a escala mundial.
Según
los autores citados, hay varios condicionantes de la probabilidad de que un país
se sitúe en uno u otro estrato: a) percepción de amenazas por el elevado gasto
de un país vecino; b) episodios de inestabilidad política, violencia, y
terrorismo dentro de su territorio; c) mayor o menor presión de otras partidas
de gasto; d) pertenencia o no a una alianza militar.
“Imagine
all the people living life in peace…”
¿Se
cumplirá algún día el sueño de John Lennon? Hoy, desafortunadamente, sigue
siendo una utopía. Bastante menos quizás lo son otros anhelos contenidos en la
composición, que, en algunas facetas, hoy puede verse como precursora del Gran
Reinicio. Y tal vez no quede del todo claro, a la luz de la experiencia y
de ciertas tendencias en curso, que todos puntúen con sobresaliente.
[1] Vid. B. Clements, S. Gupta, y S. Khamidova, “Military spending in the post-pandemic era”, Finance & Development, junio 2021.